Siempre que comenzamos el año, lo hacemos con la mejor actitud. Sin embargo, es común que en el camino nuestra voluntad se debilite y nuestra fragilidad humana nos haga detenernos o cambiar de ruta.

Esa inestabilidad se ha acentuado en estos tiempos, en los que la emergencia sanitaria del coronavirus nos ha vuelto más sensibles, nos hace albergar sentimientos negativos que si no los sabemos manejar pueden agriarnos la existencia.

“Y no es para menos, vivimos una nueva realidad. El Covid y todos sus primos nos han robado la tranquilidad, amenazan nuestra salud y libertad, nuestras finanzas, incluso nuestros sueños”, señala Oralia Canepa Martínez, coach de vida y liderazgo, quien ofrece algunas pautas para aprender a gestionar las emociones y vencer el que se ha convertido en el mayor de nuestros temores: el miedo a vivir.

Aprender a soltar

La vida no se trata sólo de ganar, dice. Los reveses nos ayudan a soltar y en ocasiones los que han perdido más tienen mayor libertad que quienes no han pasado por tanto. El ‘ya no hay nada que perder’ ha sido el punto de inflexión de muchas personas que ha asesorado, “les ha dado la fuerza para continuar adelante, para decir: ‘Voy a intentarlo’”.

Todo lo que hemos vivido ha sido un aprendizaje constante y enriquecedor que nos ha hecho lo que somos, prosigue. “Si nos preguntaran: ‘¿Cambiarías algo de lo que has vivido?’, la mayoría responderíamos: ‘ni un segundo’. ¿Saben por qué?, porque gracias a todo por lo que hemos pasado somos hoy la mejor versión de nosotros”.

Todo lo que ha acontecido en tu vida te ha formado y te ha dado las herramientas para construir la existencia que deseas. Sólo hay que estar alerta y aprender.

Su experiencia como coach de tantas personas le permite afirmar que quienes consiguen vencer sus miedos tienen un común denominador: se conocen a sí mismos, saben cuáles son sus fortalezas y debilidades, sus sentimientos, sus momentos oscuros… y los enfrentan.

“Sólo cuando nos conocemos, nos aceptamos como somos y afrontamos nuestros conflictos interiores podemos estar en paz y armonía con nosotros y con el resto del mundo. Esa es la llave de todos los miedos”.

Es natural sentir temor, dice. Los miedos están ahí porque los recuerdos de sucesos negativos nos hacen temer que algo similar podría repetirse. Pero esta angustia, que sólo está en la mente, nos impide disfrutar de la vida, apunta Oralia, quien recuerda a Charles Dickens: “Nunca sabe el hombre de lo que es capaz hasta que lo intenta”.

Aceptar que hay cosas que no dependen de nosotros y trabajar en nuestras áreas de oportunidad nos hace más sencillo afrontar nuestros miedos, considera.

Sin embargo, para llegar a ese estado mental donde quedan atrás las malas experiencias del pasado hay que estar dispuestos a vivir libres, sin condiciones autoimpuestas, sin límites mentales. Definitivamente, de nosotros depende superar las ideas que hacen que nuestra vida sea un eterno miedo a hacer o no hacer.

Aprender a disfrutar

Según la experta, para poder crecer hay que salir del área de confort. “La vida no se trata de tener que hacer algo, sino de quererlo hacer. Comenzamos a disfrutar de la vida cuando lo que hacemos no lo sentimos como un sacrificio o un deber, sino como algo que nos agrada”.

La vida es una búsqueda constante de la felicidad, pero para alcanzarla hay que querer disfrutar cada momento, por más difícil que éste sea, dice. “Eso significa agradecer lo que nos acontece todos los días, el trabajo, la salud, la compañía, los amigos, la familia…”.

“Hace unos días uno de mis clientes me decía que tenía miedo a soltarse de la mano de un sueldo seguro y afrontar el riesgo que implicaba la aventura de ir en busca de una nueva vida”, comenta. Había sufrido un fracaso empresarial y tenía temor de que pudiera repetirse. Le pregunté si no le pesaría más perderse la oportunidad que tenía de vivir una nueva experiencia empresarial”.

Un paso a la vez

Nuestros miedos nos condicionan. Nos forman nudos mentales, ideas o creencias que nos impiden tomar decisiones o nos atormentan con fracasos futuros que sólo ocurren en nuestra mente, señala la experta. “Nos autoimponemos al querer controlar lo que sucede y que en ocasiones ni siquiera depende de nosotros”.

El miedo es bueno, pues nos alerta, pero nos paraliza y puede convertirse en un problema, advierte. Dar un pequeño hacia adelante nos saca del área de confort y nos hace comenzar a experimentar un cambio. Al ver que no ha pasado nada, nos atrevemos a dar otro paso y así, uno tras otro… liberándonos y premiándonos por haber tenido el valor de avanzar.

“Muchas personas que atiendo me dicen ‘no puedo hacer tal o cual cosa porque mis compañeros, mis padres, mis amigos, mis conocidos y hasta el conductor del taxi me ha dicho que es imposible’. ¡Por Dios! Cuántas veces hemos transmitido a nuestros hijos nuestros miedos, indecisiones, indefiniciones y los hemos hecho temerosos e inseguros. Los miedos son de quien los quiere hacer suyos”.

Para Oralia, no hay nada más motivante que ver la transformación de una persona cuando pierde el miedo a hablar, a encararse y luchar por lo que quiere, a pesar de que el mundo entero le haya dicho que no puede porque no tiene las condiciones físicas, mentales, o económicas para hacerlo.

“Un buen inicio podría ser que te preguntes desde hace cuánto los miedos de los demás te dominan”, dice. “Y en esto hay una magnífica noticia: Tu vida la edificas tú, tus sueños los haces realidad tú con tu trabajo, tu tenacidad, tu constancia. Tú haces que esto se mueva, nadie más”.

“No desperdicies el tiempo pensando en lo que pudo ser y no fue. Disfruta tu vida, llénate de la alegría de saberte un ser especial para muchos. Mantente alerta de todo lo que ocurre en el camino. Avanza con alegría, con la cabeza en alto y que tu vida sea la lámpara que ilumina a muchos en su caminar”, concluye.— Megamedia

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