El Cementerio General comienza a ”cubrirse de vida” con los visitantes que llegan con cubeta en mano, flores envueltas en periódico, veladoras en vasos de cristal y una sombrilla para protegerse del calor. Llegan a la cita anual para arreglar las tumbas de sus seres queridos, previo al Día de Muertos.
Algunas tumbas tienen maleza o verdín, debido a las lluvias de octubre en la entidad, pero el trabajo de limpieza se transforma en risas y conversaciones que llenan el camposanto de una nueva vida.
Al mirar las tumbas se observa una variedad de modelos, algunas sin color y muy pocas sobresalen de las demás por el color de pintura que les han puesto o por el diseño poco común que han elegido.
Las tumbas del Cementerio de Mérida, de variados diseños
La figura de ángeles que piden respetar el silencio del descanso eterno de los difuntos se repite en varias de las tumbas, mientras se recorren los pasillos del cementerio.
Algunas tumbas son una réplica en menor tamaño de alguna iglesia, en tanto que otras lucen un techo que parece procurar el descanso eterno y en paz del difunto, pero que ofrece una sobra para el familiar que llegará de visita, quizá para juntos recordar viejas anécdotas en vida.

El yucateco tiene tradiciones que envuelven de colores los camposantos, es parte de su cultura y está presente estos días en los cementerios de la entidad. La pintura no es la única que da color a estas tumbas, ahí están las flores, las velas y las fotografías que recuerdan el rostro con el que alguna vez se compartió en vida.
A un año de que los cementerios fueran cerrados por la pandemia de Covid-19, poco a poco la vida vuelve incluso a estos espacios donde familias esperan honrar a sus seres queridos, especialmente en un tiempo donde las despedidas no han sido posibles, pero que el reencuentro, aunque sea en esencia, llena de algarabía estos días.
