Una de las tradiciones más características de la temporada decembrina en Yucatán son las ramadas, que del 1 al 11 de diciembre pasan de casa en casa con la intención de pedir el “aguinaldo” para celebrar las posadas.
Sus raíces se remontan a la época colonial cuando los frailes buscaban evangelizar a los mayas, enseñándoles cánticos —que realizan los niños— del pasaje bíblico en el que María y José peregrinaron para encontrar un lugar donde naciera Jesús.
Desde sus inicios la ramada ha tenido presencia en el sureste mexicano, específicamente en estados como Veracruz, Tabasco, Oaxaca, Campeche y Quintana Roo. Las fechas de su inicio y final varían según la región.
A pesar de ser una tradición que promueve las costumbres religiosas y la actividad familiar, en la última década su presencia ha disminuido significativamente, aunque no ha desaparecido por completo.
El antropólogo Indalecio Cardeña Vázquez destacó que temas como la seguridad y la tecnología han aportado a que esta actividad reduzca sus adeptos.
Según explicó, no ha sido la expansión urbana en su totalidad la que ha provocado este declive, sino que el acompañamiento constante de los padres hacia sus hijos ha limitado que los niños salgan a practicar esta actividad.
“Desde el siglo pasado —en los 70—, los niños cuando salían los acompañaban sus papás, ahora es mayor el cuidado que los padres ponen al respecto”, subrayó.
Esto, ha provocado que “ya no salgan” tanto a hacer la ramada.
A esto se le suma que existen otras formas de distracción como la tecnología, lo que genera un desinterés en hacer actividades que impliquen estar lejos del internet. “Los niños adoptan nuevos hábitos, nuevas formas de entretenerse”.
¿Tradición por desaparecer?
Al preguntarle sobre si esta tradición podría desaparecer en Yucatán, Cardeña Vázquez respondió: “No creo que desaparezca, definitivamente no”.
Aunque, dijo, lo que sí podría pasar es que cada vez menos familias accedan a que sus hijos salgan. Aunado a qué tan interesados estén las infancias a continuar practicando esta tradición.
La disminución es aún más notoria en el Centro Histórico, señaló, ya que éste se ha convertido en su mayoría en zona de comercios, oficinas y turismo, por encima de un lugar lleno de viviendas.
Las comunidades rurales son en parte las que han contribuido a que la tradición se mantenga viva. Pero también se percibe la influencia de lo moderno, algo que el antropólogo señaló como inevitable.
“Contribuyen mucho —las comunidades— al mantenimiento de algunos rasgos culturales”.
Para entender mejor estos cambios sociales, Cardeña Vázquez añadió que esta evolución forma parte de todas las sociedades. “El cambio es una característica inherente a toda sociedad viva”.
Las modificaciones, dijo, son una prueba de que la sociedad “está viva, operando, actuando”.
“Las únicas sociedades que se mantienen estáticas son las sociedades muertas”, apuntó.
¿Cómo las nuevas generaciones pueden valorar y mantener viva esta práctica? El antropólogo consideró que todo empieza desde la familia. “La rama tiene su origen en las familias. Cuando los papás no les hablan, no les comentan de estas tradiciones, los niños las desconocen”.
Para él, una de las acciones más concretas para conservar la ramada es por medio de la tradición oral.
Ante estos cambios ineludibles, el especialista subrayó que lo más importante es la manera en la que se enfrentan.
“El cambio, cómo se da el cambio, qué hacer con el cambio, cómo actuar ante el cambio… eso es algo que la sociedad misma puede y debe establecer”, concluyó.


