La transformación de la identidad de los mayas de la época colonial al siglo XXI, en un simposio del INAH
Aunque la castellanización de los nombres y apellidos mayas se hizo por mandato de las autoridades españolas y sacerdotes durante la Colonia (1526-1821), a partir del siglo XX las familias castellanizan sus apellidos debido al estigma, la discriminación y las burlas que afrontan en la sociedad, afirmó Pedro Abelardo Ic Estrella, estudiante universitario, en el VIII Simposio de Cultura Maya Ichkaantijo’o, que el INAH realiza del lunes 9 a hoy viernes 13 de diciembre de 2024 en Mérida.
Al presentar su investigación “Cuando los Ek se transformaron en Estrella. Un estudio sobre la discriminación a los apellidos mayas yucatecos, XX-XXI”, Ic Estrella recordó que, como consignó fray Diego de Landa, los mayas llamaban a sus hijos con el nombre de ambos padres: “el del padre como propio, y el de la madre como apelativo”.
Por ejemplo, indicó, Nachi Cocom, Señor de Sotuta, es un nombre maya que significa “de madre Chi y de padre Cocom”.
La palabra “apellido” procede del verbo latino apellitare, que significa “llamar” o “proclamar”, así que, entonces, los apellidos dan identidad a una persona, proclaman quiénes somos y nuestros orígenes, destacó.
Asimismo, indicó que la castellanización de los apellidos mayas se hace mediante la traducción, como Ek a Estrella o Uh a Luna, o por similitud, como Can a Canto, Pool a Polanco, Yam a Llanes o Caamal a Cámara.

Castellanización de apellidos mayas: los bautismos
En la época colonial, la castellanización se hizo de varias maneras, la principal fue la que hicieron los sacerdotes al bautizar a los mayas, pues les ponían nombres de santos católicos y en estos casos aunque podían conservar el apellido paterno, el materno lo perdían; por ejemplo, Nachi Cocom se llamó Juan Cocom desde que lo bautizaron, explicó.
Sin embargo, señaló, muchos mayas se resistieron a la castellanización, pues retomaban sus apellidos originales tanto en su vida diaria como en sus crónicas escritas.
Hasta los mayas que asumían su nueva identidad castellana al redactar documentos oficiales consignaban los apellidos mayas en vez de los españoles, destacó. Por ejemplo, Juan Chan, cacique de Chan Cenote, al enlistar a los mayas que capturó en 1610, luego que huyeron de la encomienda a los montes, escribió Na Puc Xiu, Na Chan Pool, Na Mux Navat, Na Can Chan…

La resistencia de los mayas a usar los nombres castellanos, relató Ic Estrella, no era bien vista por las autoridades coloniales y motivó a que en 1722 el obispo de Yucatán, Juan Gómez de Parada, les escribiera los párrocos para “corregir la costumbre bárbara entre los indios de llamarse por sólo sus apellidos del tiempo de la gentilidad y olvidándose absolutamente de los nombres de los santos que les dieron en el bautismo”.
Castellanización de apellidos mayas: padrinos, benefactores…
Otra manera de la castellanización de los apellidos mayas, señaló, fue sustituirlos por el apellido de sus padrinos de bautizo o de su benefactor.
Por causa ajena o voluntaria
Esto se hacía en las escuelas donde estudiaban como una manera de reconocer que los mayas becados quedaban bajo la propiedad o tutela de su benefactor, como ocurrió con los tres indígenas cuyos estudios en el Seminario fueron financiados por fray Luis Piña y Mazo, obispo de Yucatán, pues en una carta del 23 de marzo de 1796 aparecen con nuevos nombres:
- Salvador Tut Canul, hijo de Crisóstomo Tut y María Antonia Canul, vecinos de Acanceh, lo renombraron Salvador Piña.
- José Guadalupe Chan Poot, hijo de Gregorio Chan y María Poot, de Campeche, lo cambiaron a José Guadalupe Piña.
- Mariano Poot Euán, hijo de Atanasio Poot y Sebastiana Euán, lo convirtieron en Mariano Piña.
De esa manera, estos jóvenes perdieron sus apellidos paterno y materno, toda su identidad maya, destacó Ic Estrella al presentar su investigación documental y de entrevistas.
También se practicó la castellanización voluntaria de apellidos mayas, expresó el ponente, como fue el caso del sacerdote Juan José Aké, quien, según documentos con su firma, desde el seminario y hasta su muerte ocurrida en 1833 adoptó el nombre de Juan José Caldera en honor de su benefactor, el párroco de Hunucmá Lorenzo Mateo Caldera Fuentes.

Castellanización de apellidos maya en el siglo XX
Tras la gran oleada de hispanización que se vivió en la época colonial, de 1929 a 1959 la castellanización de apellidos mayas registró otro boom, ahora en las actas civiles de nacimiento, matrimonio y defunción de Yucatán, pues una persona registrada con apellidos mayas por sus padres los castellanizaba cuando se casaba o cuando registraba a sus propios hijos, relató Ic Estrella
En ese tiempo era fácil castellanizar los apellidos mayas, pues los encargados de registrar las actas asentaban que “ante mí compareció fulanito y declaró llamarse…”, pues había plena confianza en la persona que comparecía debido a la falta de documentos y de acceso a los registros previos, explicó.
Castellanización de apellidos mayas: de Ek a Estrella, de Opichén a Mérida
Al investigar las actas civiles de sus abuelos, bisabuelos, tatarabuelos…, Ic Estrella documentó la castellanización de los apellidos mayas de su propia familia y, junto con entrevistas hechas a sus abuelos maternos, reconstruyó la vida de algunos de sus antepasados.
Según relató, su tatarabuelo Isidro Ek Ek nació en 1895 en Opichén. En 1918 con su madre, viuda, emigró a Muna y se establecieron en la hacienda henequenera Santa Rosa, donde él conoció a Victoria Poot May, con quien se casó. En Muna nació en 1924 el primero de sus tres hijos, a quien Isidro registró como Audomaro Ek Poot.
El mismo año, 1924, la familia emigró a Ticul, donde en 1929 nació el segundo hijo, Rómulo, registrado con los apellidos Estrella Poot porque Isidro Ek Ek, entonces jornalero de una hacienda henequenera, castellanizó su propio apellido y el de su padre, a quien nombró José Gregorio Estrella como abuelo de Rómulo.
Después de 1935 la familia emigró de Ticul a Mérida, donde Audomaro Ek Poot laboró como repartidor de tanques de gas y cuando tuvo a su único hijo, con María Cristina Lizama Citam, lo registró como Edilberto Estrella Lizama, quien es el abuelo paterno de Pedro Ic Estrella, porque desde Ticul su familia lo creció como Estrella.

Asimismo, el bisabuelo materno de Ic Estrella, Santiago Santana Cuytún, quien nació en Mérida en 1909, castellanizó su apellido materno a Cuevas y también el apellido paterno de su esposa, Romualda Chac Tzuc, nacida en Kinchil en 1920, a Addy Romualda Rojas cuando registró a sus cuatro hijos, desde la primogénita, María Antonia Santana Rojas, abuela materna de Pedro Ic Estrella.
Castellanización de apellidos mayas: siglo XXI
En este siglo XXI hay menos castellanización de apellidos mayas porque ya no es fácil, pues el Registro Civil pide una serie de requisitos para el cambio de nombre, contrastó Ic Estrella, aunque algunos investigadores han reportado que conservar los apellidos ancestrales es una especie de autoafirmación de la población maya.
A pesar de ello, reconoció, en Yucatán aún persisten las bromas, burlas y chistes crueles u ofensivos con los apellidos mayas, como los juegos de palabras que dicen que los cantantes Chayanne y Taylor Swift son Chan Yam y Taylor Dzib, respectivamente.

O cuando a un joven de Campeche de apellido Dzul sus compañeros de preparatoria lo apodaron “papadzul” y, a pesar de los años transcurridos, la burla persiste, pues este año uno de ellos lo contactó, por mensaje, para contarle que “hemos dicho que cuanto te cases y tengas hijos serás un auténtico Papá Dzul”. Él le contestó: “Me imagino” y, ante ello, el otro lo atenuó con “(Es) Broma”.
Al final, Ic Estrella dijo que aunque son difíciles de erradicar los chistes y las burlas y en algunos aún persiste el desprecio de las personas mayas, la discriminación se puede combatir con las siguientes medidas:
- Reeducar a las personas que ejercen esta violencia verbal u otros tipos de discriminación.
- Enseñarle a la gente la historia de sus apellidos mayas para que los defiendan con argumentos cuando los agredan o discriminen.
- Realizar más investigaciones sobre los apellidos prehispánicos y divulgar los resultados de manera accesible para el público.



