En Mérida, donde la bicicleta es parte del paisaje cotidiano, el reto ya no es promover su uso, sino lograr que se integre de manera real y eficiente con otros medios de transporte.
Para Everardo Flores Gómez, presidente de la asociación civil Cicloturixes, el desafío central para esta ciudad no es solo construir más ciclovías, sino avanzar hacia una verdadera intermodalidad que permita a los ciclistas combinar la bicicleta con el transporte público de manera segura y práctica.
Bicicletas y otros transportes, sin conexión plena en vías de Mérida
Aunque en los últimos años se han dado pasos importantes en materia de movilidad urbana, todavía existe una brecha entre las políticas públicas y la experiencia cotidiana de quienes se trasladan en bicicleta, señala.
Uno de los ejemplos más visibles es el sistema de bicicletas compartidas En Bici, que en teoría busca ofrecer una alternativa de transporte sustentable para la población.
A juicio del activista, el sistema tiene potencial, pero aún no logra consolidarse como una solución de movilidad cotidiana para el meridano promedio.
“Hoy por hoy, su uso se inclina más hacia lo recreativo o turístico”.
En parte, esto se debe a la ubicación de muchas estaciones en zonas con alta presencia de visitantes o áreas céntricas, lo que limita su alcance para quienes necesitan desplazarse diariamente desde colonias más alejadas hacia centros de trabajo o estudio.
El especialista considera que, para que el sistema se convierta en una herramienta real de movilidad, es necesario ampliar su cobertura territorial y conectarlo mejor con otros nodos de transporte.
“La bicicleta compartida funciona muy bien cuando forma parte de un sistema intermodal. Es decir, cuando puedes usarla para llegar a una estación de autobús o a un punto estratégico del transporte público”.
En ese sentido, el sistema de transporte público Va y Ven, que ha modernizado la red de autobuses en la zona metropolitana, abre una oportunidad para avanzar hacia esa integración.
Sin embargo, Flores Gómez considera que la infraestructura para los ciclistas aún es incipiente.
Los pendientes en movilidad
Uno de los elementos más visibles del sistema es el rack frontal instalado en varias unidades, diseñado para transportar bicicletas.
En teoría, esta herramienta permitiría que los usuarios combinen trayectos largos en autobús con recorridos más cortos en bicicleta. En la práctica, no obstante, su uso todavía es limitado.
El representante de Cicloturixes explica que parte del problema radica en la falta de cultura de uso y de información entre los usuarios.
“Muchas personas no saben que pueden usar el rack o no se sienten seguras de hacerlo, porque no hay suficiente difusión o capacitación sobre cómo funciona”.
A esto se suma una limitación física: la mayoría de los racks permiten transportar únicamente dos bicicletas por unidad.
Para Flores Gómez, esta capacidad resulta insuficiente si se considera que Mérida registra un “alto dinamismo ciclista”, con miles de personas que utilizan la bicicleta diariamente para desplazarse por la ciudad.
“Si realmente queremos fomentar la intermodalidad, se tiene que pensar en sistemas que puedan absorber una mayor demanda”.
En ciudades donde el modelo ha madurado, explica, se combinan racks en autobuses con estacionamientos seguros para bicicletas en estaciones clave.
Precisamente ahí surge otro de los pendientes para Mérida, la instalación de bicipuertos o estacionamientos seguros en paraderos estratégicos del transporte público.
Aunque existen algunos espacios para estacionar bicicletas en distintos puntos de la ciudad, todavía no se cuenta con una red consolidada que permita a los usuarios dejar su bicicleta con confianza mientras continúan su trayecto en autobús.
En su opinión, este tipo de infraestructura podría marcar una diferencia importante para quienes viven en colonias donde el transporte público no llega directamente a su puerta.
“La bicicleta puede ser el primer o el último tramo del viaje. Pero para eso necesitamos lugares seguros donde dejarla“.
