La rehabilitación patrimonial puede propiciar gentrificación si no se cuenta con políticas públicas claras, a decir de un académico de la Uady
La rehabilitación patrimonial puede propiciar gentrificación si no se cuenta con políticas públicas claras, a decir de un académico de la Uady

Hablar de gentrificación en ciudades históricas como Mérida implica ir más allá de la simple aparición de nuevos proyectos arquitectónicos o del arribo de inversiones privadas, señala el doctor Josep Ligorred Perramón, catedrático de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Yucatán (Uady).

Para el especialista en patrimonio cultural, el centro del debate está en la planeación urbana, la coordinación institucional y la participación social.

Desde su perspectiva, el fenómeno no puede analizarse de manera aislada ni atribuírsele únicamente a la arquitectura.

“De lo que más bien habría que hablar es de la planeación, de la planeación en el crecimiento de las ciudades y en el desarrollo urbano”, señala.

En el caso de Yucatán y particularmente de Mérida, esta planeación cobra especial relevancia por el atractivo que la ciudad ha adquirido en las últimas décadas, tanto en lo nacional como internacional.

El doctor Ligorred Perramón advierte que cuando la planeación no se alinea con una visión integral de desarrollo pueden surgir afectaciones en la convivencia, en la forma de habitar la ciudad y, en última instancia, en la construcción de ciudadanía.

A ello se suma la complejidad de intervenir espacios patrimoniales como los centros históricos, donde la revalorización del suelo y de los inmuebles es inevitable.

En ese proceso la participación de los distintos actores resulta fundamental, subraya.

“La participación de los actores, de los gobiernos, por ejemplo, de los gobiernos locales, de las autoridades… y también escuchar a los vecinos, a los propietarios, a las asociaciones civiles y a las asociaciones empresariales”, es una condición indispensable para tomar decisiones adecuadas.

Otro de los retos estructurales es la falta de coordinación entre los distintos niveles de gobierno.

“Muchas veces falta quizá cierta coordinación entre los diferentes niveles de gobierno… hay una yuxtaposición normativa”, explica, lo que complica la ejecución de proyectos y la toma de decisiones estratégicas en el territorio.

Respecto a la rehabilitación de edificios patrimoniales, el académico reconoce que puede contribuir a procesos de gentrificación si no va acompañada de políticas públicas claras.

“Puede contribuir si no hay políticas públicas también que busquen otros objetivos como, por ejemplo, el tema de la vivienda en los centros históricos”, afirma.

En este sentido, considera clave promover vivienda para jóvenes y usos sociales del patrimonio que permitan equilibrar la composición social de estas zonas.

El patrimonio debe entenderse como un eje del desarrollo urbano, insiste. Espacios como los barrios tradicionales, antiguas casonas o zonas emblemáticas del Centro Histórico pueden convertirse en lugares de encuentro, siempre que se planifiquen con una visión incluyente.

Sobre el desplazamiento de comunidades locales, Ligorred Perramón lo considera una consecuencia posible de un desarrollo mal planeado, pero no inevitable.

“Hay que incentivar que los propietarios locales y la comunidad local se acerque, regrese al Centro, regrese a estos espacios”, señala.

Entre las estrategias, menciona proyectos integrales como corredores universitarios y culturales que reactiven la vida cotidiana del Centro Histórico.

La universidad puede desempeñar un papel clave en esta revitalización, dice. Conectar espacios académicos, culturales y urbanos genera dinámicas que fortalecen la identidad del Centro y lo convierten en un entorno vivo y atractivo no solo para visitantes, sino para quienes lo habitan.

En cuanto a la ética del desarrollo urbano, el especialista destaca la importancia de fomentar actividades que refuercen la identidad y la memoria colectiva.

“Fomentando actividades también en estos espacios que contribuyen a la valoración de uno mismo y de la historia de la ciudad” se genera un efecto positivo, que dignifica tanto al patrimonio como a la comunidad que lo rodea.

Si estas políticas no se implementan y se deja el proceso únicamente en manos de la iniciativa privada, las consecuencias pueden ser graves.

“Se va deteriorando el espacio porque no hay incentivos también para poderlo valorar”, advierte, lo que puede derivar en abandono, inseguridad y pérdida de calidad de vida.

Al referirse a grandes proyectos como el parque de La Plancha, corredores turísticos o incluso el Tren Maya, el académico señala que pueden convertirse en buenas prácticas si existe participación social y equilibrio en sus usos.

Para el doctor, Mérida es un laboratorio muy importante para la arquitectura moderna y contemporánea, pero, recalca, hay que pensar estratégicamente la ciudad para que sea una ciudad más justa y habitable.— IVÁN CANUL EK

En sus propias palabras Josep Ligorred Perramon, catedrático de la Uady

“El patrimonio, como eje del desarrollo, puede contribuir muy bien no solo a hacer ciudad, sino a hacer ciudadanía”.

“El reto no está en la obra arquitectónica en sí, sino en la visión que la sustenta”.

“No son propiamente los proyectos arquitectónicos en sí, sino es la planeación de todo junto, porque un proyecto se inserta en un espacio, y bueno, se va a volver un elemento importante de ese espacio”.

“Es como una piedra en mitad de un paisaje, una piedra ahí sembrada que era un lugar donde queda un referente para los habitantes de ese territorio en un momento”.

“Un proyecto arquitectónico será así, y lo que tiene que ser ese proyecto es estar en sincronía o estar de acuerdo con la escala natural y urbana de donde se inserta”.

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