Alfonso González Fernández

Mejorar la colaboración entre la técnica y la política debe ser comprendido como un esfuerzo bidireccional, pues partiendo desde el punto de vista científico, los resultados obtenidos a través de la investigación deben generar soluciones más aplicables, lógicas, prácticas y, sobre todo, más factibles de aplicar en la sociedad.

Los funcionarios públicos a menudo actúan con información incompleta sobre las consecuencias de las opciones al promover obras de infraestructura, debido generalmente a que sus acciones las “justifican” en los valores y prioridades de potenciales electores.

Por ello resulta importante que se establezcan líneas de comunicación en dos vías, las cuales deben ser lo suficientemente amplias e incluyentes, en donde las premisas de sencillez, respeto y claridad, a pesar de las incertidumbres que rodean la toma de decisiones para invertir en infraestructura, tienen que ser previa y claramente determinadas.

Beneficiarios. La promoción de inversiones en cualquier tipo de infraestructura debe fijarse como meta fundamental estableciendo el beneficio colectivo con una visión sustentable a los plazos que correspondan según su naturaleza.

En esta consideración debemos distinguir y situar a dos tipos de potenciales beneficiarios:

1) Ciudadano. Es el objetivo y debe ser el punto de partida de todas las obras de infraestructura, es decir, la sociedad en su conjunto, pues será la que obtendrá mayor bienestar por las obras que se desarrollen.

2) Autoridades. El segundo beneficiario sin duda son las autoridades que gestionen adecuadamente las inversiones y obras, pues lograrán el consentimiento por su labor y, eventualmente, su ratificación para seguir en el servicio público, por sus buenas notas.

Todo lo anterior puede decirse muy fácil y hasta entra en primitivos discursos de campaña, pero debemos aplicarnos y sobre todo esforzarnos para exigir y hacerlos realidad, evitando que se conviertan en “rollos” o demagogia barata.

La exigencia de recurrir a la técnica para evaluar acciones referentes a la construcción de infraestructura tiene fundamentos sólidos, pues con base en ello se conseguirá tomar las mejores decisiones, al ser debidamente analizadas previa y justamente.

En ocasiones, ni son las más comprensibles como tampoco las más “taquilleras”, ya que hay quienes evitarán lo que les reste votos, decantarán sus decisiones recurriendo al relumbrón mediático.

La lucha actual para considerar a la técnica en la toma de decisiones en obras de infraestructura nos pone frente al encierro tradicionalmente aceptado de que la política es pura cuestión de medios y no de fines.

Paladines. Anteriormente los “líderes” se jactaban de tener ese olfato o visión para decidir, excluyendo a los técnicos, en lugar de apoyarse en ellos, o bien recurriendo a los cuates o a los mismos de siempre para justificarse.

La reducción de inexactitudes en la toma de decisiones para las inversiones basadas solamente en la política electoral se caracteriza por utilizar parcialmente lo técnico e implica excluir algunos argumentos de toda discusión.

El fin de acudir a la técnica, aunque sea más tardado su proceso de análisis, no es un problema sino un principio que neutraliza la acción y anticipa el discurso que tratará de convencer solo con palabras.

Existen dos elementos que pueden ser considerados como virtudes, pues la racionalidad técnica y el pensamiento experto, aparecen como los principales instrumentos para legitimar la toma de decisiones en el campo de la política en las obras de infraestructura sustentable.

Comunicación. Hoy somos testigos de las fricciones abiertas entre los expertos en asuntos de Infraestructura, Patrimonio y Desarrollo Urbano con los responsables políticos en donde las redes sociales también han contribuido a la confusión o a la desinformación.

Lo ideal sería que la ciencia y el gobierno lograran trabajar en armonía, buscando mejorar las políticas públicas, para que nosotros los ciudadanos consideremos ambos como complementarios y no como antagonistas.

La ciencia ha respondido muy bien a cualquier reto, pero necesita mayores espacios y consideraciones, pero sobre todo que sus recomendaciones sean observadas, lo que implica su inclusión en términos absolutos por quienes toman decisiones políticas.

Corolario: “La racionalidad técnica en infraestructura legitima la toma de decisiones políticas”.— Mérida, Yucatán.

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@alfonsoengineer

Consejo Mundial de Ingenieros Civiles (WCCE), Past President

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