El despertar cívico del domingo 13 en todo el país, con una oposición unida de nuevo ante el empuje ciudadano demostrado en las masivas manifestaciones, podría ser ya un freno a los intentos del presidente Andrés Manuel López Obrador de concretar las reformas electorales constitucionales que implicarían la desaparición del INE para dar paso a un nuevo organismo electoral.
Una muestra del posible rechazo a la reforma es que el primer mandatario anunció que tiene un plan B, al no contar Morena y sus aliados con la mayoría calificada en la Cámara de Diputados y el Senado.
El impacto de las manifestaciones ha sido evidente. Hay cálculos de la asistencia de más de 250 mil personas a la marcha en Ciudad de México y de más de 2 millones en todo el país.
Algunos analistas, incluso, consideraron que si la reforma se votara hoy estaría muerta por la presión ciudadana. Sin embargo, también afirmaron que como no será así, el gobierno federal todavía tiene tiempo para negociar con o doblar al PRI, cuyos votos necesita, aunque hasta ahora el presidente nacional de este partido, el campechano Alejandro Moreno, ha dicho que defenderán al INE.


Un problemático Plan B
El plan B del presidente también tendría problemas. En su mañanera del 16 de noviembre reconoció que no será posible la idea inicial de ese proyecto porque la mayoría de los puntos que propone requieren de modificaciones en la Constitución, para las que necesitan las dos terceras partes de los votos del Legislativo, que no tendrían aún.
Ese mismo día, en la tarde, se informó que la coalición Va Por México revivió en la Cámara de Diputados durante una conferencia de prensa en la que los coordinadores parlamentarios del PAN, PRI y PRD señalaron que van juntos en contra de la reforma electoral del titular del Ejecutivo federal.
El periodista Salvador García Soto escribió: “Un día después de la marcha ciudadana del domingo en defensa del INE…, ya hay dos víctimas claramente identificables de la manifestación multitudinaria que tuvo lugar en al menos 60 ciudades del país y del extranjero.
“La primera víctima fatal es la reforma electoral del presidente López Obrador, que ayer el PRI nacional anunció que votará en contra en la Cámara de Diputados, con lo que se rompe la mayoría calificada necesaria para aprobarla; y la segunda víctima política es la jefa de Gobierno capitalina, Claudia Sheinbaum, que fue exhibida y rebasada en una ciudad en la que ya perdió el control político”.
La exgobernadora yucateca Dulce María Sauri Riancho consideró en su columna en el Diario que “esa energía dominical impulsará las siguientes acciones, bajo la premisa fundamental de que habrá de ser la sociedad organizada la que tome la vanguardia, de aquí en adelante”.


También afirmó que “los procesos de negociación comunes en las cámaras de Diputados y de Senadores deberían, en esta ocasión, ser absolutamente rechazados por la oposición del PAN, PRI y PRD por no ser momento para cambios constitucionales de gran calado, a escasos meses del inicio del proceso electoral 2024”.
A favor de la iniciativa electoral presidencial, el profesor Filiberto Pinelo Sansores se preguntó, entre otras cosas: “¿Es contrario a la democracia proponer que sea la sociedad la que elija al árbitro de las contiendas y no los partidos; que se reduzcan los onerosos salarios de los consejeros electorales; que se les deje de dar tanto dinero a los partidos como el que ahora reciben; que deje de haber diputados y senadores plurinominales por los que nadie vota pero que se llevan tajadas grandes del presupuesto; que se reduzca de 500 a 300 el número de diputados federales y de 128 a 96 el de senadores?”
La reforma electoral se votaría el 29 de este mes en la Cámara de Diputados, en plena fiebre mundialista y dos días después de la megamarcha que encabezará el Presidente.
La reforma electoral, bajo el análisis de periodistas
Mariana Pacheco Ortiz- Editora de yucatan.com.mx
La sociedad mexicana actúa, sin temor y con decisión, ante situaciones de emergencia. Ocurre ante las catástrofes naturales. La sociedad se organiza y supera al gobierno para ayudar a los demás. En esta ocasión, ese resorte se activó ante un riesgo: el de perder la integridad de una institución que cuenta con la confianza de los mexicanos.
Con las múltiples y multitudinarias expresiones ocurridas el domingo 13 de noviembre, en las calles se confirmó lo que encuestas recientes han documentado para el lugar apreciado que tiene el Instituto Nacional Electoral en los mexicanos: ocupa el primer lugar confiable de las instituciones civiles; antes de él solo se encuentran el Ejército y la Guardia Nacional.
Así que la respuesta ciudadana fue acorde con el tamaño del aprecio y la confianza al INE. Es algo que no tomó en cuenta el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien cada vez más reproduce los mismos comportamientos de sus antecesores priistas. Hoy, su actitud y respuesta es la misma que Carlos Salinas de Gortari: “Ni los veo, ni los oigo”.
La movilización ciudadana tuvo, por tanto, una razón concreta: solidaria en la urgencia ante el amago autoritario. No quiere decir que eso tenga un cauce y que se traduzca en un despertar cívico de rechazo ante un gobierno que solo hace propaganda porque, lejos de dar resultados, es una calamidad. Ojalá ocurriera. Aún es como el niño que, tras un prolongado letargo, se despereza antes de incorporarse.
Aún falta conciencia. Una de las encuestas más difundidas, levantada una semana antes de la marcha, señala que los principales problemas del país son: corrupción, inseguridad, violencia, crisis económica, narcotráfico, en ese orden. Pero en esa misma encuesta que pone en primer lugar las prácticas corruptas, el 49.9% dice que México “va por buen camino”, frente al 41.9% que indica “va mal”. Sí, es contradictorio.
“Que vea quien quiera ver, y escuche quien quiera escuchar”, dice Elena Chávez en “El rey del cash”, un libro que se inscribe en esa necesidad de ver con objetividad el modus operandi del grupo hoy en el poder, sustentado en secrecía, ilegalidades y delitos. Se necesita que la sociedad mantenga su vigor y emprenda un inequívoco despertar cívico para evitar que esas prácticas indebidas sustituyan la vida democrática del país.
Gabriel Novelo Burgos- Coordinador de vídeo
Ante las pasadas movilizaciones en varias partes del país en defensa del INE contra las pretensiones del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, considero que se puede tomar como un ligero despertar cívico, con lo cual demuestra en cierto grado el hartazgo de la sociedad ante los autoritarismos, “dedazos” o procesos rápidos (“fast track”), que no analizan o contemplan a fondo todas las aristas.
La sociedad aún no llega a su límite pero, ante los hechos, demuestra claramente su desacuerdo ante esta iniciativa. Sin embargo, este tipo de movimientos no creo sean suficientes para detener este tipo de propuestas, pero espero que por lo menos sirva para replantearlas de manera sensata.
La manifestación ciudadana de pasados días fue un llamado para el presidente recordándole lo que dijo el 1 de diciembre de 2018: “El pueblo me ha conferido de manera democrática (ejercer como presidente), mirando en todo por el bien y la prosperidad de la unión y si así no lo hiciere, que la nación me lo demande”.
Iris Ceballos Alvarado- Reportera de la Agencia Informativa Megamedia
Los movimientos sociales registrados en los últimos días en defensa del INE son una clara muestra del cansancio de la sociedad por el actuar del presidente de la república. Pueden interpretarse como un despertar cívico, ante la necesidad de salir a la calles para decir “no estoy de acuerdo”, ya que de otra manera hay oídos sordos.
Los ciudadanos quieren ser escuchados y que su opinión sea tomada en cuenta, y de ahí las manifestaciones realizadas.
Es evidente que la sociedad está harta de las decisiones tomadas por AMLO, que no son por el bien del país, sino pensando en su propio beneficio y el de sus allegados. Hay una gran decepción por parte de muchos mexicanos respecto a su gobierno y el manejo que ha dado a las instituciones, y a su recurrente necesidad de imponer, avalado por otros que, como él, solo buscan el poder por el poder, y no para ser verdaderos líderes que trabajen en el bien común.
Aun así la sociedad no ha llegado a su límite, hay pereza social, si fuera de otra manera no hubieran marchado medio millón de personas en Ciudad de México, sino el doble o el triple, y en Mérida la cadena humana alrededor del edificio del INE, aunque rebasó las expectativas de los organizadores, no hubieran sido de cinco mil asistentes, sino muchos más. Somos una sociedad apática, conformista, que necesita ser tocada de manera individual para responder. Pero ojalá otros se contagien de este llamado a defender las instituciones y la democracia.
Detener las iniciativas del presidente que atentan contra la democracia y las instituciones en general no es algo sencillo, pero si el pueblo se une y se manifiesta, será más difícil que pueda seguir imponiendo.
Quienes tienen en sus manos el ratificar las iniciativas presidenciales hoy más que nunca están en la mira, no habrá perdón en las urnas para quien traicione al país, si es que eso sirve de algo.
Miguel Chan Mézquita- Editor de la sección Nacional-Internacional
La gran manifestación del domingo pasado en defensa del INE no solo fue un despertar cívico de un enorme sector del país, también fue un duro golpe al estilo de gobernar del presidente Andrés Manuel López Obrador de dividir a la sociedad, haciéndole creer que cualquier cosa que se oponga a sus designios no tiene respaldo ciudadano alguno, a fin de desalentar a sus críticos y facilitar así su control político sobre el país.
La sociedad despertó el domingo porque por fin vio con claridad que es real que el presidente tiene un proyecto transexenal y el peligro de que se pierda lo mucho que se ha avanzado en materia democrática mientras el país está distraído en otras cosas.
La marcha fue una réplica eficaz a la polarización que promueve el presidente porque el mensaje es que la sociedad sí se une para defender sus instituciones y quiere vivir con ellas porque las considera legítimas.
Fue, además, hartazgo al discurso repetitivo y hueco de las conferencias matutinas y un mensaje adicional de que la sociedad ya perdió el miedo a ser insultada y descalificada por el sistema.
Lo deseable es que ese hartazgo se convierta en el dique que frene cualquier otro proyecto descabellado del presidente, pero hay que mantenerse atentos y no olvidar que López Obrador es un político tenaz y muy hábil.
Lo que empezó el domingo es una lucha de fuerzas entre el gobierno de la autodenominada 4T y la sociedad, y si la sociedad quiere conservar sus instituciones, no debe dar ni un paso atrás.
Jessica Ruiz Rubio- Editora de contenidos especiales de yucatan.com.mx
Y la gente salió a las calles. Fueron miles y es muestra de que existen sectores amplios que reconocen a las acciones de la sociedad civil organizada como un contrapeso del poder. Esa fue la razón de ser del Instituto Federal Electoral, hoy INE. Fue un logro de grupos ciudadanos en pro de la democracia.
Y esa fue la razón de que tanta gente de edades, sectores y creencias políticas diferentes coincidiera en algo. Está en riesgo la imparcialidad y la autonomía del órgano electoral, ese que se fue construyendo poco a poco y que a la fecha ha demostrado músculo y oficio para organizar elecciones confiables.
Considero que mientras las luchas sean en torno a ideas concretas o en defensa de las instituciones que hoy sostienen nuestra democracia, habrá una buena respuesta. El riesgo estaría en personalizar el discurso o en caer en provocaciones. Las manifestaciones no deben ser para desacreditar al presidente Andrés Manuel López Obrador, pues es polarizar más el debate. Las posturas radicales no aportan. Sin embargo, las manifestaciones sociales deben dejar claro que es posible y sano no estar de acuerdo con las acciones del gobierno, incluso cuando se ha votado por él.
En el caso de Yucatán la manifestación hizo recordar las marchas y manifestaciones de finales de los 80 y principios de los 90. Cabe recordar que la entidad ha destacado por su alta participación en los procesos electorales, por arriba de los promedios nacionales. La marcha del “13N” fue un buen ejercicio y un gran recordatorio. No era la primera vez que la sociedad salía a las calles, pero sí la de mayor convocatoria de la historia reciente. Y la respuesta del presidente ha dejado claro que sí sirvió.
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En cuanto a participación cívica, fue un buen comienzo, pero solo eso. Faltará mayor presencia en todos los canales posibles, presenciales y virtuales, para incidir realmente en las decisiones políticas. Vienen más manifestaciones. Se requerirá mayor organización, más información y menos polarización. Otro pendiente de los grupos organizados es dejar claro qué es lo que se busca con las manifestaciones, difundir datos sin descalificaciones y explicar las repercusiones de aplicar las reformas propuestas.
