Cubanos, canadienses, estadounidenses, franceses y gente proveniente de muchas otras partes del mundo han estado durmiendo a las puertas del Instituto Nacional de Migración, esperando poder realizar sus respectivos trámites migratorios para regularizar su situación en el país.
El problema es que la gran mayoría de ellos pasa varias noches frente a mencionadas oficinas, ubicadas a un costado del parque de la colonia México, sin poder llevar al cabo su diligencia.
“Yari”, quien llegó de Cuba a México hace varios años, estuvo cinco noches tratando de renovar su estancia en México.
Explicó que los representantes de migración no dan la información de manera correcta a los usuarios y los obligan a dar varias vueltas y hacer las filas por varios días.
“Dunia” y “Martha”, quienes también llegaron de Cuba, tuvieron un poco de más suerte, ellas solamente pasaron tres días “acampando” a las afueras de esa dependencia hasta que por fin fueron atendidas.
“Dunia” explicó que quienes reciben la documentación cancelan los trámites procesos por cualquier cosa. “A mí me dijeron que no podía seguir con el trámite porque entre mi nombre y apellido no puse una coma, y entonces me mandaron a que haga la fila otra vez”, señala.
Muchos de ellos tampoco pueden terminar los trámites porque la terminal bancaria no funciona, entonces no pueden realizar el pago de derechos para obtener la tarjeta de residencia.
“Te dicen que no funciona el pago con tarjeta y te mandan a un banco. Pero una vez que hagas el pago, ya no te atienden, entonces hay que hacer otra vez la fila”, dice Martha.
Desesperación y llanto
En la fila también estaba una mujer llamada “Benedit”, originaria de Francia. Ella contó que vio a una mujer llorar ante los trabajadores de Migración para que pueda ser atendida, pues estaba a días de que su tarjeta venciera. “Al final esto termina siendo un maltrato hacia nosotros”, comenta.
El problema de la atención, señalan varios de ellos, radica en los llamados “gestores”, personas, en su mayoría abogados, que se valen de la ley para realizar los trámites a nombre de otras personas, cobrando entre $1,500 y $2,000.
Estos llamados gestores son gente conocida ya por el personal de Migración que realiza los trámites y aprovechan para vender los lugares.
“Al día atienden a 30 personas, no a más. Pero si los gestores llegan y ven que hay gente, hacen una llamada, luego les abren la puerta y ya entran a realizar los trámites. Quienes estamos en la fila nos quedamos hasta atrás. El martes que llegamos, yo era la número 10 y luego ya estaba en el lugar 20 por esta razón”, comenta una de las mujeres originarias de Cuba.
Sin respuesta
En el INM se buscó a alguien que pudiera informar sobre la manera de atención de los migrantes y las posibles razones que los motiven a dormir varios días a las puertas de la dependencia, pero el personal de Yucatán se negó a dar una entrevista, en cambio ofrecieron un número telefónico para hablar con una persona de la ciudad de México, pero esta jamás respondió a las llamadas.
