El Parque Zoológico del Centenario no solo ofrece diversión para las familias, pues sus instalaciones también dan cobijo a artesanos e incluso gente que realiza actuaciones para arrancar una sonrisa a más de uno.
Uno de ellos es Ernesto Mosqueda que desde hace 18 años es titiritero, que los sábados y domingos da la bienvenida a los vistantes junto a un simpático monito que baila salsa.
La marioneta fue realizada por él mismo. Las “actuaciones” del monito le brindan gusto al darle vida a algo inanimado, “sobre todo darle sentimiento y emoción a un objeto no es nada fácil y ese es el trabajo más complicado del titiritero”, comparte.
“Improvisar ante un hilo roto, concentrarse para estar al tanto de la marioneta y de los espectadores, tener un control y sobretodo práctica que parece fácil pero no es así”, dice.
“Parece que ellos bailan solos”, dice la gente que los ve, y para Ernesto es la prueba de que su show es entretenido.
Finalmente invita a los niños y a sus papás a ir al Centenario y ponerle nombre al changuito.
En la explanada frente a la estación del trenecito se instala un grupo de artesanos de diversos giros.
Uno de ellos es Gabriela Campos Caamal, quien junto con su familia, realiza bordados de hilo de hamaca.
Sus productos incluyen hamacas para mascotas, aunque éstas la comenzó a hacer hace cuatro años.
Ella comparte que su abuelo les enseñó el urdido de hamacas, técnica que pensó podría servirle para hacer algo para sus mascotas.
Otro de sus productos que llama la atención es la hamaca con diseños frutales, como el modelo que llama pitahaya, en la que aplica la llamada “técnica de agua”, en la que se necesita más manipulación de hilo, pues la puntada es más cerrada por lo que se utiliza una aguja más pequeña.
Sus diversos productos se pueden ver también en las redes sociales, donde aparece como “Dalulu Cositas y más” o los fines de semana en la explanada del Centenario.
Otro producto que no puede faltar son los elaborados a base de miel de la abeja melipona.
Silvia Cetz Barroco comenzó hace cinco años el proyecto familiar denominado Yaanicté, para el rescate de estas abejas.
Junto con su familia elaboran jabones, dulces, cremas y otros productos con la miel de la melipona, que es considerada medicinal al provenir del flores de plantas a las que se atribuyen propiedades medicinales.
La razón por la cual es considerada cara esta miel es porque la cosecha de la melipona es más cautelosa y manual y solo se saca la miel en pocas colmenas y es anual.
Su hija Pamela, quien es ingeniera agrónoma con especialidad en producción animal, en 2009-2010 entró al rescate de la abeja melipona, por lo que capacitaba en las comunidades a personas que no sabían cómo conservar sus colmenas y solían perderlas.
Nuestros abuelos no nos enseñaron cómo cuidar a las abejas, dejándonos sin conocimiento y provocando que las colmenas se perdieran. Es por ello la importancia de la capacitación y reproducción de la melipona, que actualmente está considerada como en peligro de extinción, apunta.— Sofía Vital Chablé
