Lluvia fuerte que precedió a la entrada de un reciente frente frío a la entidad; de acuerdo con un experto

El cambio nos alcanzó

Ver a las hormigas “desfilar” cargando a sus larvas, observar la floración de maculis, jabín o ceiba, escuchar el canto de las chachalacas, observar los nidos de las yuyas y hasta el dolor de huesos, todo se conjuga para pronosticar cómo estará el año meteorológico, aseguró Juan Vázquez Montalvo, meteorólogo del Comité para la Atención de los Fenómenos Extremos de la Universidad Autónoma de Yucatán (Uady).

Entrevistado sobre la relación que guarda la ciencia con todas estas señales producto del conocimiento empírico y que a través de generaciones llegan hasta nuestros días y permiten a muchas personas prever cómo se comportará el clima, explicó que en ello entra en juego la sabiduría de los antiguos mayas, quienes sin computadoras tenían un gran conocimiento con base en mucha observación.

Ese conocimiento, dijo, se ha heredado de generación en generación y de ahí provienen las famosas cabañuelas mayas por ejemplo.

La ciencia

“En lo científico, los modelos matemáticos de predicción juegan un papel muy importante; también se utilizan para predecir las posibles trayectorias que podrían seguir los huracanes y sus posibles intensidades.

Sin embargo, dijo, como todo, también tienen un rango de error en sus predicciones, pero en definitiva es una herramienta muy útil para hacer los pronósticos.

El investigador detalló que la meteorología tiene ciclos de comportamiento a lo largo del tiempo, que son repetitivos cada cierto lapso.

Como ejemplo puso el fenómeno de “El Niño”, cuyo ciclo de aparición es de cada tres a cinco años y cuando aparece puede durar de meses hasta un año completo.

Tras su desaparición, dijo, suele aparecer el fenómeno de “La Niña” que es todo lo contrario al de “El Niño” en su comportamiento.

El entrevistado comentó que también hay ciclos en donde existen años con poca precipitación y, por consiguiente, al haber poca lluvia en primavera, verano y parte de otoño el calor es el que domina.

Esto, apuntó, se debe a la falta de lluvias que conlleva a un déficit de humedad y al igual que los frentes fríos que tienen sus ciclos de muchos y fuertes, o pocos o débiles, mucho de ello debido a la presencia de los fenómenos de “El Niño” y “La Niña”.

El investigador yucateco explicó que “El Niño” cambia los patrones de comportamiento del clima; es decir, donde debe llover deja de hacerlo y donde no debe llover cae en abundancia la lluvia, lo que propicia un caos de acuerdo con la intensidad en que aparezca y la época del año.

En el caso de la entidad yucateca, dijo, se esperaba su aparición de acuerdo con los modelos de predicción en octubre de 2018 y no sucedió, pues apareció a fines del mes de enero de este año, lo que propició un recrudecimiento de la sequía que ya se había adelantado por el déficit de lluvias que se arrastra desde octubre de 2018.

“Por estas dos razones —comentó— y también por los modelos de predicción que señalan que durará hasta fines de la primavera o principios de verano, se pronostica una sequía muy intensa este 2019”.

Lo empírico

Respecto a la parte empírica, es decir, a la observación que se hace de la naturaleza que nos rodea, Vázquez Montalvo explicó que se hace una correlación entre lo científico y el conocimiento para detallar qué está sucediendo realmente.

También señaló que ahí entra en juego el conocimiento adquirido de antiguos mayas que sin tener computadoras poseían un gran conocimiento con base en la mucha observación que realizaban, y ese conocimiento se ha heredado de generación en generación; de ahí vienen las famosas cabañuelas mayas, por ejemplo.

En la observación entra el comportamiento de ciertos animales, aves, plantas e insectos, detalló. En las plantas son muy importantes sus ciclos de floración para saber si habrá lluvia.

De las aves, platicó que una es la calandria o Yuya, y de ella se observa en particular la elaboración de sus nidos, su tamaño, si son cortos, medianos o largos, y cada uno tiene su significado, mientras más largo sea el nido quiere decir que tardará en entrar la humedad.

Otras especies características de predicción empírica son el jabín y los maculis, sin olvidar el árbol de la ceiba que, mientras más vivos sean sus colores de floración o frutos, más tardía será la entrada de humedad.

Si las hormigas en su andar llevan en sus hombros a sus hijos, significa que las lluvias vendrán pronto y en las “chachalacas”, mientras más temprano sea su canto durante el día; es decir, que cante en la madrugada y no hasta que amanezca, indica una pronta lluvia.

Lluvia de las ciruelas y de la Santa Cruz

El meteorólogo de la Uady relató que durante la temporada de sequía, que abarca de marzo hasta que empiezan las lluvias a fines de mayo o principios de junio, debido principalmente a la llegada de los frentes fríos se presentan tres tipos de lluvia bien identificadas tradicionalmente por la población campesina como la primera y segunda lluvia de las ciruelas y la de la Santa Cruz.

Estas lluvias, dijo, se caracterizan por ser a veces muy intensas; no tienen hora de ocurrencia ni zona en particular de afectación, pueden ser solo lluvia y ya o, en el peor de los casos, con fuertes vientos, carga eléctrica y caída de granizo en grandes áreas, que causan destrucción de infraestructura urbana y ponen en peligro zonas donde ocurren.

“La primera lluvia de las ciruelas ocurre por la llegada de un frente frío a la zona que la provoca previo a su llegada a mediados o fines de marzo, la segunda ocurre en el mes de abril, casi siempre muy cerca de la mitad de mes”.

Dijo que la lluvia de la Santa Cruz es una de las temidas, porque casi siempre se acompaña de viento fuerte y ocurre entre fines de abril y principios de mayo.

“Cabe aclarar que no siempre ocurren las tres lluvias tradicionales, a veces sólo alguna o ninguna”, dijo.

Expresó que en los últimos años han ocurrido las tres y la violencia que las caracteriza ha dependido de la zona donde se liberó la mayor cantidad de energía atmosférica.

“La meteorología es una ciencia fascinante pero hay que saberla estudiar, entenderla y sobre todo explicarla, hay que mirar a ver al cielo todos los días, observar los tipos de nubes que hay, pues dan mucha información y se correlaciona con los modelos matemáticos y con lo empírico observado”, dijo.

El investigador aseguró que aún hay mucho que aprender, porque el cambio climático que ahora se vive está haciendo a los meteorólogos trabajar más de la cuenta y construir modelos de predicción más sofisticados para entender a la atmósfera que ya da signos de que está siendo afectada por el calentamiento global.

“Y con todo ello, hacerle entender a la población que los eventos meteorológicos extremos nos han alcanzado”, apuntó.— Luis Iván Alpuche Escalante

Experiencias empírica y científica

Entrevista con un especialista en meteorología de la Uady sobre la vigilancia del clima.

Ciclos

Juan Vázquez Montalvo, meteorólogo del Comité para la Atención de los Fenómenos Extremos de la Uady, comentó que hay ciclos en los que existen años con poca precipitación y, por consiguiente, al haber poca lluvia en primavera, verano y parte de otoño el calor es el que domina.

Dos fenómenos

Esto, apuntó el especialista, se debe a la falta de lluvias que conlleva a un déficit de humedad y, al igual que los frentes fríos que tienen sus ciclos de muchos y fuertes, o pocos o débiles, mucho de ello es debido a la presencia de los fenómenos conocidos como “El Niño” y “La Niña”.

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