Los estragos que causaron las marejadas del huracán “Milton” en Chelem. Este año la temporada de huracanes será igual de activa que la de 2024, ya que se mantienen las condiciones de calidez marina
Los estragos que causaron las marejadas del huracán “Milton” en Chelem. Este año la temporada de huracanes será igual de activa que la de 2024, ya que se mantienen las condiciones de calidez marina

La temporada de huracanes del Atlántico en el año pasado cerró con una actividad por encima del promedio histórico, dejando una huella en la Península de Yucatán.

Con 18 ciclones tropicales nombrados, de los cuales 11 alcanzaron la categoría de huracán y cinco se convirtieron en huracanes mayores, el 2024 fue un recordatorio contundente de la vulnerabilidad de la región ante estos fenómenos.

Si bien no todos impactaron directamente al estado, al menos siete sistemas afectaron de manera directa a la península, provocando lluvias intensas, marejadas y pérdida de vidas humanas, como en el caso del huracán “Milton”, cuya cercanía bastó para causar la desaparición de varios pescadores y severas afectaciones en la costa. Este panorama ofrece un punto de comparación clave de cara a los pronósticos de 2025.

“No hace falta que sean veinte ciclones, con uno solo que nos toque, podemos quedarnos fríos”, advierte Juan Antonio Palma Solís, meteorólogo yucateco.

Preven al menos cuatro huracanes “mayores”

La temporada de huracanes 2025 en el Atlántico se pronostica que sea nuevamente más activa de lo habitual, con 17 ciclones tropicales previstos, de los cuales nueve podrían convertirse en huracanes y al menos cuatro alcanzar la categoría de “mayores” (categoría 3, 4 o 5), según la Universidad de Colorado, base de referencia para múltiples países.

El meteorólogo Juan Antonio Palma Solís, especialista con más de 20 años de experiencia, hizo un llamado a la población a no confiarse ni subestimar la naturaleza.

“Aunque este año se espera una cantidad menor de ciclones respecto al año pasado, seguimos por encima del promedio histórico, y basta uno solo para causar grandes estragos”.

Palma Solís explicó que si bien el fenómeno de “La Niña” —asociado con temporadas más activas— ha terminado, las temperaturas del mar en el Atlántico, Caribe y Golfo de México se mantienen excepcionalmente cálidas, entre 4 y 5 grados por encima de lo normal.

“Esa es la gasolina de los ciclones”, remarca el experto. “Mientras más caliente el mar y más tiempo permanezca el sistema sobre el agua, más posibilidades hay de que se intensifique”.

Además, este año no se prevé la llegada del fenómeno de “El Niño”, que suele inhibir la formación de ciclones. Esto significa que el entorno atmosférico será neutral, dejando al calor oceánico como el principal factor determinante.

El especialista advirtió contra la falsa percepción de seguridad que podría generar un número aparentemente menor de sistemas.

Con uno solo que se forme cerca de Cozumel o del Caribe Occidental y se meta a la península, ya estamos hablando de una situación seria. No importa si son 17 o 25 ciclones, el impacto de uno puede ser devastador”, dijo.

En ese sentido, insistió en mantener la cultura de prevención que distingue a Yucatán. “La gente aquí ya sabe qué hacer: se guarda, sigue las indicaciones de Protección Civil y eso ha salvado muchas vidas. Pero hay que mantenernos alerta, sobre todo quienes recién llegaron a vivir aquí y no tienen esa experiencia”.

Aunque los ciclones son vistos como sinónimo de desastre, su papel en el equilibrio climático y ecológico del planeta es vital, destacó Juan Antonio Palma.

“Los ciclones tropicales redistribuyen el exceso de calor en los trópicos hacia latitudes medias, ayudando a mantener una temperatura global ideal para la vida”, explicó.

También tienen efectos regenerativos en los ecosistemas. “A veces arrasan con especies débiles y dan paso a la aparición de nuevas, reconfiguran entornos naturales, y traen agua a regiones afectadas por la sequía. Son parte del ciclo natural”.

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