Míldred Rosalía Soberanis (segunda de la derecha) con otras compañeras de viaje en la capital de Perú

Testimonio de una yucateca que estuvo en Perú

“¿Tendré algo, Padre mío?”

Presa de la incertidumbre, y del temor por ratos, esa pregunta se plantea desde hace una semana Míldred Rosalía Soberanis Ruiz, quien formó parte del grupo de yucatecos que atravesó por amarga experiencia en su reciente viaje a Perú, a causa de la emergencia sanitaria por el coronavirus Covid-19.

La incertidumbre era mayor hasta anteayer, cuando, varios días después de haberlo solicitado, finalmente las autoridades de Salud le hicieron la prueba para determinar si está o no infectada del virus. Aún no se conocen los resultados.

La señora Soberanis Ruiz, de 72 años de edad, estuvo en el grupo de 25 personas que viajó de Mérida a Cusco, Perú, en una excursión en la que también participó el profesor jubilado Isaías Rodríguez y Rivero.

El maestro Rodríguez, como ya informamos, falleció en el país sudamericano por complicaciones de salud después de contraer el Covid-19. Su esposa, Ethel del Carmen Trujillo, resultó también infectada y sigue en Perú.

Doña Míldred, también profesora jubilada, dice que el grupo era de 25 personas y regresaron a Mérida 23, por las ausencias del infortunado maestro y su esposa.

Se trató, agrega, de una excursión patrocinada por el profesor Rodríguez, quien habitualmente organizaba esas actividades para apoyar a la iglesia de El Divino Redentor, de Pensiones. En esta ocasión las ganancias se iban a destinar a la Casa del Sacerdote, para los presbíteros ya retirados que están en esa residencia de descanso.

Los participantes en la excursión eran personas de la tercera edad. En Cusco se enfrentaron al clima frío, al que se agregaba la altura de esa ciudad.

En el viaje de regreso debían llegar a Lima y de allí volarían a Ciudad de México. Sin embargo, para entonces ya se había decretado el toque de queda por la pandemia y se quedaron varados.

Atrapados en el hotel, hicieron gestiones junto con otros mexicanos ante la embajada de México en Perú. Los trámites rindieron frutos. El gobierno de México envió 17 autobuses solo para los connacionales.

Salieron de Cusco a las 9 de la mañana rumbo a Arequipa, por el cierre del aeropuerto de Lima. Quince horas después arribaron a su destino, después de atravesar una serie de retenes en las que se les requería documentación.

En Arequipa había tres aviones esperando a los mexicanos. Primero abordaron personas de la tercera edad, después niños y por último el resto de los viajeros. La nave con los yucatecos salió a la 1:30 de la madrugada del sábado 21 y arribó a Ciudad de México a las 4 p.m., luego de dos escalas para cargar combustible.

Media hora después los excursionistas salieron en otro vuelo rumbo a Mérida. Ni en esta ciudad ni en la capital del país pasaron por filtros sanitarios y nadie les ofreció asistencia médica.

Al día siguiente, domingo, la señora Soberanis y otras de sus compañeras de viaje solicitaron que les hicieran pruebas, ante el temor por el caso del profesor Isaías Rodríguez.

Incluso, una amiga y parientes de doña Rosalinda que trabajan en la administración pública mediaron para agilizar la prueba.

Finalmente, luego de días de intranquilidad, anteayer le hicieron la prueba. No conoce aún los resultados, pero se siente más tranquila. Ahora solo queda esperar.— ÁNGEL NOH ESTRADA

Perú y Mérida

En medio de la emergencia

Un viaje de placer a Perú se transformó en una experiencia difícil para un grupo yucateco.

Infectados

En ese grupo estaban el profesor Isaías Rodríguez, quien falleció por complicaciones de salud después de contraer el Covid-19, y su esposa, quien también dio positivo al virus y continúa en Perú.

Contactos

Míldred Soberanis, quien formó parte de los excursionistas, recuerda que en los últimos días de su estada en Cusco, cuando ya se había declarado el toque de queda, quizá el maestro jubilado ya se sentía enfermo y no participaba en las actividades del grupo.

Como si nada

Doña Míldred dice que ni a su llegada a Ciudad de México ni a su regreso a Mérida pasaron por filtros en los aeropuertos.

Nerviosismo y psicosis

Como no le hacían la prueba, la sugestión comenzaba a dominarla y de pronto tenía sensación de tos y fiebre. Considera que era fruto de nerviosismo, que se redujo luego que le hicieron la prueba del Covid.

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