Imbuido del espíritu legado por las dos “Revistas”, el Diario de Yucatán defiende desde hace 93 años los mismos ideales de sus ilustres antecesoras: la Verdad, la Justicia y la Patria.
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El fundador

Cuando el 31 de mayo de 1925 el Diario de Yucatán salió a la calle por primera vez, su fundador tenía 53 años de edad. Visto con los ojos de una época en que la esperanza de vida en México era de 32 años, podría decirse que Carlos R. Menéndez González era ya una “persona mayor”.
Sin embargo, el veterano periodista estaba lejos de ser un hombre viejo. A sus reconocidas virtudes intelectuales —escritor, poeta, historiador, miembro de las academias de la Lengua y de la Historia— sumaba una personalidad vigorosa y una voluntad de hierro. Era un hombre duro, resistente, que rehacía por sexta vez su proyecto periodístico tras batirse con enemigos de la libertad de expresión que lo encarcelaron, le arrebataron todos sus bienes, enviaron al destierro, persiguieron a muerte, pero nunca pudieron doblar. Era un hombre insólito que en medio de las adversidades hizo de la defensa de los valores democráticos una forma de vida.
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La obra
El Diario fue un suceso desde su primer número, que pulverizó ese domingo todos los récords de circulación del periodismo regional hasta entonces vigentes. Los 20,500 ejemplares rápidamente adquiridos por la sociedad peninsular representan incluso en estos días una cifra con la que sueñan muchos rotativos.
La empresa editora era la misma de “La Revista de Yucatán”, la Compañía Tipográfica Yucateca, cuyo Consejo de Administración presidía Arturo Ponce Cámara. Las oficinas y los talleres estaban en el No. 527 de la calle 62, entre 65 y 67, en una casona convertida hoy en un estacionamiento que funciona además como ocasional sala de baile. Gobernaban México el Gral. Plutarco Elías Calles y Yucatán José María Iturralde Traconis.

El ejemplar inaugural —de 24 páginas, más ocho del suplemento “La Semana Ilustrada”— costó 25 centavos, pero el precio del nuevo periódico, se anunció, sería variable en función de su tamaño: de cuatro páginas: 10 centavos; de ocho a 16, 20 centavos, y de más de 16 páginas, 25 centavos. Las tarifas de las suscripciones variaban desde los $4 por un mes hasta los $40 por un año. Había además la oportunidad de acceder exclusivamente a las ediciones dominicales por $2.50 trimestrales, $4.50 semestrales y $8.50 anuales.
Diario de Yucatán salía todos los días a las tres o cuatro de la tarde, con excepción de los domingos, que veía la luz por la mañana. Constaba de una sección diaria de cuatro a ocho páginas, que contenía en su mayoría noticias nacionales y del extranjero, fotografías, editoriales y columnas, deportes y una plana de noticias regionales, llamada “Valija de la Península”. Los domingos aparecían dos secciones más, además del suplemento de seis páginas “La Semana Ilustrada” y una página de historietas.
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Entorno hostil
Imbuido del prestigio y la popularidad que le heredaron “La Revista de Mérida” y “La Revista de Yucatán”, el Diario emprendió ese día la defensa, cada día más ardua y peligrosa, de los mismos ideales que orientaron a sus dos ilustres antecesoras: por la Verdad, por la Justicia y por la Patria.

Pronto se convirtió en el gran referente periodístico en la región y se equiparó a los rotativos internacionales de mayor prestigio. Sin embargo, las vicisitudes para el periodista y su diario todavía no habían terminado.
“Nacido en el seno de un entorno hostil —el gobierno autocrático, unipersonal del presidente Calles—, era bola cantada que el periódico entraría pronto en confrontación con el régimen absolutista, dado su compromiso con la verdad y la justicia”, recuerda en una editorial de aniversario Carlos R. Menéndez Navarrete, nieto del fundador y fiel continuador de su obra.
De hecho, continúa quien fue el tercer director del Diario, de los 60 gobernadores que ha tenido Yucatán desde los albores del siglo XX hasta las horas actuales, la mayoría han sido adversarios del periódico y su defensa de la democracia y la libertad de expresión. Pocos, muy pocos “resolvieron en el campo del civismo sus discrepancias” y algunos —como Salvador Alvarado, Iturralde, Bartolomé García Correa y otros de su ralea— “llevaron a extremos de violencia su necesidad de callarlo… Nunca lo lograron”.
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“Box Pato”
El primer ataque contra el naciente periódico, sólo seis años después de su aparición, tenía como objetivo silenciarlo de una vez por todas, por lo que fue especialmente virulento.
El mismo personaje —García Correa— que en 1928 había escrito: “Diario de Yucatán es, en nuestro concepto, el más alto exponente de las publicaciones de su índole, en la República y aún en las demás naciones de habla hispana”, decretó su desaparición tres años después y lo embistió en forma bochornosa, salvaje.
El gobierno socialista de García Correa (1930-1933) se caracterizó por ser autoritario y represivo, consigna el historiador Justo Miguel Flores Escalante en su ensayo “Libertad de prensa en la posrevolución. El amparo al Diario de Yucatán (1931-1933)”. Tales excesos, añade, fueron señalados y criticados por Menéndez González.
Incapaz de silenciarlo, el gobernador emprendió un ataque feroz contra su persona y su periódico. Así cuenta Menéndez Navarrete el asedio del polémico “Box Pato”:
“En parques y plazas, en calles y mercados, esbirros del socialismo gobernante arrebatan el Diario a los hombres, mujeres y niños que lo leen. Arden en los cruzamientos urbanos las hogueras de ejemplares arrebatados a los voceadores… Se incautan las valijas que transportan los valores y las noticias”.
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Éxito efímero

La embestida se recrudeció a partir del 13 de octubre, escribe Flores Escalante. “Miembros del PSS, a través de la organización Defensa Revolucionaria, y policías locales sitiaron las oficinas del Diario e impidieron la salida y la entrada de los empleados. Los elementos que establecían el cerco estaban armados, y a las personas que pasaban por la calle 62 les decomisaban los ejemplares… Además, hubo cortes a la energía eléctrica a fin de impedir la impresión del periódico. La tensión llegó a tal grado, que los sitiadores abrieron fuego y uno de los empleados, Homero Medina, murió el día 17 de octubre”.
El acoso rindió sus frutos malignos. El 16 de octubre, “estrangulada su circulación; desamparado por el presidente Pascual Ortiz Rubio, que pone oídos sordos a las constantes denuncias y angustiosas solicitudes de garantías; abandonado a la brutalidad del gobierno de Correa, invadido por huestes enemigas, Diario de Yucatán sucumbe con gloria y con honor”, refiere Menéndez Navarrete.
Una vez más, la séptima, don Carlos se vio privado de su periódico, sus bienes, sus instrumentos de trabajo. Fue, sin embargo, un éxito efímero del tirano: el Diario se abrió de nuevo en marzo de 1933 amparado por la Suprema Corte de Justicia de la Nación en “uno de los casos más emblemáticos acerca de la libertad de prensa en la primera mitad del siglo XX”.
6. El triunfo de la razón
Se sabe que, consumada su infamia, Bartolomé García Correa viajó a la capital para reportarle a Plutarco Elías Calles que al fin había conseguido matar al Diario de Yucatán.
—Y Menéndez, ¿dónde está Menéndez? ¿Está muerto? —preguntó ansioso el expresidente.
“Box Pato” le explicó entonces que, aunque lo había encerrado en prisión, no había podido privarlo de la vida. El entonces secretario de Guerra y Marina molesto, echando humo por la boca, le recriminó: “Pues no has hecho nada”.
Tiempo después, el 12 de marzo de 1933, la Suprema Corte de Justicia dictó una ejecutoria emblemática en favor de la libertad de expresión y del Diario. Menéndez y sus hijos abandonaron la cárcel y el periódico reapareció tras un silencio de 17 meses.

7. El sistema
El 21 de mayo de 1953 turbas organizadas por los dirigentes locales del PRI atacaron el edificio del Diario por la mañana, lo pusieron en estado de sitio hasta horas de la tarde, quemaron una camioneta del periódico e incendiaron una de las dos puertas principales en un esfuerzo por penetrar con propósitos destructivos en talleres y oficinas.
“Se entabla enconada lucha entre atacantes y defensores mientras la policía permanece ausente a pesar de las reiteradas solicitudes de garantías que el Diario hace al gobernador Tomás Marentes Miranda”, consigna Carlos R. Menéndez Navarrete.
“En el ataque al periódico culmina el proyecto político de desestabilizar al Estado para provocar la caída de Marentes, que nunca perteneció al clan yucateco del PRI”. Menos de un mes después, el gobernador pidió licencia.
8. Falsa huelga
El 19 de enero de 1959, el periódico se vio obligado a cerrar por una huelga ilegítima, disparatada, promovida por líderes obreros que, agitados por intereses que no tenían nada que ver con la defensa de los derechos de los trabajadores, buscaban maniatar al director con el control de puestos clave.
Conjurado el motín, tras una forzosa suspensión de dos meses, don Carlos reanudó la publicación el 22 de marzo.
9. Final y principio

A las seis de la tarde del 12 de diciembre de 1961, se apagó la vida extraordinaria de Carlos R. Menéndez González. Todos los que quisieron matarlo ya estaban muertos. Tenía 89 años de edad, 72 de los cuales consagró al periodismo.
El sembrador por excelencia de la semilla de la democracia en el Estado, asentó su hijo Abel en la nota necrológica, “dejó como legado su obra y el ejemplo de la fecundidad de una inteligencia puesta a la disposición del bien común”.
10. Relevo natural
En cumplimiento de la voluntad de su padre y con el beneplácito de sus hermanos, Abel Menéndez Romero tomó las riendas del periódico y poco después asumió, además, la gerencia general. En 1967, el 28 de diciembre, se convirtió en su único dueño, al adquirir de sus hermanos la totalidad de las acciones de la Compañía Tipográfica Yucateca.
Cinco años más tarde, dispuso que el jefe de redacción, Carlos R. Menéndez Navarrete, ocupara la subdirección y la gerencia general del periódico.
Al cumplir 50 años, el Diario puso en marcha en 1975 un plan maestro de renovación que, “sin tocarle el alma”, transformaría el cuerpo del periódico en los años 80 y 90.

11. La tercera generación
El 6 de febrero de 1986, a las 10:45 de la noche, falleció don Abel Menéndez Romero, a los 81 años de edad, 25 de director y más de 60 de periodista.
Con don Abel en el puente de mando, el periódico de 12 páginas, adeudado y descapitalizado por la compra de la empresa, se convirtió en un diario de cinco secciones que triplicó en 10 años el crecimiento en publicidad e información que tuvo en sus primeros 50.
Asumió la dirección su hijo Carlos, de acuerdo con la línea sucesoria marcada por el fundador en su testamento.

12. Nueva realidad
Carlos R. Menéndez Navarrete siguió con lealtad la ruta señalada por sus antecesores. Durante los 23 años que lo dirigió, honró el ideal y la misión que el fundador le asignó al Diario: difundir la verdad y defenderla por los caminos de la independencia y la justicia, la concordia y el trabajo.
Lidió también con agresiones y amenazas de autoridades hostiles —una madrugada de 1992, por ejemplo, delincuentes anónimos atacaron a pedradas su domicilio particular tras un día de insultos e intimidaciones telefónicas a su familia en represalia por las críticas del diario a acciones gubernamentales—, pero además tuvo que preparar al periódico para afrontar el gran reto de la revolución tecnológica y el cambio de paradigmas que comenzaban a asomar y que hoy son una avasalladora realidad.
13. La cuarta generación
El 1 de junio de 2009, el Diario comenzó el año número 85 de su existencia con la presentación del plantel directivo del naciente consorcio al que comenzó a pertenecer meses antes: Grupo Megamedia.
Ese día, Carlos Ricardo Menéndez Losa, director general de la corporación, asumió además la plena conducción del Diario, convirtiéndose en el cuarto director de su historia.— Mario S. Durán Yabur

