MÉRIDA.—Hace cinco años, de compras en el supermercado, la joven Mariana Ávila Mena sintió que de pronto se le entumecieron las piernas y comenzó a sentir dolor. No le dio tanta importancia, y pensó que era algo muscular.
Otro día, estando en su cama, sintió una punzada en la espalda cuando quiso levantarse. “Era una punzada muy aguda y me dolía mucho, tuve que gritar para que me ayudaran”.
Asustada acudió al médico donde le diagnosticaron que tenía espondilolistesis, que es cuando las vértebras se desplazan fuera de su lugar.
Enfermedad tipo dos
Hay diferentes clasificaciones de la enfermedad, y el de Mariana es considerada de tipo dos, es decir el grado que es cuando la vértebra se ha deslizado entre el 26 y 50%.
Los doctores le dijeron que el suyo es congénito. “Nací con ello, pero de pequeña no tuve síntomas, salvo porque tenía pie plano y aprendí a caminar a los dos años, fuera de eso no tenía dolor”.
Los dolores comenzaron en su juventud, prácticamente cuando comenzó a estudiar la carrera.
Podría quedar paralítica
A partir del diagnóstico, cada año se manda hacer radiografías hasta que en su cita pasada, su ortopedista le ordenó una resonancia que reveló que, por la misma compresión, el disco se hernió y la hernia está comprimiendo la médula.
“Si se sigue comprimiendo puedo quedar paralítica”, dice la joven, quien en estos días ha visto afectada su vida pues ya no tolera estar de pie o sentada más de diez minutos.
Antes, cuenta, salía a caminar pero ahora que el dolor ya empeoró tiene que estar acostada la mayor parte del tiempo. Incluso, ahora que está haciendo su tesis (es pasante de arquitectura) lo hace acostada. “Cuando camino solo aguanto dos o tres cuadras y luego tengo que agacharme o sentarme en la acera un rato para poder continuar”.
Recuerda que cuando iba a clases en la Facultad de Arquitectura de la Uady, había clases en las que de tanto dolor se tenía que salir. Otras veces se tomaba muchos desinflamatorios para aguantar. Pero ahora ya los desinflamatorios no le hacen efecto y no le queda más que soportar y esperar a que el dolor disminuya.
La única opción
Su única opción es la cirugía, la cual tiene un costo de $150,000, cantidad que ni ella ni su familia tienen. “Realmente no cuento con seguro (social) porque ya tengo 26 años y ya no estoy estudiando. Y no tengo otro seguro porque no tengo posibilidades de préstamo porque no trabajo y no cuento con dinero”.
Entonces se le ocurrió exponer su caso en las redes sociales para pedir ayuda. Lanzó su campaña el pasado 6 y a la fecha sólo ha reunido $20,000.
Los interesados en ayudar pueden visitar la página de Facebook: Mariana Ávila Donativo M donde están los números de cuentas, CLABE interbancaria y más datos para apoyarla..— Iván Canul.
https://www.youtube.com/watch?v=vDawvqnI08g
