Cerca de cumplir trece años de existencia, Proyecto Crisal es una realidad consolidada que ha contribuido a transformar las vidas de 242 niñas víctimas de abuso y violencia sexual.

Con un modelo conductista, de la autoría de la abogada María Jesús Ocaña Dorantes, este proyecto dio origen a Casa Crisal, un refugio que hoy atraviesa por dificultades económicas para cumplir su misión, agravadas por la pandemia de Covid-19.

La metodología, de acuerdo con su autora, descansa en tres etapas que al final derivan en el empoderamiento de las niñas: la primera es de autoconocimiento; la segunda, de confrontación —es la más fuerte, pues se trata de romper el círculo de violencia que vivieron—, y la tercera, de definición del proyecto de vida.

“Quien no sana las heridas de la violencia sexual se convierte en una agresora en potencia”, subraya la abogada Ocaña Dorantes, quien es también promotora del reconocimiento de los derechos de niños, niñas y adolescentes.

 

Valora reconocimiento por la protección de menores

Precisamente por su activismo se declara satisfecha de que por fin en 2021 se haya otorgado el reconocimiento de mujeres al grupo de vulnerabilidad de niñas.

“Desde que abrí Casa Crisal vengo batallando, porque a las niñas y adolescentes no se les reconocía como mujeres”, explica. “No tenían acceso a ninguna política pública”.

El éxito de Casa Crisal no se limita a los resultados internos. Muchas de las niñas que han salido de esas instalaciones son hoy mujeres que han logrado independencia, que estudian o estudiaron alguna profesión y, en algunos casos, tienen el acompañamiento y el apoyo de familias sustitutas.

“Me entregan a una niña sobreviviente de violencia y yo entrego a la sociedad a una persona que tiene un proyecto personal de vida”, resume María Jesús Ocaña.

 

En todo esto está involucrado un equipo de voluntarios y colaboradores.

Casa Crisal experimenta una reducción de sus ingresos —principalmente de la aportación del gobierno— que le impide incluso ocupar toda la capacidad de sus instalaciones. La asociación civil que la sustenta trata de cubrir esa falta con actividades, pero son insuficientes.

Proyecto Crisal: casi trece años de impulsar cambios

Bajo el lema “Volar de nuevo”, este 2022 Proyecto Crisal cumplirá trece años en los que ha influido positivamente en las vidas de 242 niñas, con un modelo humanista que les abre horizontes mediante el empoderamiento.

“Llegamos a este momento contentas por haber tocado 242 vidas durante todo este tiempo, con niñas que van de los 8 a los 17 años”, explica la abogada María Jesús Ocaña Dorantes, promotora del proyecto que dio origen al refugio Casa Crisal.

 

La filosofía del proyecto se basa en la metamorfosis de la oruga hasta su conversión a mariposa. Por eso su eslogan es “Volar de nuevo”.

Ejemplo de superación y empoderamiento

Por las instalaciones de Casa Crisal han pasado menores de edad víctimas de pedofilia, trata de personas, prostitución y otras formas de violencia sexual.

Hoy, muchas de ellas tienen nuevas familias y han desarrollado alguna actividad productiva o estudiado algún oficio o profesión que les abre otras perspectivas a su existencia.

“Nuestra metodología es humanista y conductista, porque tenemos que cambiar conductas”, señala la abogada Ocaña Dorantes. “Tenemos que suplir conductas de riesgo por otras que favorezcan el desarrollo y el crecimiento”.

Y para ese cambio, abunda, es necesario generar confianza en esas niñas y brindarles aprendizajes que las empoderen, porque aún están en la posibilidad de asumir el control de sus vidas.

La autora del modelo indica que éste es muy bondadoso, porque, al ser humanista, equivale a poner un vestido a la medida a cada niña, de acuerdo con sus necesidades.

“Cuando recibimos a una adolescente en Casa Crisal lo primero que hacemos es decirles: aquí no tienes por qué escapar, si te quieres ir nos avisas, te abrimos las puertas y avisamos a las autoridades que no quieres estar aquí”, subraya. “Solo te pedimos dos cosas: dinos a dónde vas a ir y de qué te estás escondiendo o escapando”.

“Estas dos preguntas les otorgan a ellas la posibilidad de descubrir que donde ahora están pueden construir por sí mismas y que su palabra vale, que se les respeta”.

¿Cómo se solicita ayuda a Casa Cristal?

Las menores llegan al refugio por medio de las autoridades, que las canalizan para su atención. En la actualidad Casa Crisal tiene capacidad para 12 niñas, pero sus ingresos han mermado y esto le ocasiona serios apuros económicos.

A una pregunta, la licenciada Ocaña Dorantes señala que en un principio solo aceptaban a niñas a partir de los once años, pero se presentaron los casos de una de ocho y otra de diez que estaban en una situación extaordinaria y decidieron darles cabida, atendiendo a la filosofía del proyecto: la transformación de la oruga a mariposa adolescente, que se llama crisálida, y después a mariposa adulta.

Con ese concepto de la oruga aceptaron a las pequeñas, pero no se logró el objetivo al ponerlas junto a las crisálidas y se acordó suspender temporalmente la inclusión de menores de once años.

Para este 2022 se programó la apertura de nuevo a las orugas —niñas de 3 a 6 años—, que representan la última parte de la primera infancia.

“Todavía no estamos listas para la segunda infancia, que es de 6 a 10 años”, apunta.

Los buenos resultados de Casa Crisal son obra de un amplio equipo formado por instructoras, voluntarios, colaboradores y donadores.

Ninguna de las jovencitas se puede quedar en el refugio al cumplir los 18 años. Cuando se aproxima esa edad es una de las etapas más complicadas para todos.

“Afortunadamente hay gente alrededor que las ayuda a construir sus proyectos”, dice la entrevistada. “Puede ser que decidan ser independientes y que tampoco quieran regresar con alguien de su familia”.

En esa fase desempeñan un papel importante familias sustitutas que dan un acompañamiento en silencio, lejos de fotos para el lucimiento. Así, hay jóvenes que están estudiando alguna carrera o se han graduado.

Ejemplo de apoyo

Hay un caso en que el Proyecto Crisal ayudó económicamente a tres muchachas que decidieron unirse para instalar, con éxito, una cocina económica.

“¿En qué ayudamos nosotros? Pagamos el monto del departamento por tres meses al cien por ciento. Y cuando digo nosotros somos todo el equipo y el voluntariado”, señala la abogada.

“Además, los voluntarios las visitaban o llamaban por teléfono y les daban apoyo. Después de esos tres meses ellas tenían el compromiso de reunir la tercera parte de la renta y de los gastos del departamento. En el sexto mes solo teníamos que darles la tercera parte de los gastos. Y a los nueve meses nos retiramos del apoyo, porque se supone que ya estaban lo suficientemente establecidas para continuar solas”.

“Tenemos otras niñas con hogares que las reciben. Yo les llamaría familias sustitutas, porque las reciben como hijas pero éstas no tienen ningún derecho sobre la familia. No tienen derecho a heredar o a pedir pensión, pero ellas me decían: lo que nosotros tenemos es alguien que nos quiere, que nos piensa, que nos escucha cuando llegamos, que disfruta nuestros logros y nuestras derrotas. ¡Eso para mí es extraordinario!”

La pandemia de Covid hizo que muchos planes de Casa Crisal se vinieran abajo. Por eso hoy requiere más apoyo para continuar adelante.

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