• A la izquierda de estas líneas, el Grinch recibe al Diario para mostrar la decoración de este año. Abajo, familias observan un predio
  • Arriba y a la izquierda de estas líneas, más decoraciones de la calle 51-A de Juan Pablo II. Esta vía ya es un corredor navideño que recibe a niños y adultos en la temporada decembrina

En el poniente de Mérida, donde las noches decembrinas empiezan a oler a pino y pólvora, una calle se ha transformado en punto de encuentro, tradición vecinal y motivo de orgullo: la ya conocida Calle Navideña de Juan Pablo II, en la 51-A, desde la 28 hasta la 32.

Ese sitio es un corredor que, con los años, dejó de ser una simple calle para convertirse en un recorrido obligado para quienes buscan avivar el espíritu de la Navidad bajo un cielo lleno de luces. Todo comenzó con gestos pequeños.

“Empezamos dos vecinos y conmigo tres; luego se sumaron otros dos vecinos”, recuerda Rubén Argáez, uno de los pioneros. Lo que se inició con algunas series de luces y un árbol terminó convirtiéndose en una tradición que hoy da vida a este sector de la ciudad.

“La gente entra, se toma fotos, te agradece y te dice ‘está precioso’. Eso te da más ganas de hacerlo cada año mejor”, explica el promotor de esta muestra colorida y decorativa de luces.

Para él, la Navidad no necesita definiciones complejas, “es amor, paz, tranquilidad, armonía”, manifiesta mientras observa cómo las familias caminan entre luces e inflables.

Su colección crece con el tiempo, pieza por pieza, y aunque algunos adornos ya no sobreviven cada temporada, hay uno que conserva con especial cariño: un nacimiento luminoso que le regaló su hermana.

A unos metros de distancia, Tatiana Lara Fuentes comparte otra historia que alimenta el espíritu navideño de esta calle.

Su familia y ella llevan tres años adornando su hogar, motivados principalmente por la emoción de su hijo.

“Cuando lo llevaba a ver los adornos se emocionaba demasiado… y luego ver que otros niños vienen y también se emocionan, eso nos satisface”, cuenta.

Cada temporada preparan algo nuevo, cambiando la temática para mantener viva la sorpresa. Este año las galletas navideñas y un dinosaurio inflable se robaron las miradas.

Las decoraciones se mantienen encendidas desde las 6 de la tarde hasta la 1 de la mañana, horario en el que la calle cobra vida.

Si hay alguien que representa la constancia y el corazón de esta tradición es Maribel Campos, quien desde hace 19 años convierte su casa en una villa navideña.

“Lo hacemos por tradición, porque ya son 19 años consecutivos”, menciona con una mezcla de orgullo y nostalgia.

Su hogar, repleto de detalles, ahora lleva el nombre de Jardín Mágico Navideño, una adaptación surgida al integrar las plantas reales del jardín como parte del escenario.

“Antes las quitábamos… ahora forman parte de la villa”, añade.

Ella nunca imaginó que llegaría tan lejos y recuerda que “lo hacíamos realmente para nosotros”.

Todo cambió cuando, hace cinco años, su decoración se volvió viral. La atención masiva trajo elogios, pero también comentarios negativos que lastiman.

“Nos tumban con lo que ponen… que si tenemos un diablito, que si tenemos amante en la Comisión (Federal de Electricidad). No es presumir, es compartir el sentido de la Navidad”.

Aun así, no dejó caer la tradición gracias a sus cuatro hijos, quienes la animaron a seguir.

Cada detalle de su villa requiere meses de preparación. Desde septiembre comienzan a elaborar figuras, preparar luces y planear la temática. Instalar todo puede tardar alrededor de 10 a 15 días, con noches completas de trabajo.

A pesar del flujo constante de visitantes durante casi dos décadas, Maribel Campos destaca algo que valora profundamente: “No se han robado nada en 18 años. La gente respeta”.

Tres historias distintas, un espíritu compartido. Entre luces, inflables, nacimientos, galletas gigantes y un jardín convertido en villa mágica, la Calle Navideña de Juan Pablo II no solo ilumina el barrio, sino que refleja la voluntad de sus habitantes de regalar un momento de alegría a quien pase por ahí.

Un esfuerzo comunitario que crece, se transforma y se sostiene gracias a quienes creen que la Navidad es, ante todo, un acto de generosidad. Una calle que, cada diciembre, vuelve a encender la magia.— DANIEL BAUTISTA SILVA

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