Los personajes de las canciones de Francisco Gabilondo Soler cobraron vida en el Parque Cri-Cri de esta ciudad hace 50 años.
Así se denominó en su momento a ese pequeño terrero circular, al que se conoce como “la glorieta de Cri-Cri” hoy en día. Una decena de esculturas acompañan al Grillito Cantor que se encuentra en lo alto del espacio, cobijado por un árbol de tamarindo, entre otras especies vegetales.
Este parque, que fue punto de encuentro de los pequeños vecinos de la colonia Alemán y otros rumbos de Mérida desde la segunda mitad de la década de 1970, se inauguró el 30 de diciembre de 1974.
En la edición del 31 de diciembre de ese año, el Diario informó de la puesta en marcha del Parque Cri-Cri en la calle 27 (avenida Remigio Aguilar) entre 12 y 14 de la colonia San Miguel.
Los adultos que hace medio siglo fueron los niños que solían darse cita en esta área guardan en su memoria divertidos momentos que vivieron en el sitio desde que comenzó su construcción, en especial su estanque.
Ese reservorio de agua aún existe, como también la cascada sobre la que se ubica la figura del Grillito Cantor.
El estanque no tiene agua, solamente hojas secas y unos cuantos charcos, y alrededor de él hay más hojas y uno que otro tronco seco.
Esculturas están “para llorar”
La decena de personajes que evocan algunas de las canciones más conocidas de Cri-Cri ya no son aquellas deslumbrantes y fuertes figuras que se vieron en los inicios hace 50 años.
Ahora las esculturas están “para llorar”, como se escuchó durante un recorrido del Diario por la colonia. Piezas rotas, rajadas y despintadas constituyen el común denominador.
El Negrito Sandía parece que en realidad está comiendo la maleza alta y no su fruta. El Chivo Ciclista ya perdió una pata y está a punto de perder otra.
La gallina Cocorica está hueca, ni su buche ha resistido el paso del tiempo.
Así, otras esculturas que formaban una orquesta están incompletas o rajadas. Con los años recibieron mantenimiento, pero su situación actual evidencia que requieren atención urgente.
Ya no son las esculturas a las que se subían los niños para jugar y en las que se tomaban fotografías, aunque sigue siendo lugar de referencia de la zona.
En la publicación del Diario del 31 de diciembre de 1974 se indica que el gobernador Carlos Loret de Mola Mediz y el alcalde Efraín Ceballos Gutiérrez inauguraron el Parque Cri-Cri en una jornada en la que también se puso en marcha la nueva iluminación de la avenida Juárez, la del Reparto Dolores Patrón y la de una parte de Itzimná.
En el evento estuvo presente el joven Antonio Sanz-Polo Gabilondo, nieto de Francisco Gabilondo Soler.
En la ceremonia quedó patente que Mérida estaba rindiendo homenaje al cantante y compositor. El alcalde dijo que el Ayuntamiento ofrecía ese parque a los ciudadanos “con el mismo cariño con que Gabilondo Soler compuso sus canciones”.
En su turno, el nieto de Gabilondo Soler agradeció en nombre de su abuelo el homenaje de ese momento y el duradero que representaba la construcción del parque. La información detalla que el Grillito Cantor se ubicaba al centro, sobre una elevación de terreno de la que caía una corriente de agua, y distribuidos en el parque había un elefante, una gallina con sus pollitos, un chivo, un sapo, una zorra, un conejo, un negrito, un gato y un oso.
Las figuras fueron elaboradas en concreto por el dibujante Luis F. Escalante. El costo de la obra fue de 100 mil pesos, según datos oficiales.
Un espacio de convivencia en Mérida
La familia Carrillo Tamayo se alegró mucho de la inauguración de esta área hace 50 años, en lo que marcaba el final de la colonia. Óscar Carrillo Tamayo recordó que cuando era niño disfrutó del estanque mientras lo construían. Con sus hermanos y vecinos se iban ahí a dar chapuzones.
Óscar, quien vivió en la San Miguel unos 20 años, añadió que cuando avanzó la construcción del espacio dejaron de visitar el “laguito”, que no estaba cercado.
Carmen Tamayo Peraza viuda de Carrillo, vecina de la San Miguel desde hace más de 50 años, señaló que cuando se estableció en la colonia no existía la glorieta.
Había arbolitos, “como que estaba planeado que ahí terminara la colonia”, y lo demás eran plantíos de henequén. “A Jardines (de Mérida) íbamos por otra avenida”, dijo.
Afirmó que no se le dio la importancia que merecía el Parque de Cri-Cri. “Sí venía gente a tomar fotos, sobre todo los papás de los niños que estudiaban enfrente (en el Centro Escolar Miguel Alemán), cuando estaban construyendo el parque los chamacos se iban a dar sus chapuzones. Lo disfrutaron antes de que se terminara”.
A los vecinos no les consultaron nada sobre la obra. “No me acuerdo que nos hayan invitado a participar con dinero u opinar sobre algún tema”.
“¡Cómo no nos iba a gustar si los chiquitos estaban felices y contentos! Los chamacos iban al lugar”.
“Luego esta área se volvió una glorieta. Yo creo que estaba muy chico el espacio para ser un parque. No daba como para parque, en comparación con ese hermoso que tenemos en la Alemán”.
La señora Tamayo exhortó a las autoridades a mantener en buenas condiciones esta glorieta que ha sido referente de generaciones.




