El colectivo Familias Buscadoras del Estado de Yucatán reporta al menos 297 personas desaparecidas en la entidad, aunque temen que la cifra real sea mucho mayor debido al subregistro y a la falta de denuncias formales.

En la iglesia de Nuestra Señora de la Candelaria, en el centro de Mérida, se reunieron hace unos días madres, familiares y activistas que buscan a sus seres queridos desaparecidos.

En el sitio se llevó al cabo un taller intensivo sobre los derechos de las víctimas y sus familias, con la participación de especialistas que llegaron de Ciudad de México, quienes brindaron capacitación jurídica, herramientas de organización y contención emocional para colectivos que operan en condiciones de abandono institucional.

El taller fue organizado por el colectivo Familias Buscadoras del Estado de Yucatán, encabezado por Clara María Gutiérrez, madre de un joven desaparecido en Jalisco. Desde su experiencia personal, Clara ha tejido redes de apoyo con otras madres de la región brindándoles apoyo.

“Aquí también hay desaparecidos, aunque el gobierno no quiera reconocerlo. No nos dan audiencia, no nos abren las puertas, pero eso no va a detenernos”, afirmó.

El problema no es solo la desaparición, es el olvido sistemático, la indiferencia y el abandono”, sentenció.

Desapariciones en Yucatán, una crisis silenciosa

Las activistas denunciaron que no existe voluntad política para reconocer esta crisis en Yucatán. A pesar de múltiples solicitudes, no han sido recibidas ni por autoridades estatales ni por funcionarios de alto nivel. Mientras tanto, siguen saliendo a buscar con lo que tienen.

No pedimos privilegios, pedimos justicia. Y mientras el gobierno niega que esto exista, nosotras seguimos levantando la voz”, dijo Laura B., madre de un joven desaparecido hace más de un año en Cacalchén.

Durante las sesiones, las participantes aprendieron a redactar solicitudes, a exigir la activación inmediata de fichas de búsqueda y a identificar las instancias a las que pueden recurrir cuando las fiscalías se niegan a actuar.

La actividad no solo fue formativa, sino también un espacio de catarsis y acompañamiento entre quienes viven una realidad que, en Yucatán, ha sido invisibilizada por años.

Una de las voces más firmes fue la de Laura B. “He tocado puertas desde el primer día y todo lo he hecho sola. La policía de mi municipio no me ayudó ni cuando puse la denuncia, y la Fiscalía me ha ignorado. Si no tienes dinero, tu carpeta se queda ahí, empolvada”, denunció.

Derecho a la atención inmediata

Laura, quien ahora es parte del colectivo, quisiera ser más activa apoyando a otras familias, pero su propia búsqueda a veces lo impide, ella destacó que muchas familias no saben que tienen derecho a exigir atención inmediata. “Estos talleres nos enseñan eso, a dejar de esperar y empezar a actuar”.

También hizo un llamado urgente a la sociedad civil, “Buscar a nuestros hijos nos deja sin trabajo, sin recursos. Hacemos colectas para comprar palas, lámparas, pagar pasajes… No podemos seguir solas”.

Uno de los facilitadores del taller fue Jorge Alejandro Salas Álvarez, integrante de un centro de derechos humanos con sede en Ciudad de México, quien enfatizó que el fenómeno de las desapariciones ya no es exclusivo del norte o centro del país.

“La desaparición de personas está alcanzando territorios donde antes no se reconocía esta realidad. Yucatán no es la excepción”, explicó.

Salas Álvarez destacó que la labor del colectivo es un ejemplo de resistencia ante la ausencia institucional.

“Las compañeras se han organizado para empezar a buscar a sus seres queridos ante la falta de respuesta. Nosotros venimos a brindar herramientas jurídicas, organizativas y humanas para fortalecer esa lucha”.

Jorge enfatizó que la sociedad también tiene un papel crucial.

Hay más de 130 mil personas desaparecidas en México. Esta es una crisis nacional. Como sociedad debemos dejar de mirar de reojo a las víctimas. Necesitamos empatía, apoyo, y un compromiso real para no dejarlas solas”, apuntó.

El taller también visibilizó obstáculos que enfrentan las familias en su búsqueda: la falta de recursos, las distancias entre comunidades y oficinas gubernamentales, la ausencia de traductores para víctimas mayahablantes y la revictimización institucional.

“Nos han compartido cómo les niegan acceso a sus carpetas, cómo se les da largas. Muchas de ellas vienen de comunidades con altos niveles de pobreza, lo que dificulta aún más el seguimiento de sus casos”, señaló el defensor.

Además de integrantes del colectivo, al taller acudieron personas que aún no forman parte de ninguna organización, pero que enfrentan la misma tragedia. Tal es el caso de María Asunción Pech Gómez, quien acudió en representación de su suegra, una mujer mayahablante que lleva dos años buscando a su esposo.

“Venimos para aprender, porque a ella no la entienden ni la escuchan. Hemos ido a los montes, a la policía local, a Campeche, a donde nos dicen que podría estar. Ya no podemos quedarnos esperando”, dijo con firmeza.

Al concluir las actividades del segundo día, las integrantes del colectivo junto a los asistentes, se dirigieron al Parque de la Madre para realizar un momento simbólico de unión y memoria. Allí, con flores, fotografías y consignas, declararon el inicio de una nueva etapa en su lucha.

“Pusimos la primera piedra del primer centro de los desaparecidos. Sabemos que siempre será el Parque de la Madre, pero nosotras somos madres buscadoras que no vamos a rendirnos ante la pérdida de nuestros hijos, así como otros familiares que no encuentran a sus hermanos, padres, etc.”, expresó Clara Gutiérrez, con la voz firme.

“Este parque es de la maternidad, sí, pero también es ahora un sitio de memoria para quienes han sido arrancados de nuestras vidas y aún no han vuelto. Que sea un espacio donde recordarlos y desde donde seguir exigiendo”, agregó.

Las activistas reiteraron su invitación a la sociedad a sumarse activamente: no sólo con presencia o visibilidad, sino con apoyo material. El colectivo necesita donaciones de palas, linternas, picos, mochilas, botiquines, computadoras portátiles y transporte para realizar búsquedas de campo dentro y fuera del estado. También llamaron a voluntarios a integrarse en labores de acompañamiento, logística y difusión.

El llamado a la sociedad a que voltee a mirar esta realidad es claro, a que se rompa el silencio, que se sumen voluntarios, donaciones y recursos. “La esperanza no muere”, repiten las madres buscadoras, y con cada jornada como ésta, crece el eco de su lucha, “no nos vamos a rendir”, fue la frase en todos los casos.