En el Día de Muertos, el Parque Zoológico del Centenario laboró de forma parcial, de las ocho de la mañana a las dos de la tarde, recibiendo un buen número de visitantes a lo largo de la jornada, principalmente familias algunas de ellas visitantes de otras partes del país y algunos turistas extranjeros.
El Centenario venía de un asueto de dos días, los lunes no labora y el martes 1 de noviembre no abrió sus puertas.
Nuevamente, como suele ocurrir en días como éste, el Centenario se convierte en una de las opciones de entretenimiento y esparcimiento.
En un recorrido por el lugar, el Diario constató cómo las calles aledañas al parque, especialmente su costado oriente, se estacionaron numerosos vehículos de quienes acudían al parque.
El flujo de visitantes fue en paulatino incremento conforme avanzaban las horas, pues aunque la gente llegó desde muy temprano la gran mayoría de las atracciones del sitio comenzaron a operar después de las 10 de la mañana.
Tren
De hecho, una larga fila se formó en la taquilla para adquirir boletos de la atracción estrella del lugar, el trenecito, para realizar el recorrido por todo el parque.
“¡¿Cuánto?!”, preguntó incrédulo un visitante de la capital del país al enterarse que el boleto por persona para el trenecito era solo $1; un adulto mayor que le acompañaba comentó “No me acuerdo que fue lo último que pude comprar con $1, creo que ni un chicle”.
Otras atracciones como algunos de los juegos mecánicos, el teleférico y las lanchas del lago no operaron, la mayoría de los puestos de comida si lo hicieron, lo mismo algunos vendedores que ofrecían juguetes, globos, burbujeros, gorras, sombreros y helados.
La visita al zoológico también fue constante y quienes más la disfrutaban eran los niños.
Cerca de la una de la tarde el buen clima que había prevalecido la mayor parte de la jornada, comenzó a descomponerse. La presencia de una tenue llovizna anticipó la salida de varios visitantes. Para las dos de la tarde el lugar cerró sus puertas.—Emanuel Rincón Becerra
