Ante algunas deficiencias que quedaron en evidencia con la pandemia de Covid-19, con afectaciones para el comercio internacional, todo parece indicar que estamos a las puertas de lo que sería el inicio de la “desglobalización” de la economía, advierte Jorge Abel Charruf Cáceres, presidente de la delegación Yucatán de la Cámara Nacional de la Industria de Transformación (Canacintra).

Entre los defectos que quedaron al descubierto cita los problemas derivados de grandes distancias y tiempos entre proveedores y usuarios intermedios o finales, a lo que se suman los altos precios actuales del transporte marítimo.

El dirigente señala que la situación plantea grandes retos al comercio mundial y se declara convencido de que el probable inicio de la “desglobalización”, más que una amenaza, representa un área de oportunidad —“como pocas veces la hemos visto”— para México en lo general y Yucatán en lo particular.

“Así es como llegamos a un concepto llamado ‘nearshoring’, que es relativamente nuevo en el mundo de los negocios internacionales”, enfatiza.

El término de “nearshoring” se aplica a la estrategia de los consorcios que subcontratan a empresas de otros países para transferirles procesos de negocios o tecnologías. Esto les permite acercar su producción a sus mercados, lo cual les ahorra costos.

Un freno de golpe

Jorge Charruf Cáceres, quien es también vicepresidente nacional de Comercio Exterior y Asuntos Internacionales de Canacintra, explica las razones por las cuales considera cercana la “desglobalización”, con los retos y oportunidades que impone:

  • La pandemia detuvo, de golpe, la economía mundial. Esto ocasionó, entre otras cosas, una fractura en las cadenas de suministro alrededor del planeta.

Acercamiento

  • Al no recibir a tiempo sus materias primas, miles de empresas en todo el mundo están en busca de estrategias para acercar a sus proveedores, al mismo tiempo que los fabricantes tratan de acercarse a sus mercados finales.
  • Esto está obligando una “relocalización” de industrias y empresas a lo largo de todo el planeta, en busca de establecerse alrededor de sus mercados, que terminará por volver a dar vida a bloques económicos regionales.
  • Uno de ellos es el gran bloque de Norteamérica, que incluye al importador más grande de la tierra, que es Estados Unidos, y comparte el área con Canadá y con México.
  • Aunque importar materias primas de Asia fue rentable y seguro durante la globalización, la nueva realidad impone el acercamiento de los insumos y los productos a los fabricantes y mercados.

Polo de atracción

  • Aquí es donde radica la gran oportunidad que tienen México y, sobre todo, Yucatán de convertirse en un polo de atracción de industrias que busquen establecerse en zonas con ventajas geográficas e infraestructura adecuada, para hacer entregas “just in time” (a tiempo) para sus clientes.

El puerto de altura

  • Si somos vecinos del mercado más grande del mundo y, además, estamos conectados vía marítima con ese país, toma mucha más relevancia la necesidad de la ampliación y modernización del puerto de altura de Progreso, porque seguirán llegando inversiones no solo producto de la constante promoción que el gobierno estatal hace de Yucatán, sino también por este nuevo contexto mundial.
  • Si logramos cristalizar los 19 proyectos de energía renovable autorizados por la Comisión Reguladora de Energía (CRE) en nuestro Estado no solo atraeríamos inversiones que buscan acceso a electricidad a precios competitivos, sino que también Yucatán sería atractivo para empresas que desean energías limpias para lograr sus metas hacia la transición energética.

Más competitividad

  • Tenemos que ser un Estado altamente competitivo para aprovechar la coyuntura internacional y dar pasos agigantados en nuestra industrialización.
  • La “desglobalización” es una oportunidad única para consolidar el gran Yucatán industrial, e impactar de manera positiva en la calidad de vida de todos los yucatecos.