El zorro yucateco es el protagonista del ejemplar número 1220 del Suplemento Cultural “El Tlacuache” del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) de México, publicado hoy viernes 6 de marzo de 2026.
“El Tlacuache” es un suplemento semanal que edita el Centro INAH de Morelos, estado ubicado a 1,311 km al sureste de Mérida, Yucatán. El primer número se publicó impreso el domingo 1 de julio de 2001. Actualmente se publica de manera digital cada viernes.
En el marco de su aniversario 25, “El Tlacuache” dedica hoy su décimo ejemplar de este año al artículo “El zorro yucateco a través de las centurias”, de Pedro Ic Estrella, autor de varias ponencias sobre la cultura maya presentadas en el Centro INAH de Yucatán.
Al compartir la edición No. 1220 de “El Tlacuache” en sus redes sociales, el INAH de México destacó hoy que Pedro Ic explora “cómo este animal ha sido visto a lo largo de las centurias: desde los cronistas europeos sorprendidos por la fauna americana, hasta la relación histórica y cultural que los mayas peninsulares han mantenido con este curioso habitante del monte”.
¿Zorro, zarigüeya o tlacuache?
En el artículo, Pedro Ic narra que muchos animales originarios de América causaron asombro entre españoles, quienes al principio los nombraron como aquellos que conocían y, así, por ejemplo, llamaron “tigre” al jaguar.
Para Pedro Ic, la zarigüeya fue uno de los animales incomprendidos por los españoles coloniales, pues la compararon con un conejo y un gato doméstico, por su tamaño, e incluso con un ratón, por su cola larga y pelada.
Los españoles nombraron a este animal castellanizando los nombres que le daban los americanos originarios: “zarigüeya” es el nombre castellanizado de sarigweya, palabra guaraní que llegó al español por medio del portugués brasileño, y “tlacuache” procede del náhuatl tlacuuatzin, afirma Pedro Ic al explicar “los mil y un nombres de una criatura”.
También a los españoles del siglo XVI debemos el nombre de “zorro” con que los yucatecos conocemos a la zarigüeya hasta este siglo XXI.
“En la Relación de la ciudad de Mérida —un documento del siglo XVI— el cabildo meridano escribió que en la región habita ‘un animal que los españoles llamamos zorro y los indios och’”, puntualiza Pedro Ic.
Och para los mayas; zorro para los españoles
Históricamente, desde la época colonial en la Península de Yucatán la zarigüeya tiene dos nombres: zorro, en castellano, y och, en maya yucateco colonial, palabra que se escribe ooch, en maya contemporáneo, precisa.
En los diccionarios mayas coloniales elaborados por frailes españoles, estos escribieron que och es “zorro”, “zorrillo”, “zorra” y “zorro del país”, señala.
Los españoles renombraron al och como zorro porque la zarigüeya solía asaltar los gallineros como los zorros de Europa, puntualiza el investigador documental.
Al recordar a quienes suelen corregir a otros con que este animal “no es un zorro, es una zarigüeya o tlacuache”, Pedro Ic insiste en que los tres nombres son correctos y dice que la única diferencia es que zorro es una palabra totalmente castellana y los segundos son indigenismos castellanizados.
El zorro yucateco “volador”
Gracias a sus estudios del latín en instituciones nacionales y extranjeras, Pedro Ic encontró un documento histórico en el que el zorro yucateco fue descrito erróneamente como un animal que vuela.
Pedro Ic cuenta que el obispo Simón Mayolo escribió en su enciclopedia Dies Caniculares (1607) que la zarigüeya “…vuela de árbol en árbol como los pájaros” debido a una confusión tras leer las crónicas sobre la ardilla voladora de La India y el tlacuache de las Indias, del viajero Niccolò de Conti y del jesuita Joseph de Acosta, a quienes Mayolo cita.
“La zarigüeya es un animal extraordinario descubierto en el Nuevo Mundo y la India Oriental. Es del tamaño de un gato. Sus patas traseras y delanteras están unidas por medio de una pequeña capa de piel como la que tienen los patos en sus patas y los murciélagos [en sus alas]. ¿Dónde descansa este animal? Vuela un poco con su capita de piel, sin embargo, por su peso corporal retorna exhausto rápidamente al suelo, donde es capturado a causa del cansancio. Vuela hacia los árboles y vuela de árbol en árbol como los pájaros”.
El enciclopedista Simón Mayolo.
“El yerro del enciclopedista Simón Mayolo fue un error humano que nos regaló una criatura fantástica propia de un bestiario medieval”, expresa Pedro Ic.
El zorro yucateco entre los peninsulares
En cuanto a la relación de los habitantes de la Península de Yucatán con este animal, el articulista dice que desde la época prehispánica cazaban zarigüeyas para cocinar y comer su carne “sabrosa como la del conejo” y que esto se hacía aun en el siglo XX.
Asimismo, Pedro Ic señala que varios documentos históricos evidencian que la zarigüeya sufre la violencia humana desde hace siglos.
Trágico viaje de la primera zarigüeya en España
La primera zarigüeya que llegó a la Corte Real de España en el siglo XVI fue una hembra recién parida, cuyas crías murieron en el barco que zarpó del hoy Brasil; ella falleció tras ser jugueteada por los cortesanos y haber satisfecho “la curiosidad de muchas y diversas personas que la vieron”, según el cronista Martín Fernández de Navarrete, narra Pedro Ic.
Otros cronistas españoles, agrega, describieron a las zarigüeyas como “unas sabandijas menores que zorras que entran a las casas a comer las gallinas” y como animales “muy golosos y andan de noche en las casas y no se les escapa gallina” y “enemigos mortales de las gallinas”.
En el Yucatán del siglo XX, a los zorros yucatecos los mataban a trancazos (palos), ahorcados o quemados por asaltar los gallineros, señala Pedro Ic, quien también menciona que “un eufemismo del acto de sostener relaciones sexuales es ‘tranquear al zorro’”.
La violencia contra este marsupial continúa en este siglo XXI, con casos de zorros lapidados o apaleados, macheteados y arrojados a la carretera para que los automóviles los atropellen, destaca.
“El hombre tiene una deuda histórica con el tlacuache por haberlo maltratado y asesinado con saña a través de los siglos. En Yucatán, por ejemplo, para concientizar el respeto hacia el zorro suelen ser destacados los beneficios ambientales y médicos que la zarigüeya aporta al hombre, como la eliminación de plagas o la elaboración de antídotos contra el veneno de serpientes”, expresa Pedro Ic.
También los Centros INAH de Morelos, Yucatán y Quintana Roo, así como el Museo Palacio Cantón, han compartido en sus redes sociales el ejemplar del Suplemento “El Tlacuache” sobre el zorro yucateco.
Te puede interesar:
- Identidad yucateca: ¿cómo somos los yucatecos?
- El terno no es maya: polémico cambio del traje jaranero, por las remesas de dólares
- Oleadas de castellanización de apellidos mayas: de obligada a voluntaria… por el estigma y las burlas
- Una ancestral bebida maya preparada a base de maíz: el k’eyem, pozol o pozole








