Un enérgico llamado a las autoridades correspondientes en cada caso hace el cronista de Mérida, Gonzalo Navarrete Muñoz, ante lo que califica de un atentado al patrimonio edificado por la colocación de mantas o pendones con anuncios en edificios históricos de la ciudad, como es el caso de varias iglesias y recientemente del teatro José Peón Contreras.
El cronista no se explica el por qué estos edificios públicos, que constituyen parte del patrimonio edificado de Yucatán, se les pueden colocar mantas publicitarias.
—Hay dos aspectos graves a considerar: la afrenta a los edificios, la falta de respeto a éstos, y segundo, el daño que les causan, porque hay que averiguar cómo colocan esas mantas.
La recriminación por este hecho por parte de Navarrete Muñoz se aviva ante la reciente colocación de una manta en el teatro Peón Contreras, en el que se anuncia Original Yucatán, un encuentro textil de carácter nacional.
Esto le hizo recordar otras afrentas al patrimonio edificado que ha visto en la ciudad, en los templos de Nuestra Señora del Carmen (Mejorada), El Jesús (Tercera Orden) y Expiatorio de Nuestra Señora de la Consolación (Monjas), entre otros.
En el caso de El Jesús, dice, pudo ver que una manta en la que se anunciaba un concierto fue colocada con un taquete de metal, lo que significa que están dañando la estructura del templo.
¿Qué debemos esperar, que los edificios coloniales se renten para anunciar bailes, conciertos y kermeses? ¿Quiénes son los custodios de esos edificios que permiten eso?, se pregunta.
—El INAH no hace nada, nadie hace nada, nadie se siente aludido por esta vejación al patrimonio edificado del pueblo.
Navarrete Muñoz indica que esta indiferencia lo lleva a cuestionar y analizar el caso de algunos edificios coloniales que están en pésimas condiciones, como considera que sucede con el templo de Mejorada, que está tiznado por el smog de los camiones que cruzan por esa vía.
—Nadie toma cartas en el asunto, nadie se siente responsable.
El cronista afirma que el templo de Monjas también está severamente dañado en su estructura, que data del siglo XVI, por lo que es importante.
Lo mismo sucede con la capilla de Nuestra Señora del Rosario, en el edificio Canto Morel, sobre la calle 61 del Centro, que es de gran valor e incluso terminó de construirse antes que la Catedral, pero hoy está abandonada.
La sala San Francisco Javier, que es parte del antiguo Congreso del Estado, está llena de expedientes como si fuera un basurero y en franco deterioro, sin que nadie haga nada.
Edificios en riesgo
¿Queremos que se caigan, así como botamos el San Benito y la pirámide entre Mejorada y San Cristóbal?, cuestiona el cronista.
Ante esto, hace un llamado a las autoridades para que se prohíba poner publicidad en edificios emblemáticos porque no son para eso, “tienen que intervenir para que se conserven estos edificios, no solo que no se pongan anuncios, que se cuiden, que haya una postura más atenta a su preservación”.
Navarrete Muñoz resalta que los edificios públicos son parte de la imagen de la ciudad y patrimonio de todos, “somos copropietarios de las iglesias y edificios coloniales”.
Por ello no entiende la indolente indiferencia de la sociedad y las autoridades.
Algo semejante no se ve en ciudades como París, no se cuelgan en el Louvre pendones anunciando una kermés, señala.
También enfatiza su protesta por las mantas y pendones que se cuelgan en edificios antiquísimos de la ciudad. Reafirma que debe existir en la ley penal un código defensa social, en el que se incluya el delito de daño patrimonial y daño a la ciudad.
