En la noche del lunes 11 de este mes, una lechuza de campanario fue blanco de un ataque a pedradas en la comunidad de Subincancab, en el municipio de Timucuy.
El ave quedó herida de muerte. Unos jóvenes, con cultura de conservación de la naturaleza, la lograron rescatar.
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Al día siguiente, un grupo de habitantes se dirigió al sitio donde cayó la lechuza ante la agresión y roció agua bendita. Su propósito, siguiendo antiguas creencias, era formar un escudo de protección a la comunidad.

Este incidente, conocido en redes sociales gracias a los infructuosos esfuerzos de la asociación Proyecto Santa María por tratar de salvarle la vida a la lechuza, es uno de los muchos que se presentan todavía en Yucatán, como en otros puntos del país, a causa de supersticiones que se han arrastrado por generaciones.
La lechuza de campanario, cuyo nombre científico es Tyto Alba, es una de las especies que cargan con mayor estigma y mala fama, lo mismo que el búho.
Las ven como presagio de muerte
Sus hábitos nocturnos y de caza han tejido mitos y leyendas en torno a estos animales, lo cual les convierte en víctimas de persecución que muchas veces acaba con su vida. Se les considera aves de mal agüero y presagio de muerte.
Esa misma persecución ocurre con los murciélagos, especie que, como detallamos la semana pasada en amplia información en yucatan.com.mx, es relacionada con la transmisión del Covid-19 a los humanos.
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En Mérida se ha reportado el caso de la extraña muerte de varios ejemplares de un murciélago insectívoro bajo uno de los puentes del Anillo Periférico, en el cruce con la carretera que conduce a Caucel.
La doctora María Cristina Mac Swiney González, investigadora de la Universidad Veracruzana, externó sus sospechas de que esa colonia de quirópteros haya sido blanco de un ataque dirigido, por las circunstancias de su muerte.
Coincidencia desafortunada
“En los grupos de aves, los más afectados por antiguas creencias son los tecolotes y las lechuzas, porque su temporada de anidación coincide con la temporada de contingencia por el coronavirus y son más visibles y ruidosos”, explica José Medina, presidente de Proyecto Santa María.
En el caso de Subincancab, dice que la gente literalmente se aterrorizó al oír el ruido de una lechuza de campanario en sus casas y decidió atacarla.
No es un caso aislado
El informante revela que también ha recibido reportes de agresiones a tecolotes y lechuzas en el oriente, el poniente y el sur del Estado.
Importantes para el control de plagas
En medio del temor que generan las leyendas se pasa por alto algo importante: esas aves tienen una función primordial en los ecosistemas, porque, al igual que los murciélagos, ayudan a combatir plagas nocivas.

“Ayudan a los humanos. Tanto la lechuza de campanario como el tecolote bajeño son controladores de plagas”, explica la bióloga Amada Pam, coordinadora de programas de salud ambiental de Proyecto Santa María.
“Se alimentan de ratones, insectos y otras especies que llegan a ser nocivas”.
“La lechuza de campanario puede consumir al día cuatro ratones, aproximadamente, y una familia de esa especie come entre 16 y 18 (en el mismo lapso). Es una suma muy importante al año”.
“Además, son controladores de insectos y lagartijas, entre otros animales, y esto los hace importantes para el equilibrio de los ecosistemas”.
Se les asocia con terror y muerte
José Medina indica que los hábitos nocturnos de esta especie y sus refugios llevan a mucha gente a asociarla con algo terrorífico.
“Buscan lugares solitarios y abandonados, que para nosotros pueden resultar algo tenebroso, como un cementerio o una casona abandonada, y por eso mucha gente los relaciona con lo maligno”, apunta.
En efecto, los grandes beneficios de estas aves quedan rebasados por su reputación de aves de mal agüero, como ilustra el caso del ataque en una comunidad de Timucuy.
Blanco de las piedras
De acuerdo con un relato de Proyecto Santa María, que nació como un esfuerzo de conservación de las aves pero también atiende casos de otras especies animales, el mencionado ejemplar fue agredido con piedras el 11 de mayo y lo rescató un grupo de jóvenes de la misma comunidad, con más apertura, que pidió ayuda a la asociación civil.

Proyecto Santa María prestó apoyo, previo aviso a las autoridades ambientales, por tratarse de un ejemplar de vida silvestre. Curó al ave y recurrió a servicios veterinarios para tratar de salvarlo, pero los esfuerzos resultaron inútiles.
Fracturas, ruptura de órganos…
“Lo trajimos a Mérida… Era un animal hermoso, fuerte, macho, pero con daños tremendos”, explica José Medina.
“Tenía fracturas en el pico, laceraciones en el hígado y ruptura de órganos internos. No soportó y finalmente falleció”.
También se recibieron avisos de un ataque con piedras y palos a un búho en Ekbalam, en el oriente del Estado, lo mismo que en Kinchil (en el Poniente) y en Tzucacab (el Sur).
En Valladolid se recibieron reportes de una familia de lechuzas de campanario que vivía en las paredes de un cenote. Cuando nacieron más ejemplares, la gente se asustó con los polluelos y los atacó. Dos terminaron en el cuerpo del cenote.
José Medina explica que en ese caso de Valladolid no pudieron intervenir porque ya había cierres de tramos carreteros, por la contingencia sanitaria, pero sí avisaron a la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) y a la cabeza del sector ambiental, que es la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat).
Personal de esas dependencias acudió al lugar para hablar con las personas involucradas y exhortarlas a no repetir ese hecho.
Temor en medio de la pandemia
Un factor que influye en esos ataques, dicen el señor Medina y la bióloga Amada Pam, son el miedo y la incertidumbre ante el escenario actual por la emergencia sanitaria.
Esos elementos, junto con el estrés que se vive en estas fechas, intensifican este tipo de conductas, que, más allá de la maldad humana, reflejan un problema cultural y de creencias muy arraigadas, añaden.
La creencia del “tomojchi”
La mala fama de la lechuza de campanario es retratada en una publicación de los investigadores Carlos Evia Cervantes y Silvia Ruelas Olvera, que reproduce Proyecto Santa María.
En un extracto de la publicación se recuerda que esta ave es conocida como “Xoo´ch” en lengua maya y se cree que es de mal agüero o “tomojchi”, que en maya significa presagio de malos eventos.
La lechuza, se añade, contribuye con el mito al vivir y anidar en panteones y cavernas en busca de la soledad nocturna. Se dice que al volar en las noches sobre alguna vivienda, cantar o dejar caer un vaho, fluido o pluma, hace “tomojchi”.
“A pesar del valor cultural de este mito y que el mensaje es reforzar el cuidado y protección al menor vulnerable, también es cierto que no deja de ser un mito o leyenda”.
“La realidad es que estas aves contribuyen al control de roedores y serpientes y no deben ser satanizadas ni perseguidas”, indican los autores de la publicación.
También se atenta contra serpientes
La bióloga Amada Pam subraya que cada comunidad es diferente, pero en general antiguas creencias afectan no solo a lechuzas y tecolotes sino a otras especies, como las serpientes.
“Desgraciadamente, hay comunidades a las que llega muy poca información”, apunta.
“Si a eso le agregamos la creencia de que estos animales anuncian la muerte, entonces la gente les hace mal, porque piensa que al matarlos la mala suerte o el mal presagio se irá”.
Necesaria la educación ambiental
Los representantes de Proyecto Santa María hacen notar que la herramienta más importante para contrarrestar ese problema cultural es la educación ambiental.
“Es momento de que las autoridades incluyan educación ambiental desde la enseñanza básica”, enfatiza el señor Medina.
“Debe ser una asignatura obligatoria, lo mismo que la de civismo, que al ser retirada dio pie a niños y jóvenes insensibles, jóvenes groseros…”
“Las creencias son parte de nuestra cultura, algunas buena para la fauna y otras que pueden acabar con ellas”, indica la bióloga Pam.
“La educación ambiental es la mejor arma contra las malas acciones dirigidas a aves y otros animales que son maltratados por leyendas que les dan mala fama”.
Un caso a la inversa: el “Chan Pixán”
Para reforzar el señalamiento de que no todas las creencias son negativas, los entrevistados mencionan el caso del pájaro Papamoscas del Este, que en Yucatán es llamado “Chan Pixán”, porque su etapa migratoria coincide con los Días de Difuntos.
Procedente de Norteamérica, este pájaro llega a la entidad cuando la población está celebrando a sus seres queridos fallecidos y se posa en las casas de los pueblos. Su canto es muy peculiar y la creencia popular los asocia con los difuntos que llegan de “visita”.
Los zopilotes, también satanizados
Otra especie que carga con la mala fama es el zopilote. José Medina subraya que se les ve con repugnancia por sus hábitos carroñeros, pero desempeñan una función importante al alimentarse de desechos orgánicos animales que, en caso contrario, podrían desencadenar enfermedades.
“Todas las aves tienen una función en los ecosistemas”, puntualiza.
Aunque aparentemente ya no se les ve en Mérida y otras zonas cercanas, el informante señala que sí están presentes, pero la gente ya no se percata de su presencia porque no levanta la mirada al cielo por las agitadas rutinas cotidianas.
Incluso, la asociación que representa ha atendido reportes de zopilotes lastimados.
La esencia de una misión
Proyecto Santa María tiene una unidad enfocada al cuidado y protección de aves en terrenos de Telchac Puerto, aunque, como señalamos líneas arriba, también atiende llamados de auxilio relacionados con otras especies animales.
Además de su labor de protección, ha ejercido labor de denuncia y vigilancia y desempeñó un papel importante en la difusión del caso del tucán de Francisco de Montejo que fue víctima de mortal ataque hace unas semanas.
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Para el tema de la lechuza de campanario atacada en Timucuy elaboró un vídeo y otro tipo de material en lengua maya, con el siguiente mensaje: “No las mates, no son brujas. Esas solo son creencias de nuestros abuelos. Su función es ayudar a controlar ratones y otras plagas…”

“Si las matas por pensar que son de mal agüero, después sufrirás las consecuencias teniendo en tu hogar, comunidad o ciudad la invasión de ratones… No las lastimes, por favor”.
La asociación se sostiene con recursos propios y algunos donativos en casos específicos, como fue para la atención médica de emergencia de la lechuza. Su directora es la doctora en Ciencias Vanessa Martínez García.
En Facebook se puede encontrar su página como Proyecto Santa María.
