“En estos momentos hay obras que podemos verlas como desarrollo cuando se planean y hacen bien, pero si el crecimiento de la población fluye con desorden, sin planeación, entonces estaremos construyendo la vulnerabilidad antes los fenómenos naturales”, advierte Francisco Bautista Zúñiga, investigador del Centro de Investigaciones en Geografía Ambiental de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
El doctor en Ciencias señala que, de acuerdo con datos oficiales, en 2020 los tres estados de la Península de Yucatán tenían juntos cinco millones 107 mil 246 habitantes y las proyecciones apuntan a un crecimiento de 25 por ciento a corto plazo, equivalente a un millón 857 mil 985 personas.
Ese crecimiento, advierte, generará problemas si no hay una planeación adecuada, porque la Península es un territorio kárstico que no aguantaría “un manejo intenso” con tanta población.
“Los problemas socioambientales no serán por el cambio climático, no se dejen engañar. Ése es el villano favorito de las autoridades para evadir su responsabilidad”, subraya.
El investigador dice que los habitantes y las autoridades de la Península tienen mucho que aprender de los efectos que generaron la Dana en Valencia, España, y los incendios forestales en la zona de Los Ángeles, California, que, insiste, no son efecto del cambio climático.
Incluso, anticipa algunos problemas que se podrían presentar: agua escasa —por la sobreexplotación— y contaminada, más incendios de selva y colapsos en suelos kársticos, cuya dimensión variará según la zona.
El doctor Bautista, presidente fundador de la Asociación Mexicana de Estudios sobre el Karst (AMEK), ha desarrollado varios proyectos y estudios sobre agua, ambiente y suelos en la Península de Yucatán. Difunde análisis de esos temas en un blog y en un canal de YouTube identificado con el título “Suelo, ambiente y algo más”.
Las medidas, a tiempo
El especialista ve en los recientes fenómenos naturales en Valencia y en Los Ángeles una ocasión para alertar de nuevo sobre conflictos que podrían ocurrir en los estados peninsulares si no se toman medidas a tiempo.
Sobre esas tragedias dice lo siguiente:
—La Dana o gota de agua fría, como se llama a las lluvias torrenciales en Valencia, dejaron cientos de muertos y pérdidas millonarias a la población. La Dana es un fenómeno conocido que se encuentra documentado en los libros de texto de geografía, no es nada nuevo. No es ni fue el cambio climático.
—Lo que sucedió es que se desatendieron el cuidado del ambiente, las estaciones meteorológicas, los satélites, el personal técnico calificado, las presas, la construcción de vivienda en humedales, el desvío del río… En fin, el mal manejo del territorio fue lo que ocasionó la desgracia. El pésimo manejo del riesgo, dirían los geógrafos.
—Las Danas seguirán ocurriendo. No las podemos detener, pero sí se puede mejorar, con mucho, la atención a la vulnerabilidad.
No el cambio climático
—En California se conoce muy bien la época seca. Los vientos de Santa Ana y los incendios se presentan periódicamente. Se sabe que el fuego se puede propagar con facilidad y que los materiales de construcción pueden funcionar como combustible en caso de incendio. No, no fue el cambio climático, no se engañen, ni se dejen engañar.
De acuerdo con el investigador, las causas de lo ocurrido en Los Ángeles son claras: se descuidó la atención a la vulnerabilidad.
“No se manejó adecuadamente el bosque (hojarasca, madera seca), no se hicieron las brechas cortafuegos, no hubo prevención, se desatendió el bosque”, añade.
“Las presas estaban secas por el uso agrícola del agua por parte de algunos acaparadores, no había avionetas cisterna… Por si eso fuera poco, hubo disminución y desvío de presupuesto, deficiente manejo de los cuerpos de protección civil y en lugar de técnicos altamente capacitados —como se esperaría de un país del norte global— se contrató a gente sin experiencia”.
Tomar las enseñanzas
El doctor en Ciencias recalca que los habitantes y gobernantes de los estados de la Península de Yucatán deben aprender de las consecuencias de esos desastres naturales y tomar previsiones frente al desorden en el crecimiento.
“Se vislumbra el crecimiento en las refresqueras, cerveceras, granjas porcícolas y avícolas, ranchos ganaderos, parques de diversiones, parques industriales, hoteles y unidades habitacionales, así como nuevas ciudades o el crecimiento de las que ya existen, cercanas a las estaciones del Tren Maya, puertos aéreos y marinos, infraestructura necesaria para mover insumos y salida de productos…”, enfatiza.
También considera que “no es sustentable” dejar a la iniciativa privada la responsabilidad total de la planeación del desarrollo, porque de esa forma solo se pone en la mira la rentabilidad de los proyectos.
“El nuevo POET (Programa de Ordenamiento Ecológico Territorial) fue realizado así, con base en los intereses de particulares, dejando de lado el conocimiento científico”, deplora.
Lo idóneo, apunta, sería un minucioso inventario de recursos naturales, sociales y económicos, haciendo partícipes a las comunidades que ya ocupan y usan el territorio.
A continuación enumera los problemas que se podrían presentar en esta región:
—Inundaciones en lugares previsibles, como el norte de Yucatán partiendo del Periférico meridano hacia la costa, así como en las partes bajas de Quintana Roo, como los humedales, y en grandes superficies de Campeche con predominancia de Gleysoles (suelos que están permanentemente saturados de agua) y Vertisoles (suelos con alto contenido de arcilla), los llamados “bajos inundables”
—En las costas de Yucatán y Quintana Roo serán pequeños los colapsos en suelos kársticos por casas, edificios, calles y carreteras, pero serán de gran tamaño y profundidad tierra adentro en Campeche y Quintana Roo.
—Los incendios vienen sucediendo en toda la península desde 2021, pero en 2024 fue tremenda la contaminación por los gases tóxicos. Desde los aviones se veía una gran nube de humo cubriendo la Península de Yucatán. La quema agrícola participa en la cantidad de humo, pero hay que considerar que los agricultores tradicionales son expertos en el manejo del fuego. Los incendios causados por las constructoras son los que dejan los mayores perjuicios al ambiente, a la biota y a la gente.
—En abril y mayo la atmósfera de la Península de Yucatán se llenará de humo de nuevo, pero ahora con mayor intensidad. Las autoridades deberían instrumentar medidas de contingencia en las ciudades y programación de la quema agrícola, y también advertir a los desarrolladores de vivienda que se considera un delito la quema de la selva.
—Habrá más problemas sociales por la sobreextracción del agua dulce y por la contaminación de los acuíferos. Hay que recordar que esos problemas cada vez son mayores. Ya llegó la hora cero para Homún, Hunucmá, Sitilpech y la costa yucateca.
—La conservación de las áreas naturales protegidas será clave. Allí se conservan la biota, relieve, suelos y agua.— ÁNGEL NOH ESTRADA
Orden Lo que viene
El investigador Francisco Bautista advierte de riesgos para esta región peninsular.
Crecimiento planeado
El doctor en Ciencias dice que se deben tomar medidas y ordenar el crecimiento, pues de lo contrario irán en aumento los problemas ambientales y sociales.
Llegará más población
Como ejemplo cita que se espera un crecimiento en las empresas refresqueras y cerveceras, granjas porcícolas y avícolas, ranchos ganaderos, parques de diversiones, parques industriales, hoteles y unidades habitacionales, así como nuevas ciudades o el crecimiento de las que ya existen, cercanas a las estaciones del Tren Maya.
Los que deben participar
También considera que en la planeación se debe hacer partícipes a las comunidades que ya ocupan y usan el territorio, pues al dejar sola a la iniciativa privada con esa tarea solo se pone en la mira la rentabilidad de los proyectos y se da paso a los intereses particulares, dejando de lado el conocimiento científico.
