Sierva de María a carta cabal desde hace casi 66 años, Sor Josefa Alzate Arroyáve sabe bien que para servir hay que amar mucho a Dios, y eso lo ha tenido presente desde que abrazó la vocación religiosa en esta congregación a la edad de 26 años, en su natal Colombia.

Este 13 de noviembre Sor Josefa cumple 100 años de vida y para festejarlo sus hermanas en la representación en Mérida de esta congregación celebraron con una misa de acción de gracias en la que estuvieron presentes algunos miembros de su familia, que llegaron procedentes de Colombia.

Para las Siervas de María, el legado de su hermana Martha, nombre de pila de Sor Josefa, es muestra de amor, perseverancia, sacrificio y plena entrega a la obra de Dios, quien ha actuado en ella por todos estos años para ir construyendo el reino de Dios en la tierra, a través de la caridad a los más pobres.

Sor Josefa es hija de los Srs. Antonio Alzate y Eudoxia Arroyave, nació en 1922 en El Carmen de Vivoral, Antoquia, Colombia, tuvo siete hermanos, cuatro hombres y tres mujeres. Su formación religiosa inicia en Medellín en 1948, cursó el juniorado de la congregación en Puebla, desde 1951; llegó a Yucatán en septiembre de 1955 y un año después, 11 de diciembre de 1956, profesó sus votos perpetuos.

Hoy día, por lo avanzado de su edad y una afección que la tiene en silla de ruedas, el cansancio se hace presente en ella, le es difícil hablar pero su semblante es de paz y en el fondo su sola presencia es una inspiración para la congregación y su familia.

Sor Martina Alva Hernández leyó al inicio del acto litúrgico una semblanza a la vida de Sor Josefina, en la que destaca la perseverancia y el amor en la fe que en todo momento ella ha manifestado. A pesar de su delicada salud, siempre encontró la forma de hacer algo para llevar amor y esperanza a los corazones afligidos, se le recuerda trabajando en la conformación de las despensas que continuamente reparten entre familias necesitadas.

“Hermana ejemplar, su paciencia, alegría y amor es una inspiración para nuevas vocaciones religiosas de la congregación. Es una religiosa fervorosa y temerosa de Dios, estar a su lado es un gozo pues su vida ha sido plena y feliz, serena y en paz, con ganas de seguir viviendo y sirviendo, en sus dedos ha desgranado rosarios enteros cuantos fuesen necesarios para aliviar el dolor del mundo, su paso entre nosotros s un gran testimonio de vida” dijo.

La misa fue oficiada por el padre Gilberto Castillo de la congregación de Monjes Adoradores Perpetuos del Santísimo Sacramento.— Emanuel Rincón Becerra

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán