Ante el desarrollo y la constante expansión de la ciudad, cada vez es más común encontrar fauna que ya es considerada urbana dentro de los propios hogares.
Con la transformación que Mérida ha experimentado en los últimos años, llega la ocupación de áreas que antes eran refugio y fuente de alimento para diversas especies animales. La ocupación de estos espacios inevitablemente ocasiona que humanos y fauna coexistan.
Fernando Martínez Belmar, biólogo y fotógrafo, integrante de la organización Ya’ax Kaan, dedicada al rescate y conservación de fauna, explica que la fauna urbana se refiere a los animales que viven y se han adaptado al entorno de las ciudades y comparten el mismo espacio que ocupan las personas.
Como ejemplo menciona especies como las zarigüeyas, las iguanas, las iguanas “besuconas” (conocidas en la región como cho’can), diversas especies de aves y una gran variedad de insectos.
Todos ellos, tras muchos años, han logrado adaptarse al entorno urbano, modificando tanto sus conductas como su dieta de acuerdo con los recursos que encuentran dentro de las ciudades.
Muchas veces se cree que estos animales se alimentan principalmente de basura; sin embargo, Martínez Belmar señala que en muchos casos su alimento proviene de árboles frutales. Estos suelen encontrarse con frecuencia en patios de viviendas y áreas verdes, donde son plantados para el aprovechamiento de las personas, lo que indirectamente también proporciona una fuente de alimento para diversas especies urbanas.
Esta situación también atrae a los depredadores de esas especies, lo que incrementa la presencia de más fauna en la ciudad.
Como ejemplo, el biólogo menciona aves y reptiles que han logrado adaptarse al entorno urbano debido al aumento de insectos, ya sea por la basura, los árboles frutales antes mencionados o las flores que se encuentran en patios y jardines.
Sin embargo, hay especies que aparecen como visitantes en las periferias de la ciudad.
Entre ellas se encuentran pequeños felinos, la zorrita gris o los mapaches, animales que no suelen considerarse fauna urbana, pero que poco a poco se ven obligados a adentrarse cada vez más en zonas habitadas.
Martínez Belmar también hace hincapié en la importancia de generar conciencia sobre este fenómeno.
“Debemos estar conscientes que donde nosotros estamos antes no había calles, casas, planchas de cemento, sino que era naturaleza y selva y nosotros llegamos a invadir el hábitat de estos animales”, señala.
Ante ello, invita a las personas que se encuentren con fauna urbana o silvestre a no intentar interactuar con los animales, capturarlos o darles de comer, ya que estas acciones pueden representar riesgos para la salud tanto de las personas como de sus mascotas, e incluso para la propia fauna.
Principalmente quienes pueden salir muy mal parados de estos encuentros son los animales silvestres, quienes podrían contagiarse de patógenos, sean virus, bacterias, hongos o parásitos a los que estás especies no pueden combatir, porque tienen sus propios patógenos con los que conviven aislados en la naturaleza.
Por ello el biólogo remarca en que se haga conciencia sobre esos animales que sin querer se vieron atrapados por las ciudades, pues no eligieron vivir en este entorno, ellos tuvieron que adaptarse para no desaparecer.
Las especies silvestres corren riesgos al estar en contacto con personas o mascotas.
Estas especies podrían contagiarse de patógenos, sean virus, bacterias, hongos o parásitos a los que no pueden combatir, porque tienen sus propios patógenos con los que conviven aislados en la naturaleza.— PABLO MAY PECH
