Los planes de Erick Ermilo Polanco Lugo eran otros y en su mente no figuraba ser funerario, profesión que desempeña desde hace más de 30 años y para la cual, asegura, nació.
Originario de Izamal, Polanco Lugo estudió para contador público, pero ante las escasas ofertas laborales respondió al anuncio que vio en Avisos Económicos: “Se solicita empleado funerario”.
Decidido llegó a la cita, a pesar de que el mundo funerario le era desconocido.
“Inicié en 1990 como auxiliar operativo y poco a poco me fui involucrando, me di cuenta que se trataba de un trabajo especial, pues la atención que se le da a los cuerpos es con mucho respeto”.
En sus comienzos, confiesa, llegó a temerle a los cuerpos, además que tuvo que aguantar bromas de sus compañeros que, conscientes de su novatez, lo asustaban haciendo ruidos extraños o apagándole las luces.
Como auxiliar su labor era levantar cuerpos, bañarlos, transportarlos al cementerio o al crematorio, pero fue tal su empeño que no tardó cuando lo buscaron para servicios solo.
Entonces ya había aprendido a interpretar los certificados de defunción para conocer la causa de muerte y manejar el cuerpo con seguridad.
Más adelante aprendió a hacer necropsias, embalsamientos y tanatoestética.
La tanatoestética, explica, empieza con el baño del cuerpo, labor que hace mientras platica con él.
“Los llamo por su nombre para que el cuerpo se vaya relajando, se vaya poniendo más dócil y se pueda trabajar. Le digo: te voy a bañar, te voy a maquillar, te voy a vestir como un homenaje para ti y que tus familiares te vean bien”.
“Ayúdame para que estés bien”
“Les digo que esto (la muerte) nos pasará a todos. Ayúdame para que estés bien en el momento de tu presentación”.
Luego de bañarlo le coloca al cuerpo un pañal, le pone talco y le rocía perfume. Después realiza el arreglo estético, con el fin de brindarle un tono natural a la piel.
“Cuando la familia requiere algo especial entra la tanatoestética. Es cuando dicen: quiero que esté así y se va dando el detalle, por ejemplo, si era bailarina y piden un maquillaje especial o si era payaso”, detalla.
A lo largo de su labor le ha tocado arreglar los cuerpos de militares que viste con sus uniformes, también de personalidades conocidas como Víctor Cervera Pacheco y Roberto Gómez Bolaños “Chespirito”.
Al cuerpo de “Chespirito”, recuerda, le tocó arreglarlo en Cancún y de allí lo trasladaron a Ciudad de México.
En sus más de 30 años ha visto todo tipo de cadáveres, pero los de los niños aún lo conmueven.
“En Cancún me tocó ver un accidente de tránsito donde había dos niños. Me tocó hacer la necropsia. Hablé con los familiares, sobre todo con la mamá que no quería soltar a los niños, dándole palabras de confianza”.
“Ella me entendió, se relajó, le dije que los bebés estarían conmigo, así estuve trabajando con los niños, pero casi se me salen las lágrimas”.
“Es difícil trabajar con niños, sobre todo si fallecen de una manera trágica. Empiezas a pensar en el futuro que hubieran tenido, la vida queque hubieran llevado. Te gana el sentimiento”.
¿Le ha tocado arreglar el cuerpo de un familiar?
“Intenté hacer uno, pero no pude, me ganó el sentimiento y me puse a llorar; de hecho, también cuando un compañero fallece no puedo realizarlo”.
¿Es verdad que en este trabajo ocurren sucesos paranormales?
“Sí sucede, pero tenemos que entender que estamos involucrados en el mundo de ellos. Aquí donde estamos hay esencias, presencias. Varias veces me ha sucedido que estando en una sala de velación a las tres o cuatro de la madrugada botan algún instrumento, te cierran la puerta, te apagan la luz o ves sombras”.
“Una vez, en una cremación vi parada en la puerta a la persona que estaba cremando. En ese momento sentí una heladez, me ericé, sentí que me temblaban las piernas y solo se me ocurrió rezar un Padre Nuestro. Creo que me tocó ver algo que nadie ha visto. Soy católico y con el Padre Nuestro ya no lo vi otra vez”, expone.
En otra ocasión, según recuerda, estando en la parte de atrás de la funeraria escuchó que le golpearon la parte de atrás de la camionera y al bajarse no había nadie. No conforme, acudió a la oficina a preguntar quién estaba atrás y le reiteraron que nadie.
¿Qué le ha quitado su profesión?
“Familia. Dos veces me separé. Llegaba a la casa y me decían: ‘apestas a muerto’, o compraba un ramo de flores a mi pareja y me decían que quién sabe a qué muerto se lo quité. Eso me enojaba, porque mi profesión nos da prosperidad y lo está despreciando. El trabajo de funerario es uno que se hace con respeto y merece respeto”, expresa.— IVÁN CANUL EK
Finados Servicios
Erick Ermilo Polanco Lugo tiene más de 30 años como trabajador funerario.
Sobre su profesión
“Lo mejor que me ha dado es que, en medio de la tristeza, he conocido lugares que nunca pensé conocer como Monterrey, Guadalajara, Oaxaca, Huatulco, todo el sureste por el traslado de los cuerpos. Lo que me satisface de esta profesión es que puede haber mil funerarios alrededor, pero el chiste es que tengas el corazón de servir”, indica.
