Hace 16 años, observando a artesanos de Quintana Roo, Alfredo Poot Dzib descubrió su vocación. En aquel entonces trabajaba como ejecutivo de ventas en el polo turístico y en su mente no figuraba realizar lámparas o adornos con jícaras, lecs y calabazos.

“Mi trabajo ahora es hacer artesanías con lecs, pero más que nada por el tema del rescate del producto”, dice Alfredo, quien con su trabajo se ha presentado en importantes foros como la Semana de Yucatán en México y la Feria de Tunich.

Alfredo, quien con apoyo del Indemaya se prepara para llevar sus productos a Estados Unidos este mes, dice que gracias a su trabajo como artesano ha conocido muchos lugares.

Originario de Hopelchén, pero residente de Valladolid desde hace 17 años, Alfredo aprendió con solo observar a las personas de Quintana Roo que con jícaras y calabazos hacían lámparas, tortilleros y alhajeros.

“Aprendí observando a los artesanos de Quintana Roo, veía en la calle como trabajaban. Yo no sabía nada de artesanías, no conocía las herramientas, pero tuve la pasión y el gusto de hacerlo y en poco tiempo aprendí a hacer estos detalles”.

Relata que en un principio le resultó difícil, pues no sabía dónde conseguir la materia prima. Muchas veces se topó con que el que lo siembra había muerto o que ya no existían semillas o que se había perdido la cosecha.

Como pudo, recuerda, consiguió las semillas y las repartió a los campesinos, quienes se mostraron un poco escépticos, pues dudaban que él les compraría toda la cosecha.

“Les expliqué que era un proyecto de diez años y que yo les iba a comprar todo, y para que tuvieran confianza, compré una camioneta para transportar el producto. Ahora, esos campesinos trabajan conmigo y yo tengo producto todo el año”.

Para que no se pierda la labor, Alfredo ahora está capacitando a campesinos de Libre Unión. “Son productores de la materia prima y ahora ya son artesanos, ya aprendieron ese trabajo, y me da gusto que mi conocimiento ya lo estoy heredando a gente que ya lo está aprendiendo”.

Señala que con su trabajo obtiene lo suficiente para vivir. “No vamos a decir que nos vamos a volver millonarios, pero sí nos da para lo básico, para la familia, que es la que me apoya y me ayuda, porque ellos (su esposa e hijos) van lavando, van limpiando. Ya es un negocio familiar”.

Relata que toda artesanía tiene su proceso, y la que él hace primero tiene que ir por el producto en el campo, luego limpiarlo, seleccionarlo, abrirlo, lavarlo.

“Más o menos una pieza nos lleva 3 o 4 días para que esté listo para tener el proceso de elaboración, y ya luego nos lleva otros dos días para tener el diseño y ya tenerlo acabado”.

Lo mejor que le ha dado su actividad es que lo disfruta con su familia y la gente que conoce. “Pero también me da satisfacción porque voy conociendo lugares y a grandes maestros con los que intercambio experiencias”.

Alfredo asegura que su producto ha llegado a lugares tan lejanos como Francia, Alemania, Estados Unidos, Brasil y Argentina… “Hace poco me pidieron dos piezas para llevarle al Papa Francisco en el Vaticano”.— IVÁN CANUL EK

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