Misión Resistencia Challenger es un programa diseñado para personas entre 18 y 35 años de edad, para que desarrollen proyectos de emprendimiento que impacten a comunidades indígenas o que están en zonas de alta violencia.
Se trata de un programa de capacitación de becas, en la que los participantes son capacitados durante ocho meses. Actualmente participan jóvenes de seis estados de la República: Yucatán, Quintana Roo, Campeche, Chiapas, Oaxaca y Coahuila, según explicó José Pablo Quiñones Guzmán, presidente de la Jornada de Derechos Humanos, A.C., organización que tiene a cargo el programa.
Ayer se inició la formación de la segunda generación de Misión Resistencia Challenger, en el auditorio “Manuel Cepeda Peraza”, del Edificio Central de la Uady ante las autoridades del programa y el Ayuntamiento.
Antes del inicio de la jornada, José Pablo Quiñones dijo que estaban felices porque es la segunda generación junto con el Ayuntamiento de Mérida “con la que vamos a tener 25 becarios”.
“Además tendremos 25 becarios de la Uady. Son 50 en este momento pero igual tenemos becarios de la Universidad Privada de la Península Campus Mérida y la Fundación Haciendas del Mundo Maya”, dijo.
En total la generación 2022 tiene 525 becas.
El dirigente aclaró que estas becas no son monetarias, sino de capacitación, de experiencia, que conecta a los jóvenes becarios con herramientas para que sean capaces de desarrollar proyectos de emprendimiento para abordar problemáticas de derechos humanos en zonas indígenas o de violencia.
“Es muy importante mencionar que este programa es impulsado por nuestra organización Jornada de Derechos Humanos, A.C., en alianza con el organismo internacional de los Premios Nobel de la Paz, la Fundación alemana Heinrich Boll y la iniciativa Witaker para la paz y el Desarrollo y de igual manera contamos con aliados como es el Ayuntamiento de Mérida”, apuntó.
También comentó que el año pasado tuvieron buenos proyectos, como uno que realizó la Universidad de Oriente de Valladolid que busca revalorizar la partería y a las comunidades indígenas que son productoras de miel.— Claudia Sierra Medina
