La nueva tendencia mundial en turismo apunta a los sitios de naturaleza y en este sentido el sector rural de Yucatán tiene un alto potencial para atraer mayor número de visitantes, según dijeron ayer panelistas del Foro Turismo Sustentable.
En el evento, organizado por el Consejo Empresarial Turístico de Yucatán (Cetur) en la zona arqueológica de Dzibilchaltún, destacaron que la tendencia del turismo del futuro también es la de proximidad, el respeto al medio ambiente y a los sitios históricos.
Se pronunciaron a favor de que el dinero que dejan los turistas sirva para que mejore la calidad de vida de los habitantes de las comunidades rurales.
Otro aspecto que recalcaron es el de un turista más responsable. Incluso, apuntaron, hoy se puede pensar en escoger el tipo de turismo que debe llegar al destino; no solo es traer por traer visitantes, porque en ocasiones dejan hábitos negativos.
Los panelistas fueron Fernando Mandri Bellot, Samuel Jouault y el arqueólogo yucateco José Huchim Herrera, moderados por el presidente de Cetur, Jorge Carrillo Sáenz.
Fue un evento al aire libre que tuvo como fondo el templo maya de Las Siete Muñecas de Dzibilchaltún y estuvieron presentes el director del Centro INAH Yucatán, José Arturo Chab Cárdenas, y la directora de la zona arqueológica de Dzibilchaltún, Federica Sodi Miranda.
La primera pregunta para los panelistas fue sustentabilidad y cómo aplicarla en el sector turístico.
“El tema de turismo sustentable es un término que a veces nos confunde, siempre se va por la naturaleza, pero tiene una parte económica, social y ambiental”, dijo el doctor Mandri. “Cuando trabajamos en gestión, tiene que ser sustentable, es transversal en todo el trabajo en el ámbito empresarial”.
Visiones del turismo en las zonas mayas
Los panelistas del Foro Turismo Sustentable efectuado en esta ciudad fueron Fernando Mandri Bellot, Samuel Jouault y el arqueólogo yucateco José Huchim Herrera.
Se indicó que antiguamente llamaban al turismo la industria sin chimeneas, pero generan impacto negativo. Afortunadamente, se dijo, cada vez son conscientes de este impacto.
Por ejemplo, con la pandemia se limpiaron los canales de Venecia, se vieron osos en Monterrey, pero pasó la pandemia y se vuelve al mismo turismo de impacto negativo.
El doctor Mandri afirmó que el 75% de los sitios del patrimonio de la Unesco no tienen un estudio de descarga de visitantes, lo que significa que puede que haya más personas que el sitio arqueológico puede sostener.
Sobre cómo se aplicaría la sustentabilidad en las zonas arqueológicas, el arqueólogo Huchim Herrera explicó:
“Los conceptos tienen que ser claros y transmitidos a todos los niveles. El problema que tenemos es la falta de respeto al medio ambiente, la economía y mejora social, que no aterriza en las comunidades donde están los destinos turísticos.
“En Uxmal, que es el lugar donde he trabajado más tiempo, integramos a las comunidades, capacitamos a hombres y mujeres para contratarlos en el trabajo arqueológico. Hace 40 años el arqueólogo Víctor Segovia limpió el área visitable de Uxmal y el INAH se ha preocupado por conservarlo y hoy ya tiene 100 años ese sitio histórico”, dijo.
Además, es la única zona arqueológica que durante 30 años ha sumado a los habitantes de Santa Elena y San Simón al trabajo arqueológico y eso impulsa la economía del lugar.
En lo que no está de acuerdo Huchim Herrera es con el convenio entre el gobierno del Estado y el INAH para el cobro de servicios del Patronato Cultur porque las zonas arqueológicas generan $650 millones al año y ese dinero no retorna para la conservación del sitio, las mejoras, investigación y mantenimiento de las zonas arqueológicas, que realiza con mucho esfuerzo el INAH.
“Hoy tenemos los sitios conservados y tiene mucho que ver la gestión. Es importante que todos lo tengan claro: hay que darle oportunidad a las comunidades donde están los sitios turísticos y valorar su riqueza. Hay historias que están bien guardadas y eso es un potencial muy grande para darle el valor que tienen los yucatecos, desde las raíces prehispánicas. Sin duda, nos falta trabajar mucho”, recalcó.
“Los turistas deben aprender sobre la forma de pensar y de vivir de los mayas. Esas son las experiencias que buscan”, recalcó.
Por su parte, Samuel Jouault se pronunció por formar jóvenes estudiantes y de las comunidades en el “habiturismo comunitario” porque observar aves endémicas y migratorias es una buena actividad de contacto con la naturaleza y vivir experiencias en las comunidades es otra, pero con mucha planeación porque no cualquier lugar puede ser turístico.
Por ejemplo, en el programa de aldeas mayas más de 25 comunidades exhiben la pobreza que tienen y eso es triste porque no tienen las condiciones para recepcionar a los turistas. Incluso, cuando termine el tiempo de los funcionarios que impulsan este programa crearán mucha frustración en las comunidades, dijo.
Afirmó que el sector del turismo comunitario, en especial de espacios naturales, ha ido cobrando mucho interés a nivel mundial.
Con la llegada de la pandemia su equipo de trabajo realizó un decálogo en el sentido de que este turismo no puede ser un copia y pega porque cuando una persona entra a casa hay reglas que se deben de respetar.
“Hemos conformado 24 cooperativas de turismo comunitario bajo el título Viaja seguro y solidario, viaja al turismo comunitario, pero las certificaciones de estos destinos se dan en Ginebra, París y Madrid, pero no están adaptadas al país, son criterios muy sencillos que se deben adaptar a la vida cotidiana, en eso trabajamos”, informó.
“Hemos elaborado un mapa carretero para visibilizar los otros tipos de turismo alternativo, ya estamos viendo el tema del ecoturismo de cómo va aumentando la afluencia. Un ejemplo, los 25 cenotes de Homún llegan a un punto de sobrepoblación de visitantes, es un tema que hay que guardar bien en la mente porque se puede volver una anti promoción del turismo comunitario”.
Otra pregunta fue ¿ha cambiado la preferencia del turismo en los dos últimos años?
El doctor Mandri consideró: “ha cambiado, no por el destino, sino por el viajero que es más responsable, está preocupado por los impactos negativos, quiere que su dinero se vea reflejado en la comunidad y no ver sitios pobres, con atractivos increíbles, como pasa en México y el mundo”.
“La última COP 27 fue un fracaso en Egipto porque la copa del mundo de fútbol tiene estadios con aire acondicionado y el concepto de sustentabilidad es de antaño, es una caja de pandora, está limitada, últimamente un estudio sobre las cooperativas turísticas a principios de 2021 arrojó que hay más de 80 conflictos con comunidades que han apostado al turismo rural en la Península de Yucatán”, indicó.
“El turismo estaba asociado al destino de playa, pero hoy está dividido; creo que lo fundamental es pensar en lo local, hemos aprendido de la pandemia, si la plataforma de sustentabilidad es vencida, Yucatán y la Península es un laboratorio para hablar de todo lo que es el etno, desde las experiencias mayas”.
Por su parte, el arqueólogo Huchim Herrera dijo que cada región tiene su vocación y ésta hay que dimensionarla y poner en valor a la comunidad o estructura arqueológica. Es claro que Chichén Itzá depende del turismo de Cancún, es que así, los visitantes sólo van, se toman la foto y se regresan.
En cambio, el turismo que va a Uxmal es más interesado en la cultura maya y la naturaleza. Esta clase de turista documenta, contempla, visita, disfruta, no solo el sitio sino el entorno natural. Ve que turistas españoles recorren la ruta Puuc, disfrutan la naturaleza y este tipo de turistas propicia que las comunidades se organicen para ofrecer recorridos. Los guías de la misma población se capacitan. Esta es una parte que la autoridad debe atender y reglamentar porque de repente llegan personas que venden paquetes de paseos, entran en forma ilegal a sitios que no están abiertos al público y eso es un riesgo para las zonas arqueológicas, dijo.
“Las comunidades tienen muchos valores, estamos trabajando con la Universidad de Valencia, España, un estudio en Santa Elena para convertir un circuito turístico. Ya tenemos como 8 años que restauramos edificios del Siglo XVI, allí se come muy rico, hay mucho potencial, hay que analizar y ver con pinzas este destino para no llegar e irrumpir la vida del pueblo”, dijo el arqueólogo.
“Es la riqueza que tenemos que transmitir, no verlo y aplicarlo en la forma occidental, si no que aprendamos de la vida maya”.
Samuel coincidió que el turismo comunitario y de naturaleza ha ido cobrando mucho interés y ya está convertido en un potencial del turismo del futuro.
“Las estadísticas del INAH de 2021 nos dicen que millones visitaron las zonas arqueológicas y los museos, de los cuales el 36% fue turismo nacional y el resto extranjero. Estas tendencias internacionales nos hacen pensar que el futuro es el turismo de proximidad, cómo el propio estado no conoce su patrimonio cultural e histórico”, destacó Samuel. “Nos sorprende que el turismo comunitario ha evolucionado, pero para el turismo internacional porque las comunidades mayas de la península no van a los sitios y son 5 millones de habitantes en la Península, pero la pandemia modificó este tipo de actividades turísticas por lo que hay que trabajar los nichos de mercado”.
Dijo que se necesita una inteligencia colaborativa e intersectorial para trabajar el turismo a futuro para que no solo sea la gallinita de huevos de oro por un tiempo.
Los panelistas también propusieron dejar atrás los modelos de desarrollo turístico de hace 50 años porque ya se vio que generan muchas carencias en las comunidades y éstas son las grandes perdedoras en este negocio.
Indicaron que hoy el turismo debe de ser una actividad justa, que pague bien a los trabajadores, pensar en ser más equitativos, que los beneficios sean parejos, que cambie la forma de trabajo, que tomen en cuenta a las comunidades y se pregunten cómo quieren que se vea la comunidad, cómo se ven los habitantes con un destino turístico auténtico y único donde ellos tienen el trato preferencial.
