Ser feliz comienza con hacerte cargo de ti mismo y vivir el presente
Lo más común del mundo es culpar a alguien o a algo de lo malo que nos pasa. La mala suerte, el coronavirus, la crisis, el clima, los colegas, los jefes…
Siempre buscamos un buen pretexto para, vestidos de víctimas, esquivar la responsabilidad de nuestros fracasos y frustraciones o achacarle a otros nuestros errores, incluso nuestra apatía y falta de compromiso.
Muchas veces nos comportamos como esos directores técnicos de fútbol que, sin el menor sentido de autocrítica, cada vez que pierde su equipo voltean a ver al árbitro.
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Esta actitud se ha recrudecido debido a los complicados momentos por los que pasamos, en los que la incertidumbre generada por la crisis sanitaria y económica hace aflorar pensamientos negativos que tienen su origen en la inseguridad personal, la duda, la suposición, el resentimiento, en la falta de paz interior.
Esos “diálogos internos” pueden llevarnos a imaginar cosas sobre nuestra persona, nuestras capacidades, nuestra relación con los demás, nuestro trabajo, etc., que podrían ser muy dañinos.
El origen de todo está en ti
Es verdad que muchas veces los factores externos influyen en lo que nos sucede, como ahora con la pandemia de Covid 19, pero son adversidades que nunca faltan en la vida y que debemos aprender a superar para seguir avanzando en lugar de proyectar nuestro descontento en los demás.
Si te sientes insatisfecho con la vida, dominado por sentimientos de culpa o inseguridad por no cumplir con las expectativas de los demás, te estás dejando dominar por un problema que nace en las zonas erróneas de tu personalidad, que te bloquean e impiden que te realices, porque, para bien o para mal, el origen de todo lo que te ocurre está en ti.
Tus “zonas erróneas”
Wayne W. Dyer, psicólogo y profesor universitario, es autor de “Tus zonas erróneas”, un libro que ayuda a identificar cuáles son esas creencias y emociones equivocadas, que defiende la superación del miedo, la culpa, la conducta autodestructiva y toda esa serie de condicionantes mentales que alejan de la felicidad y bloquean el desarrollo de la personalidad.

“Tus zonas erróneas” es el paradigma de los libros de autoayuda, pero además de más vendidos de todos los tiempos, de los más respetados e influyentes.
De hecho, es un libro que acostumbran recomendar psicólogos y mentores, ya que contiene las claves para aprender a vivir en armonía con uno mismo.
Como explica el autor, cada capítulo está escrito con la misma estructura de una sesión de psicoterapia: se comenta una zona errónea o comportamiento autodestructivo, se explica el motivo y se proporciona una estrategia para solucionarlo.
Los tipos de comportamiento a que se refiere el libro son actos cotidianos que pueden parecer perfectamente aceptables pero que en realidad son perjudiciales y no permiten alcanzar la felicidad.
Vivir el presente
Lo más importante, señala, es vivir el presente para ser feliz y eliminar esas zonas erróneas que impiden el bienestar y la felicidad. Pasamos mucho tiempo pensando en el pasado y en el futuro y muchas zonas erróneas son esfuerzos por vivir fuera del presente.
“Con una lectura atenta, pronto te harás preguntas que no se te habían ocurrido antes. ‘¿Por qué escojo estar molesto en este momento?’ ‘¿Cómo puedo emplear de forma más positiva este mismo momento?’, son los interrogantes interiores que se formula la persona que se está alejando de las zonas erróneas y se dirige hacia la felicidad y la confianza en sí misma”, señala el libro.
Las claves para romper con el pensamiento negativo que conduce a emociones equivocadas (preocupación, culpa, depresión, impotencia, ira y necesidad), las cuales a su vez provocan consecuencias dolorosas a través de acciones erróneas, son, en resumen:
Haciéndote cargo de ti mismo
En la sociedad actual se tiende a pensar que las personas inteligentes son las que tienen muchos títulos académicos, sacan buenas calificaciones en los exámenes, son buenos en matemáticas o física, son cultos y educados.
Sin embargo muchas de estas personas sufren depresión, ansiedad, neurosis…
Una persona inteligente debería ser descrita como feliz y efectiva en el día a día, que sabe solucionar problemas, crea recursos, es autónoma, independiente y supera las adversidades.
Hacerte cargo de ti mismo implica elegir cómo te sentirás en cada situación que acontezca en tu vida.
Aceptar los problemas
Supone comprender y sobre todo asumir que tus emociones son tu responsabilidad y no el mero resultado de lo que hacen o dicen otras personas, ni tampoco son una mera reacción a lo que ocurre a tu alrededor.
Implica ser consciente de ti mismo y cuestionarte tus propias reacciones, en lugar de justificarte juzgando y criticando todos los factores externos que acontecen a tu alrededor. Significa aceptar los problemas como parte de la vida diaria.
Tú eres el responsable de lo que piensas y lo que sientes y puedes aprender a pensar de forma diferente respecto a cualquier cosa. De ti y de las elecciones que hagas depende que las experiencias de tu vida sean estimulantes y agradables.
El amor por uno mismo
Pensar que lo que vales se mide con tus éxitos y fracasos es una zona errónea. Una cosa es que ayer reprobaras un examen y otra bien distinta es que por ello no valgas lo suficiente y te sientas poca cosa.
Una cosa es que cometas un error y otra que pongas en tela de juicio tu propio valor.
En la sociedad está bien visto tratar bien a los demás y amarlos, sin embargo se olvida de que para alcanzar la felicidad es fundamental quererse a uno mismo y valorarse.
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Todo empieza amándote a ti mismo. De esa forma podrás amar a los demás y hacer cosas por ellas sin esperar nada a cambio.
¿Has pensado en el valor que tendría dar algo desde una persona que no vale nada? ¿Cómo puedes dar amor si no vales nada? ¿Qué valor tendría tu amor?
Tú mismo eliges el valor que tienes y no tienes que preguntar o dar explicaciones a nadie.
Tu propio valor es un hecho que no está relacionado ni con tu comportamiento ni con tus sentimientos. Puedes escoger ser valioso para siempre; no importa que en un momento hayas hecho algo de lo que te sientas arrepentido.
No necesitas la aprobación de los demás
La necesidad de aprobación de los demás equivale a decir: “Lo que tú piensas de mi es más importante que la opinión que tengo de mí mismo”.
Puede que desees la aprobación de los demás, ya que es natural sentirse feliz con el apoyo y aceptación de los demás. Pero necesitarla, es una de las zonas erróneas más negativas.

Es negativo necesitar la aprobación de una persona y aún más, necesitarla cada vez que quieres tomar una decisión, solucionar un problema o hacer cualquier cosa.
Cuando la búsqueda de aprobación se convierte en una necesidad, tú entregas un trozo de ti mismo a la “persona exterior” cuyo apoyo es imprescindible para ti. Si ese tercero te desaprueba, te inmoviliza.
Deshazte de la necesidad de aprobación si quieres ser feliz y desarrollarte personalmente.
Rompe con el pasado
A menudo las personas se anclan en el pasado y se ponen etiquetas. Comentarios como los siguientes son frecuentes: “Así soy”, “Siempre he sido así”, “No puedo evitarlo” o “Es mi carácter”.
Autoetiquetarte en función de la imagen que has forjado de ti mismo en el pasado es una zona errónea. Puede ser que en el pasado no hayas sido un buen periodista, pero eso no significa que “seas” un mal periodista, sólo significa que algún momento del pasado no lo fuiste.
Autoetiquetarse o autodefinirse no es inadecuado en sí, aunque puede serlo si se usa de forma perjudicial. Asimismo, es usual usar esas etiquetas como excusas para seguir igual y no esforzarse por cambiar. Si esas autoclasificaciones son negativas, estás perdiendo tu potencial de crecimiento.
Esas autoetiquetas provienen del pasado pero el pasado ya no existe, lo único que tenemos ahora es el presente.
Cada vez que usas frases como “Yo soy así” estas dándote una justificación para no cambiar y mejorar o ser más feliz.
Cambia el “Yo soy” por “He escogido ser” para ser producto de tus elecciones.
Las emociones inútiles: culpabilidad y preocupación
A lo largo de la vida, las dos emociones más inútiles son la culpabilidad por lo que se ha hecho y la preocupación por lo que se podría hacer. Son los grandes despilfarros: la preocupación y la culpabilidad, la culpabilidad y preocupación. Con la culpabilidad desperdicias tus momentos presentes y con la preocupación te mantienes inmovilizado.
Puedes seguir lamentándote todos los días, sintiéndote culpable y aún así no solucionarás nada ni mejorarás tu forma de comportarte. Aunque te sientas culpable, no vas a cambiar nada. Lo que si lo hará es proponerse aprender de lo sucedido y cambiar.
Además, la preocupación sirve para evadirse de lo que realmente se necesita afrontar. Si te observas preocupándote, pregúntate: ¿De qué me estoy evadiendo al gastar este momento en preocupaciones? Tras ello, actúa sobre lo que estas evitando. Lo mejor para la preocupación es la acción.
Explorando lo desconocido
Pensar que la vida consiste en ir siempre a lo seguro, y saber siempre a dónde vas, es una zona errónea, porque solamente las personas inseguras buscan la seguridad.
Cuando crees totalmente en ti mismo, no necesitas que todo sea conocido, fácil y confortable. Pensar lo contrario es ver el mundo con un claro error de percepción.
La seguridad que sí es positiva para tu crecimiento personal es la seguridad interior de tener confianza en ti mismo.
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La educación que recibimos en esta sociedad nos enseña desde niños que tenemos que andar con cuidado; se fomenta la precaución y no la curiosidad. “No vayas allí”, “No hables con desconocidos”, “No vayas solo a ningún lado” son frases frecuentes.
Se tiene la idea de que lo desconocido es igual al peligro, que en la vida hay que ir siempre a lo seguro, a donde va el resto de la gente. Solo los aventureros o “temerarios” se atreven a arriesgarse y explorar lo que no se conoce.
Importante creer en uno mismo
Si crees en ti, puedes explorar las zonas de la vida que no te ofrecen nada seguro y evitar seguir el camino que todos los demás caminan. Abandona la creencia de que es mejor lo familiar que lo desconocido.
Lo inseguro y desconocido puede provocarnos inseguridades pero son necesarios para cambiar, mejorar y vivir nuevas emociones.
Rompiendo la barrera de los convencionalismos
Toda nuestra vida está plagada de los “debes hacer esto” y la gente los aplica sin pensar en el porqué y en sus consecuencias. La suma de todos esos “debes” son otra zona errónea.
La salida a esta falta de responsabilidad hacia ti mismo, tu libertad y tu bienestar es convertirte en el juez de tu propia conducta y aprender a confiar en ti mismo para tomar tus propias decisiones.
La trampa de la justicia
Creer que existe la Justicia no es más que un error de percepción. Si existiera la justicia, no habría criatura viviente que pudiera sobrevivir: los coyotes no podrían matar conejos para comer y habría que atender a los intereses personales de todos los seres humanos.
Las personas quieren buscar la justicia y si no la encuentran sienten frustración, tristeza o enfado. Sin embargo, la justicia no existe y nunca existirá. El mundo funciona así y así seguirá.
Exigir justicia no es un comportamiento negativo aunque se convierte en zona errónea si te castigas a ti mismo al no poder tener la justicia que quieres.
Puedes escoger ser feliz o desgraciado pero ello no está relacionado con la injusticia que veas a tu alrededor, ni ésta puede servirnos para justificar celos, culpas, desaprobación, comportamientos inmorales, manipulación, etc.
Terminando con las postergaciones
Si postergar las cosas te produce ansiedad, entonces es una zona errónea.
El postergar en sí no es neurótico, sino la reacción emocional que lo acompaña y la inmovilización que produce. Si te gusta postergar cosas, no sientes culpa por ello o no te perjudica, sigue postergando.
Pero para la mayoría de las personas el postergar es una forma de evadirse y de vivir el momento presente.
Si eres la típica persona que dice que va a cambiar y vivir de otra manera, decirlo no te va a servir para nada (a menos que lo hagas con un compromiso real). Decirlo suele servir para postergar la acción y nunca terminar de hacer algo.
Lo que haces es el único medidor para medirte como persona, no lo que dices o lo que dicen de ti.
Proclama tu independencia
Depender psicológicamente de alguien es una zona errónea. Una cosa es tener una relación con alguien sin que interfiera en tus metas de vida y otra es una relación en la cual te sientes obligado a ser algo que no quieres ser.
Ser independiente es complicado porque nuestra sociedad nos enseña que debemos cumplir con lo que se espera de nosotros en algunas relaciones, que incluyen a los padres, hijos, figuras de autoridad y los seres queridos.
Si disfrutas de la manera en la que interactúas con las personas y estas no interfieren con los objetivos que te has puesto en la vida, no necesitas cambiar esa forma de interactuar.
La obligación es la que constituye el problema: la obligación produce culpa y dependencia, mientras que la libre elección produce amor e independencia.
Ser independiente significa estar libre de las relaciones obligatorias, ausencia de comportamiento dirigido a los demás, no necesitar a alguien para ser feliz (distinto a desear relaciones con los demás) o tomar decisiones.
Adiós a la ira
La ira es una zona errónea, ya que no sirve para hacerte feliz, más bien todo lo contrario, el estado al que te lleva al ira es de todo menos agradable, tanto para ti, como para los demás.
Aunque la expresión de la ira es más saludable que reprimirla, lo más sano es no sentirla en absoluto. No hay por qué sentir la ira, no es algo “humano” como se suele justificar y, de hecho, es una zona errónea que incapacita psicológicamente.
Es una elección y un hábito que se aprende ante la frustración. Es debilitante y puede producir insomnio, cansancio, úlceras o hipertensión, conducir a la culpabilidad o a la depresión.
Recuerda esto: tu ira no es por culpa del otro, o del suceso en cuestión, es el resultado de tu forma de pensar sobre el comportamiento de otro, o sobre un suceso.
Asumir esto es el camino hacia una mayor comprensión/compasión hacia los demás, y por supuesto también, hacia ti mismo.
Nada ni nadie puede perturbarte si tu no lo permites.
Retrato de la persona sin zonas erróneas:
- Disfruta de todo, de la lluvia cuando llueve, y del sol cuando brilla.
- No se siente amenazada por el futuro, ni por lo desconocido,
- Le parece absurdo postergar su propio disfrute de la vida, hasta conseguir algún objetivo.
- Aprecia su independencia y que los demás no dependan de ella.
- No busca la aprobación de los demás, ni tampoco honores.
- Es activa, tiene altos niveles de energía.
- No tiene miedo al fracaso.
- Tiene total carencia de culpa, quejas, arrepentimiento…
- Sabe reírse de sí misma y de la vida.
