El edificio del Siglo XIX

“Fue una época linda”

La calle 65 del Centro Histórico de Mérida es desde el siglo pasado corazón comercial de la ciudad, asiento de negocios que hicieron famosa a la capital yucateca, más allá de sus fronteras.

Simón (El rey del plástico), Las Dos Caras, El Correo Francés, Casa Álvarez, La Yucateca y Casa Achach son solo algunos de los comercios que ahí encontraron sus mejores años y, aunque esta vía comercial sigue posicionada como la más importante del centro de la ciudad, muchos de sus antiguos establecimientos ya son historia.

Otros conservan su nombre, pero su giro ya es otro, como Farmacia Las Dos Caras, que es hoy un comercio de telas, o El Candado (Cinema Aladino) que hoy es Tiendas del Sol.

Casa Tino, Farah y Simón son algunos de los pocos sobrevivientes de esta arteria emblemática, al igual que Casa Achach, si no fuera porque de ésta ya en su fachada hay colocado un letrero de “Se renta” y anuncios que rematan anaqueles y saldos.

Todas las mañanas de la 50 a la 64 un río humano transita por la calle 65 a diferentes rumbos, muchos de ellos vienen del interior del Estado o de entidades cercanas.

Dos antiguos vecinos y comerciantes de esta arteria narran a Diario de Yucatán algo de sus recuerdos y experiencias en este lugar.

“La calle 65 ha tenido una merma de clientes por las tiendas grandes, como Walmart, Sam’s, Price, que venden de todo y han propiciado un descenso en las ventas de quienes comercializan productos similares”, opinó Jorge Enrique Abraham Aguiar, uno de los propietarios de Casa Tino, en esta arteria entre las calles 62 y 64.

Otras causas, dijo, son familiares, cierran porque la familia no sigue la tradición, los hijos se dedican a otras cosas, como fue el caso de Ferreterías y Similares, una tienda que muchos años existió en Mérida como un gran mayorista y por cuestiones de renta y de baja venta también clausuró y cerró.

El empresario yucateco recordó que son muchos los comercios que han incursionado en la calle 65, unos con éxito y otros no tanto; han estado también instituciones como la Lotería Nacional y Bancomer, que también por las altas rentas de sus edificios decidieron alquilar en otro lado.

Los locales que dejan los han rentado otros comercios, mas también están en duda que se queden por las rentas que son muy altas, pero principalmente por las bajas ventas que ahora se tienen debido a la nutrida competencia comercial, comentó.

Diversificación

“Nosotros como somos propietarios hemos podido aguantar lo que es la baja venta, y hemos diversificado en anuncios por medio de las redes sociales para tratar de subsistir y sobrevivir a niveles competitivos de grandes casas que compiten contra nosotros”, dijo.

El comerciante yucateco detalló que Casa Tino, de la que su familia es propietaria, tiene unos 55 años de fundada y empezó en la calle 60 entre 65 y 67; después, hace como 30 años, se desplazaron hacia el predio de la calle 65 (entre 62 y 64), donde hasta la fecha continúan.

“Nos pasamos para aquí hace como 30 años, pero igual hemos tropezado con muchas fuerzas competitivas, tiendas de uniformes y colegios que se dedican ya a elaborar sus uniformes, ha hecho que desciendan nuestras ventas, pero como somos propietarios hemos tratado de aguantar lo que es el nivel de uniformes que tiene tanta tradición”.

Por esta vía, recordó, estaba igual El Correo Francés, de la familia Eljure, era un comercio de lencería y telas, y dedicado también a la venta de armas, que si bien era tradición familiar los hijos no la siguieron y decidieron cerrar.

En el caso de las casas Simón, venta de plásticos, comentó que al morir el dueño, uno de los hijos lo siguió, pero la baja venta ha hecho que cierren uno de los establecimientos.

“En el Edificio Nacional igual hay una tienda de plásticos y venta de artesanías y cosas que no han subsistido mucho, y en la esquina estuvo Francisco Álvarez con la venta de telas, en la calle 60 con 65, que igual los hijos siguieron la atención, pero por las bajas ventas decidieron mejor rentársela a la sucursal de una tienda”, dijo el comerciante.

Luego indicó que en la otra esquina estaba una cantina llamada “La Oficina” y el edificio de los Chami que igual, por las bajas ventas, decidieron cerrar como cantina y los Chami se lo rentan a la cadena Oxxo.

“De tiendas tradicionales antiguas creo no quedan muchas; Casa Achach que está cerrando, Simón tiene una, la Casa Tino de nosotros, Farah Papelería sí ha durado, pero no es de muchos años, empezó en Sorpresas Farah, en la calle 65 frente a las piñatas, no es muy reciente, no son las tradicionales de 40 años, Papelería Farah tendrá 20 años”.

Las que sí permanecen, dijo, son las tradicionales del Bazar García Rejón, que son artesanías, relojerías, comidas, venta de salbutes, de comidas del día, desayunos, esas sí han durado, han cambiado de propietario, pero sí han durado dentro.

“Normalmente la gente se va preparando, yo como la tradición de mi tienda no creo que mi hijo la siga, ni mi hija, normalmente ellos ya tienen una carrera, están más preparados, tuvieron muchas opciones de prepararse y se encarrilan a otras profesiones, no al comercio, debido a que este ramo ha sido muy competitivo, y se dedican a otra profesión”, indicó el entrevistado.

Testimonio

Mauro Celis Conde tiene un negocio de calzado en el Bazar García Rejón, desde hace 57 años.

Él aseguró que desde la calle 50 hasta la 60, la calle 65 desde hace mucho tiempo ha sido el corazón de Mérida, donde se han asentado grandes negocios como los antes mencionados.

Desde que empecé a venir por acá, a la edad de 12 años, existía la Farmacia Dos Caras, ahora ya desapareció junto con El Correo Francés, había mucho comerciante de origen libanés, dijo.

Simón es una de las más antiguas. En un principio nada más estaban los hermanos Luis Simón y Salim, donde estuvo Pluma y Lápiz, su papá se llamó Juan Simón, uno chaparrito, blanquito; en un principio vendían hules para zapatos, peletería, pieles, ahí empezó el abuelo de Simón “El rey del plástico”, agregó.

Donde están ahora Juanito Simón antes estuvo el café “La Balsa” y enfrente estaba el almacén “La Vara”, de los hermanos Álvarez, al ladito estaba el Nilo de Elías Moisés, después estaba la farmacia Dos Caras, de tres pisos, indicó.

Tino estuvo aquí enfrente, donde están las guayaberas de Cab, abajo estaba Florentino Abraham, Casa Tino daba cosas en abonos y todos los cobradores andaban en su motocicleta, ahí empezó el señor Florentino Abraham, claro, ya el negocio se cambió de lugar, pero entonces en la tienda estaba Lencería Álvarez de Panchito Álvarez, apuntó el comerciante.

“Todo evoluciona, ahora hay grandes centros comerciales, capitales de fuera, pero antiguamente no, era 100 por ciento de origen yucateco y libanés. Los que sí dominaban los abarrotes en el mercado Lucas de Gálvez eran los chinos, ahí donde está Ofertas Simón estaba el café ‘La Balsa’ abajo y arriba dormían 50 chinos, estaba el partido nacionalista chino Kuomintang”, recordó el entrevistado.

Según detalló, Luis Simón tiró el edificio e hicieron el actual, pero antes era un inmueble antiguo, donde le contaron que nació el que inauguró el puerto de Progreso, el señor Castro (Juan Miguel Castro).

Había yucatecos, pero dominaban los libaneses; por ejemplo, Elías Dáguer tenía lencería, Antonio Cid estuvo en contraesquina con las Dos Caras, se llamaba el “Puerto de Progreso”, era lencería, ahora es una tienda (“Cuidado con el perro”) que vende ropa, aunque es capital foráneo, no yucateco, comentó.— Luis Iván Alpuche E.

 

Comerciante /Centro Histórico

La calle 65 se mantiene a lo largo de las décadas como un polo comercial de Mérida.

Comienzo

“Yo empecé frente al café ‘La Balsa’ con un tío, a la edad de 12 años; traía almuerzo, ahora tengo 81, échale pluma, casi 70”, recordó Mauro Celis Conde, dueño de un negocio de calzado en el Bazar García Rejón.

Dinero

“Mi tío me daba 1.40 centavos a la semana, pero con un peso cuando era un muchacho se almorzaba, me iba a la salida del Colón, ahí estaba el ‘Chino’ Villamil, pedía cuatro salbutes con pavo y una horchata. ¿Cuánto es? Un peso”, señaló el comerciante.

Salbutes

También recordó que en lo que ahora es el Ateneo Peninsular se ponían unos ambulantes, ahí vendían salbutes con chicharrón adentro o picadillo, también con su salsa de tomate o cebolla, a 20 centavos y tu horchata 20 también, “lo recuerdo y hasta me pongo a llorar, fue una época linda”.

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