En sus muchos años de vivir, convivir y trabajar con jóvenes del sur de la ciudad, Antonio Osorio Vázquez, coordinador general del Club Deportivo Palestinos, sabe cómo nace, se forma y cambia un pandillero meridano.
¿Y cómo nacen los pandilleros? Dice que en los grupos de pandillas suelen darse relaciones entre adolescentes y generalmente la mujer tiene su primer bebé entre los 13 y 14 años. El niño crece en medio de la violencia familiar, en la pobreza porque los padres adolescentes no tienen trabajo.
Cuando el niño llega a los cinco años ve que estropeen a su madre, que la obliguen a tomar o drogarse, a robar con su pareja, y es testigo de las violaciones sexuales cuando al varón se le antoja porque entre los pandilleros no hay amor, sino placer.
El niño toma la fotografía de su entorno familiar y a los 11 años empieza a fumar cigarros y tomar cerveza para sentirse como su papá, como un poderoso al que le temen y admiran en la calle.
Así llega a la adolescencia, se abre la camiseta, usa gorra al revés o de lado, pantalones anchos, fuma mariguana o “chemo” y pisa la cárcel a temprana edad. Sale en la prensa y se vuelve importante porque los vecindarios y sus amigos hablan de él, siente que al fin lo toman en cuenta, al fin existe y así inicia su carrera como pandillero y delincuente.
“Me tocaba llevar cobertores a los hogares del sur y veía prácticamente a niños de 16 años con cuatro hijos que vivían en la pobreza”, dice. “Seguro esos niños seguirían los pasos de sus padres. Así crecieron las pandillas en las colonias, así se fue propagando influenciado por la música de break dance, la moda de cholos, los tatuajes, los aretes en el cuerpo, el corte de pelo tipo punk”.
Muchos pandilleros crecieron, formaron familias y enderezaron sus vidas alocadas, otros murieron en los enfrentamientos o huyeron del Estado. En su vida diaria, Osorio Vázquez se reencuentra con expandilleros y le cuentan su vida después de su carrera de pandillero.
Casos
Boby, que hoy tiene 46 años de edad, está cerca de terminar una carrera de ingeniería en línea, tiene dos hijos adolescentes, y dice que tiene una vida tranquila y lícita.
Ascencio vive en Estados Unidos, tiene tres hijos y le va bien. Recientemente vino de vacaciones a Mérida y lo visitó en el club Palestinos. Le asegura que no consume drogas y tiene una vida totalmente diferente en ese país.
“Cuando me ven, me abrazan y me cuentan su nueva vida me siento orgulloso”, señala. “Me agradecen y me dicen que fui como un padre para ellos”.
Un día pensó que algún resentido llegó para cobrar venganza. Vio que paró una camioneta, bajó un tipo fortachón con tatuajes, malencarado fue hacia él y cuando lo tuvo cerca, le dijo: “Profe, no te acuerdas? Soy ‘Morens’. Ya no le hago a las drogas, tengo mi esposa y mis hijos”. Esos actos de estimación le hacen pensar que ha actuado bien y que es un buen guía para los jóvenes del sur.
Jaime trabaja en Megamak, “El Gadget” tiene una carnicería propia y una muchacha construyó su hotel de paso. Son muchos ejemplos de expandilleros que cambiaron su historia de vida.
Él todavía corre en las madrugadas por calles del sur de la ciudad, por los sectores más peligrosos y, aunque se le acercan quizá con intenciones de asaltarlo, cuando lo reconocen, lo saludan.
¿Qué pasó con el líder de “Los trompos”, Carlos Huchim Chel?, pregunta el reportero.
“Sé que lo mataron en Playa del Carmen (Quintana Roo) hace como seis años; no me consta, pero varias personas me comentaron que lo ejecutaron. Él era vigilante privado de un hotel, pero no sé más. En realidad, ‘Los trompos’ no tenían un líder, pero aquel se autonombró”.
Osorio Vázquez cree que la instalación de comercios grandes y empresas importantes generarían empleos para la gente de ese sector porque en esa parte de Mérida hay suficiente mano de obra barata, y eso ayudaría a extinguir el problema social de las pandillas.— Joaquín Chan Caamal
Dirigente Trabajo con pandilleros
Antonio Osorio Vázquez comparte más recuerdos de su labor con pandilleros.
Navajeado
“Uno de los que no se borran de la memoria es la muerte del adolescente de 14 años apodado ‘El célula’, que estudiaba el tercer año de secundaria. En un pleito con otro pandillero le clavaron una navaja”.
Cercanía
Como ese joven era como su ahijado, le avisaron que estaba muriendo. Fue al lugar, lo tomó en sus brazos y le dijo que se pondría bien, pero no era verdad porque la herida le perforó el hígado y estaba muriendo. “Todavía recuerdo que me dijo: ‘¿Por qué tuve que pasar esto para entenderte, profe?’”.
Víctimas
No fue el único joven que vio morir, hubo otros más que eran víctimas de la guerra entre pandillas, situación que ahora son contadas en la ciudad.
