El canto de las aves se ha vuelto una constante en el panorama cotidiano de la ciudad, integrándose de tal forma que muchas veces pasan inadvertidas.
Sin embargo, detrás de este ambiente sonoro existe una realidad biológica compleja que Gilberto Manuel González Kuk, doctorante en ciencias biológicas e integrante del Programa de Aves Urbanas de Mérida, invita a conocer para fortalecer la conservación de las especies que cohabitan con el ser humano.
Muchas de las aves que observamos a diario son consideradas especies sinantrópicas, lo que significa que han logrado adaptar su ciclo de vida al entorno urbano.
Un ejemplo claro son las palomas en sus distintas variedades, desde la doméstica —habitual en el Centro Histórico— hasta la paloma de alas blancas (conocida como torcaza) y la tortolita rojiza.
A este grupo se suma la paloma de collar turca, una especie exótica que ya es común en diversos puntos de la capital yucateca, junto a otras aves emblemáticas como el cenzontle y el xtakay, nombre maya otorgado a las aves de plumaje amarillento.
El comportamiento de estas especies no es estático, indica González Kuk, pues aunque muchas residen en forma permanente, la ciudad recibe a otras tantas durante las temporadas de migración en otoño y primavera.
Mérida ofrece condiciones favorables para que estas aves se establezcan temporalmente; no obstante, el doctorante advierte que el equilibrio ecológico depende estrechamente del entorno.
La pérdida de áreas verdes, la fragmentación de los espacios y el crecimiento urbano sin planeación afectan directamente la capacidad de las aves para alimentarse, anidar y, en última instancia, sobrevivir.
Respecto a la capacidad de la ciudad para atender aves heridas, González Kuk señala que “existe un avance importante en la generación de conciencia social, lo que ha derivado en la creación de instituciones y organizaciones civiles dedicadas a la protección de la fauna”.
Sin embargo, reconoce que la capacidad de respuesta aún es limitada frente a la alta cantidad de reportes.
En muchos casos la atención debe priorizarse bajo criterios de conservación, dirigiendo los esfuerzos principalmente hacia especies en riesgo o vulnerables, como son los loros y las aves rapaces.
Un punto crítico en la interacción humana con las aves son las prácticas bien intencionadas que resultan incorrectas.
El especialista hace un llamado a no recoger polluelos que caen del nido, “ya que generalmente sus padres permanecen cerca para continuar con su cuidado”.
También añade que intervenir en estos casos suele reducir sus probabilidades de supervivencia. Permitir que los gatos deambulen libremente, el uso excesivo de iluminación nocturna o la instalación de grandes ventanales sin señalización adecuada provocan colisiones y muertes que podrían evitarse.
Para mitigar el impacto del crecimiento inmobiliario, se requiere una planeación urbana que considere la conservación de áreas verdes, la conectividad entre espacios naturales y la inclusión de cuerpos de agua que favorezcan la biodiversidad, apunta el especialista.— Ilse Noh Canché
Aves Protección
Gilberto Manuel González Kuk, integrante del Programa de Aves Urbanas de Mérida, se refiere a las especies de aves.
Papel de la gente
González Kuk destaca que la participación ciudadana es la pieza clave para el futuro. Plataformas electrónicas de ciencia ciudadana permiten que cualquier persona contribuya al conocimiento colectivo, entendiendo que valorar a las aves como parte esencial del ecosistema urbano es el primer paso para asegurar su permanencia.





