Originario de Chignahuapan, Puebla, Víctor Hugo Islas y su familia preservan el arte de la elaboración de esferas de vidrio soplado.
Este arte, que es uno de los distintivos de esa comunidad poblana, es una prueba de que mediante la dedicación y el esfuerzo las esferas de cristal artesanales han encontrado un nuevo hogar en el sureste del país, donde complementan la decoración de los hogares yucatecos como piezas únicas llenas de historia, destreza y creatividad.
La historia de este arte en Mérida comenzó en 2018, cuando Víctor Hugo, recién llegado a esta ciudad, decidió traer como regalo una esfera artesanal para su suegra. La pieza despertó la curiosidad de los que la vieron.
Familiares y amigos comenzaron a preguntar sobre la posibilidad de obtener una de estas piezas, lo que motivó a la familia a abrir las puertas a lo que se convertiría en una forma de ganarse la vida con esta artesanía.

Ante ello, Víctor Hugo y su esposa, Marisela Cáceres, originaria de Yucatán, decidieron traer esta tradición a Mérida.
Orlando, Sergio y Leticia Islas, hermanos de Víctor Hugo, también se unieron al proyecto.
El entusiasmo de los yucatecos por las esferas artesanales creció rápidamente, gracias al poder del “boca a boca” y al deseo de poseer una pieza única que representara el arte hecho a mano.
En sus primeros días, el negocio solo se centraba en las esferas, pero pronto se diversificó al ofrecer bases artesanales de madera y metal. Esto permitió también fortalecer la idea de que cada pieza, por pequeña que fuera, formaba parte de una cadena de trabajo colaborativo entre artesanos que demuestran la esencia de la elaboración de estas piezas.
Cada esfera es única en sí misma. El proceso de creación comienza con un tubo de vidrio, que los artesanos calientan a temperaturas extremadamente altas hasta que se vuelve maleable. Usando herramientas básicas y su experiencia, moldean el cristal soplándole hasta formar la esfera.
Este proceso es delicado y requiere gran habilidad y experiencia, ya que el vidrio no solo debe adquirir la forma deseada, sino también una estructura perfecta que permita decorarla con precisión.
Una vez moldeada la esfera, comienza el trabajo de la artesana decoradora, que aplica a mano los diseños, utilizando de referencia su imaginación y creatividad, lo que hace que cada pieza sea única.
“El diseño puede repetirse, pero nunca será igual en dos piezas. Esto es lo que hace que cada esfera tenga su propia personalidad”, explica Víctor Hugo.
Los artesanos aplican colores vibrantes y detalles finos, creando piezas diferentes. Desde esferas tradicionales con motivos navideños hasta diseños personalizados, cada creación lleva la creatividad e imaginación de quienes las hacen.
Entre los diseños más populares de estas esferas se encuentra el nacimiento pintado a mano, las manzanas y las flores de Nochebuena. Los colores son variados, el artesano sugiere combinaciones, pero el cliente decide los de su preferencia.
Las esferas con luces son otro atractivo principal; éstas se hacen con una base de madera y dentro tienen luces led, lo que proporciona otras opciones de decoración.
Las bases, hechas de MDF o metal, son cortadas con láser por un artesano para darle forma de media luna con algún diseño disponible o personalizado.
Los más utilizados durante esta temporada son los de nacimiento.
Las esferas de cristal no son solo un objeto decorativo, también son un reflejo de la extensa tradición artesanal mexicana.
Originarias de Chignahuapan, un pequeño pueblo ubicado en la Sierra Norte de Puebla, estas esferas han sido el emblema de la región durante generaciones.
Toman auge en Puebla
Aunque la tradición comenzó en Tlalpujahua, Michoacán, fue en Chignahuapan donde se perfeccionó el arte del vidrio soplado y se hizo famoso. Cada año, miles de turistas visitan este pueblo, especialmente en la temporada decembrina, para adquirir las esferas directamente de los talleres de los artesanos.
Chignahuapan no solo es reconocido por sus esferas, sino también por su impresionante Basílica de la Inmaculada Concepción, la cual posee en su decoración estas icónicas esferas artesanales. La rica historia cultural de la región se refleja en cada esfera, por esto, Víctor Hugo y su familia han decidido llevar esta tradición a Mérida, para que más personas puedan disfrutar de las esferas de cristal soplado.
Para Víctor Hugo, el negocio no es solo una fuente de ingresos, sino una forma de rendir homenaje a los artesanos que dedican su vida a crear estas piezas.
“Cada esfera tiene un valor que no se puede medir solo en dinero. Es el esfuerzo de muchas manos trabajando juntas para lograr algo hermoso. Cuando la gente compra una esfera, no está solo adquiriendo un producto, está apoyando a una comunidad de artesanos y preservando una tradición”, comentó Víctor Hugo.
El negocio familiar también busca mantener la esencia de lo artesanal.
A pesar de la competencia de productos hechos en fábricas, como las esferas de plástico o las importadas de China, Víctor Hugo subrayó que lo artesanal tiene un valor único que ponemos en cada pieza. “El cliente sabe que está comprando algo que ha sido hecho con mucho cariño y que no hay dos iguales”.
En Mérida, las esferas de Chignahuapan ya se han ganado un espacio especial en los hogares yucatecos gracias a las redes sociales.
La familia Islas no solo ha creado un negocio exitoso, sino que ha construido un puente entre culturas y generaciones, compartiendo con el sureste de México una tradición.
Las esferas de cristal soplado no solo decoran los hogares, sino que también conectan con nuestras raíces, nos recuerdan la belleza de lo hecho a mano y la importancia de valorar el trabajo de los artesanos.
Reconocimiento
También es fundamental reconocer la importancia de lo hecho en México, ya que esto nos permite comprender el tiempo, el esfuerzo y el valor del trabajo de los artesanos.
“Creo que es muy importante valorar las artesanías de nuestra gente, que son parte de México, independientemente del tipo de pieza. Hay que darle su verdadero valor y evitar regatear. Muchas veces la gente dice: ‘Oye, te doy 50’, pero no se dan cuenta de todo el esfuerzo detrás de cada pieza. Cada una es única”, reflexionó Víctor Hugo.- Por Karla Acosta
