Historias de emprendimiento femenino detrás de un restaurante, una cafetería y un taller de costura en Mérida, Yucatán; negocios que hoy generan empleo y reflejan el esfuerzo de mujeres que han decidido abrirse paso más allá de las cifras de brecha de género.
Cuatro mujeres que transformaron una idea en negocio en Mérida
Emprender es, muchas veces, un acto de valentía y de paciencia. En distintos puntos de Mérida, mujeres decidieron apostar por una idea propia y convertirla en negocios que hoy reflejan su esfuerzo, carácter y determinación.
Detrás de cada proyecto hay más que una iniciativa económica: hay historias de vida marcadas por la persistencia, el aprendizaje constante y la determinación de construir un futuro con autonomía.
Al mismo tiempo, sus emprendimientos generan empleo y aportan dinamismo a la economía local, especialmente en zonas de la ciudad donde pequeños negocios se han convertido en parte de la vida cotidiana.
Un dato clave sobre el empleo femenino en Yucatán
En Yucatán, solo 52.8% de las mujeres en edad de trabajar participan en el mercado laboral, mientras que entre los hombres la cifra alcanza 78%, una brecha de 25.2 puntos porcentuales, según datos del Inegi.
Dos hermanas que convirtieron un sueño en un restaurante
El aroma del pan dorándose y el color verde del pistache anuncian uno de los platillos más pedidos de Halfa Restaurante.
Cada mañana sale de la cocina rumbo a las mesas el French toast de pistache, una de las creaciones que distingue al restaurante situado en Plaza Mayor, sobre prolongación de Paseo de Montejo.
Lo que empezó como una prueba entre ingredientes hoy forma parte del menú que atrae a quienes buscan desayunos y postres distintos en Mérida.
Alondra y Fátima Peraza Vargas, hermanas yucatecas de 22 y 26 años, abrieron Halfa Restaurante hace casi un año. Aunque la idea de emprender venía gestándose desde mucho antes.
Alondra soñaba con tener un restaurante desde niña, mientras Fátima llevaba varios años trabajando en el ámbito gastronómico.

Cuando descubrieron que compartían el mismo interés decidieron unir esfuerzos para abrir su propio espacio.
Desde el inicio entendieron que cada una debía asumir un papel distinto. Alondra se encarga de la cocina, la producción y el control de inventarios; Fátima se ocupa de la administración, la relación con proveedores, las redes sociales y la atención a los clientes.
Esa combinación de tareas, dicen, ha sido clave para mantener el restaurante en marcha.
El camino, sin embargo, no ha estado libre de dificultades. Al iniciar el negocio enfrentaron problemas con algunos proveedores que no tomaban en serio su proyecto debido a su edad.
“Soy paciente, pero cuando veo que algo no se resuelve, entonces enfrento el problema con firmeza”, comenta Fátima.
Las primeras semanas fueron particularmente exigentes. Durante un tiempo solo ellas dos atendían el restaurante: una en la cocina y la otra llevando los platos a las mesas. El estrés llegó a hacerlas dudar.

“Si nos hubieran dicho todo lo que iba a pasar antes de abrir, creo que no hubiéramos abierto”, admite Alondra.
En esos momentos, recuerdan, el apoyo de su madre fue fundamental para seguir adelante.
Con el paso de los meses han ajustado el menú, los horarios y la dinámica del restaurante. Reconocen que al inicio pensaban que sabían todo sobre el negocio, pero la experiencia diaria cambió esa idea.
“Nos dimos cuenta de que creíamos saber todo y en realidad no sabíamos nada; todos los días aprendemos algo nuevo”, comenta Fátima.
Ese aprendizaje también se refleja en la cocina. Algunas ideas surgieron de la experimentación, como el French toast de pistache, que poco a poco se ha convertido en uno de los favoritos de los clientes.

“Ver que la gente disfruta algo que hicimos nos motiva a llegar al día siguiente y hacerlo mejor”, dice Fátima.
Hoy consideran que el negocio empieza a consolidarse. Analizan ampliar el espacio del restaurante para atender a más clientes, aunque su prioridad es fortalecer el proyecto actual antes de pensar en nuevas sucursales.
Con el crecimiento del restaurante también han comenzado a integrar a más personas a su equipo de trabajo.
Emprender también ha implicado sacrificar parte de su tiempo personal. Las jornadas no terminan cuando el restaurante cierra: hay compras, administración y estudios universitarios que atender.
“Al principio no tienes vida”, reconocen.
A otras mujeres que desean emprender les dejan un consejo nacido de su experiencia:
“No es fácil para nada, pero hay que tener paciencia y confiar en lo que tienes y en tu producto o servicio”.
Alondra Pérez Vargas
“Seguir persistiendo, porque al final valdrá la pena. Todos los días hay que aprender algo nuevo y ver qué mejorar”.
Fátima Pérez Vargas
Mientras el movimiento de la mañana continúa en Halfa, un nuevo French toast de pistache sale de la cocina rumbo a la mesa de unos clientes.
Para Alondra y Fátima, cada plato servido confirma que el esfuerzo ha valido la pena: una idea que comenzó como sueño familiar hoy se sostiene en el trabajo diario y en quienes regresan para probar algo hecho por ellas.
Si para algunas emprendedoras el camino comienza en la cocina y en la creación de nuevos sabores, para otras nace de un gusto personal que poco a poco se transforma en un negocio.
Brecha laboral de género en Yucatán (2025)
| Indicador | Total | Mujeres | Hombres |
|---|---|---|---|
| Población de 15 años y más | 1,937,255 | 1,012,525 | 924,730 |
| Población Económicamente Activa (PEA) | 1,268,673 | 531,504 | 737,169 |
| Personas ocupadas | 1,229,207 | 523,490 | 726,507 |
| Participación laboral | — | 52.8% | 78% |
| Brecha laboral de género | 25.2 puntos porcentuales | ||
Fuente: Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), Inegi, cuarto trimestre de 2025.
De una afición familiar a una cafetería en Ciudad Caucel
En el número 846A, de la calle C-43A en Ciudad Caucel, el aroma del café y de los postres recién horneados recibe a quienes llegan a My Cheesecake, la cafetería de Carolina Izquierdo Ruiz.
El negocio tiene pocos meses de haber abierto sus puertas, pero detrás de él hay varios años de aprendizaje, pruebas y trabajo en la repostería.
Antes de abrir la cafetería, emprendedora de 38 años comenzó preparando pasteles en casa con su proyecto Rosa Pastel, repostería artesanal.
La idea surgió cuando quiso hacer postres para su pequeña hija y empezó a experimentar con distintas recetas.
Lo que empezó como un gusto personal pronto se convirtió en una actividad cada vez más seria.
“Al principio fue todo por internet, viendo recetas y practicando en casa”, recuerda.

Con el tiempo comenzó a tomar cursos y diplomados para perfeccionar sus técnicas y mejorar la calidad de sus productos.
Los primeros pedidos llegaron entre conocidos y recomendaciones. Cada pastel era también una prueba para mejorar.
“Cuando alguien me decía que le había encantado, eso me animaba a seguir intentando”, cuenta.
La respuesta de la gente fue lo que la impulsó a convertir ese pasatiempo en un emprendimiento. Durante la pandemia tomó una decisión importante: renunciar a su trabajo de oficina para dedicarse de lleno a la repostería.
“Vi que a la gente le gustaban mis pasteles y decidí emprender al cien por ciento”, explica.
Con los años, el proyecto fue creciendo. Junto con su esposo decidió dar un paso más y abrir una cafetería donde además de postres ofrecen café y otros alimentos. El nuevo negocio también les ha permitido ampliar su actividad.
Como ocurre en muchos emprendimientos, el camino no ha estado libre de altibajos. A lo largo de los años han probado distintos proyectos, algunos exitosos y otros no tanto. Esa experiencia, dice, les ha enseñado a no rendirse con facilidad.
“Hay días buenos y hay días muy malos. La cuestión es aguantar”, comenta. “Hoy no nos fue tan bien, pero mañana puede irnos mejor”.
Parte del crecimiento de su negocio también ha venido de la formación constante. Aunque su carrera profesional no está relacionada con la gastronomía —Carolina estudió comunicación—, ha buscado capacitarse para mejorar su trabajo.
“Las tendencias cambian, los sabores cambian, y uno tiene que seguir aprendiendo”.
Carolina Izquierdo Ruiz
Para Carolina, la actualización es fundamental en cualquier negocio. Además, emprender ha significado una forma de realización personal.

“Cuando alguien me dice que le encantan mis pasteles, me siento orgullosa, porque empecé desde cero”.
Ese orgullo personal es parte de lo que la impulsa a seguir adelante.
“Tener mi negocio es una forma de sentir que me realicé como mujer y como persona”, explica.
A quienes están pensando en iniciar un negocio les comparte un consejo sencillo:
“Si quieres emprender, arriésgate. El que no arriesga no gana. Nunca vas a saber si algo funciona si no lo intentas. Al final siempre ganas algo: experiencia, confianza o aprendizaje. Eso sí: no siempre vamos a estar arriba, pero lo importante es resistir”.
Entre café, pasteles y nuevos clientes que llegan poco a poco, My Cheesecake comienza a consolidarse como un proyecto familiar en crecimiento dentro de Ciudad Caucel.
Para Carolina, cada postre que sale de su cocina es también una prueba de que un gusto personal puede convertirse, con trabajo y perseverancia, en un negocio propio.
Brecha salarial en Yucatán
| Indicador | Dato |
|---|---|
| Ingreso promedio mensual (trabajadores tiempo completo) | $10,790 pesos |
| Lugar nacional en ingreso laboral | 17 |
| Brecha salarial entre hombres y mujeres | 12.8% |
| Diferencia en informalidad laboral | 7.1% más mujeres |
Fuente: Índice de Competitividad Estatal 2025, IMCO.
Pero no todos los emprendimientos nacen en una cocina o en una cafetería. Algunos se construyen con paciencia a partir de oficios que han acompañado la vida cotidiana durante generaciones y que siguen vigentes gracias al trabajo de mujeres que decidieron convertirlos en su propio negocio.
Un taller que creció puntada a puntada
En la avenida Correa Rachó, dentro de la Plaza 367, un pequeño taller lleno de hilos de colores cuenta otra historia de emprendimiento. Ahí funciona Costurete, el negocio que María José de la Luz Martel Castro, ha construido con paciencia y constancia.
Los estantes llenos de carretes de hilo de todos los colores cubren las paredes del pequeño taller Costurete.
Sobre las mesas, las máquinas de coser no se detienen: telas, prendas dobladas y canastas con ropa por arreglar forman parte del movimiento cotidiano.

En medio de ese ritmo de trabajo, la yucateca de 39 años dirige cada detalle del lugar que ha construido durante más de una década.
Hace alrededor de 13 años abrió el taller casi desde cero. Empezó con una sola máquina de coser y un rack prácticamente vacío que llenó con algunas prendas para que el espacio no se viera tan desolado.
Hoy el lugar también genera empleo: tiene más manos trabajando y un flujo constante de clientes que llegan, sobre todo, por recomendación y por la confianza que el taller ha ganado con los años.
Aunque estudió Administración de Empresas, el camino la llevó al oficio familiar. Su madre era modista y fue quien la invitó a ayudar mientras encontraba trabajo. Lo que empezó como algo temporal terminó convirtiéndose en su proyecto de vida.
“Yo estudié una licenciatura y terminé siendo costurera”, comenta con franqueza.
Sin embargo, lejos de verlo como una derrota, descubrió que es una actividad que le apasiona y que podía sostener un negocio propio.
El crecimiento ha sido paulatino. Durante los primeros meses su esposo la ayudó a pagar la renta mientras llegaban los primeros clientes.
Con el tiempo, el taller comenzó a consolidarse hasta convertirse en un espacio con trabajo constante.
“Es un trabajo muy noble, porque todo el año hay trabajo”, explica.
Ya que, apesar de que no usa las redes sociales para su negocio, siempre hay prendas que reparar: ropa para la escuela, arreglos para eventos, clientes que preparan un viaje o quienes simplemente quieren que su ropa quede perfecta.

Algo que distingue su manera de trabajar es la atención directa al cliente. Cada prenda pasa primero por sus manos antes de que las costureras la trabajen.
Marca, revisa, corta y da instrucciones para asegurarse de que el resultado cumpla con sus estándares.
“Prefiero decirle al cliente que algo no se puede hacer a dañar una prenda”, afirma.
Ese cuidado también se ha convertido en una forma de asesoría. A veces los clientes llegan solo para que ella revise una prenda y les diga si realmente necesita arreglo.
“No por ganar cien pesos voy a dañar la prenda”.
Uno de los retos más grandes, reconoce, ha sido encontrar personal capacitado. El oficio de costurera se ha ido perdiendo entre las nuevas generaciones y muchas de las personas con experiencia ya son mayores.
“Las personas que saben hacerlo son muy escasas”.
A pesar de las dificultades, el taller se mantiene activo. Algunos días llegan tantas prendas que las canastas de trabajo se llenan rápidamente (cada una con aproximadamente 75 prendas).
“Dos canastas al día es lo normal, pero hay días en que se llenan hasta cuatro”.
Cada una puede contener más de veinte prendas.
El negocio también exige disciplina. La jornada comienza a las 8:30 de la mañana y se extiende durante varias horas de trabajo continuo. Aun así, procura mantener un equilibrio con su vida familiar.

El apoyo de su esposo, de su madre —que también fue costurera— y de su hijo ha sido fundamental para sostener el proyecto a lo largo de los años.
Cuando piensa en otras mujeres que desean emprender, su consejo es claro: “Creo que deben concentrarse en su pasión, en algo que disfruten hacer todos los días”.
Emprender, dice, implica sacrificios. Al principio hay que renunciar a algunos gustos personales y dedicar tiempo y esfuerzo al negocio. Pero con constancia, los resultados llegan.
“Fallas, resuelves y sigues”.
María José de la Luz Martel Castro
Hacia las 5 de la tarde, cuando las máquinas se apagan y las canastas con prendas pendientes quedan alineadas junto a la mesa de trabajo, el taller vuelve al silencio.
En las paredes permanecen los carretes de hilo ordenados por colores, como un mapa de las puntadas que se coserán al día siguiente.
Trece años después de aquella primera máquina solitaria, María José de la Luz Martel sigue ahí, revisando cada prenda antes de entregarla, convencida de que su taller ha crecido como se arregla una prenda: puntada a puntada.
Al caer la tarde, en distintos puntos de la ciudad, las puertas de estos negocios comienzan a cerrarse: en una mesa quedan los platos limpios y ordenados, en un taller se apagan las máquinas de coser y en una cafetería se limpia la barra tras el último café y postres servidos.
Detrás de cada uno de los negocios en Merida están las historias de mujeres que decidieron apostar por una idea propia y sostenerla día tras día, convencidas de que los proyectos —como los sueños— también se construyen con paciencia, constancia y trabajo.
Brecha de género en Yucatán 2026: empleo, salarios y acceso a oportunidades
Las mujeres contribuyen de manera significativa a la economía de Yucatán en diversos sectores, aunque todavía existe una marcada brecha de género en empleo, salarios y acceso a oportunidades.
Además de trabajar fuera de casa, la mayoría también dedican más tiempo que los varones a las tareas del hogar. A continuación, la desigualdad laboral en Yucatán en cifras y a detalle.
El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) informó el pasado martes 24 de febrero de 2026 que, en el cuarto trimestre del año pasado, es decir, octubre, noviembre y diciembre de 2025, Yucatán registró 1,268,673 de habitantes (1.3 millones de personas) como Población Económicamente Activa (PEA).
De ese universo, la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (Enoe) indica que 1,229,207 personas estaban ocupadas (98.5%) y 18,676 desocupadas (1.5%).
De la cual, 531 mil 504 era población femenina en edad de trabajar fueron personas económicamente activas (52.8%; mujeres 52.8 de cada 100) y 737 mil 169 eran hombres (78%; hombres 78 de cada 100).

El organismo explica que de esta cantidad, la población que participó en la generación de algún bien económico en Yucatán o en la prestación de un servicio en el cuarto trimestre de 2025 fueron 523 mil 490 mujeres (de un total de 1,012,525) y 726 mil 507 hombres (de un total de 924,730).
Con estos datos, la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (Enoe) muestra una brecha laboral en Yucatán de género de 25.2 puntos porcentuales, ya que 52.8 de cada 100 mujeres en edad de trabajar fueron económicamente activas; mientras que fueron activos económicamente 78 de cada 100 hombres.
La brecha laboral mide la diferencia entre hombres y mujeres en el acceso al empleo, oportunidades profesionales y salarios.
Brecha salarial en Yucatán
En Yucatán, el ingreso promedio de trabajadores de tiempo completo en Yucatán es de $10,790 (diez mil 790 pesos) mensuales y ocupa el lugar décimo séptimo a nivel nacional.
No obstante, la brecha de ingresos entre hombres y mujeres es una problemática persistente en Yucatán, pues el índice de Competitividad Estatal 2025 del IMCO revela que la brecha salarial en Yucatán es de 12.8%.
Es decir, los hombres reciben en promedio 12.8% más ingresos que las mujeres por hora o jornada trabajada.
El dato lo registra dicho instituto en el apartado “Mercado de trabajo”, que mide la competitividad y filtra resultados por entidad.
Y esta disparidad salarial limita el poder adquisitivo de las mujeres, además de perpetuar condiciones de desigualdad de género en Yucatán.
Brecha de género: mujeres que trabajan en la informalidad laboral en Yucatán
De acuerdo con el IMCO, la tasa de informalidad laboral entre mujeres es 7.1 puntos porcentuales mayor que entre los hombres, es decir que hay más población femenina con trabajos informales.
Esto implica trabajar fuera del marco legal, con menor acceso a prestaciones como seguridad social y otros derechos laborales que contempla la Ley Federal del Trabajo y se refleja en una mejor calidad de vida.
Resumen en datos de brecha de laboral de género en Yucatán
En Yucatán, la participación laboral de las mujeres es 25.2 puntos menor que la de los hombres.
- Población de 15 años y más: 1,937,255 (mujeres: 1,012,525; hombres: 924,730)
- Población Económicamente Activa (PEA): 1,268,673 de habitantes (mujeres: 531,504; hombres: 737,169)
- Ocupadas: 1,229,207 personas (mujeres: 523,490; hombres: 726,507)
- Brecha de género: 25.2% ( PEA mujeres: 52.8%; PEA hombres: 78%)
| Indicador | Total | Mujeres | Hombres |
|---|---|---|---|
| Población de 15 años y más | 1,937,255 | 1,012,525 | 924,730 |
| Población Económicamente Activa (PEA) | 1,268,673 | 531,504 | 737,169 |
| Personas ocupadas | 1,229,207 | 523,490 | 726,507 |
| Participación en la PEA | — | 52.8% | 78% |
| Brecha de género | 25.2% | — | — |
