Hacen falta cámaras hiperbáricas en Yucatán, éstas no solo sirven para atender a buzos con descompresión, sino también para evitar amputaciones de enfermos por diabetes, infartos cerebrales, tromboembolias, entre otros males. Solo hay cinco en centros médicos en la entidad, una es del sector privado, otras dos están en Tizimín y Mérida, y solo hay una en Progreso, pero no funciona, y existe otra para atender en simultáneo hasta a 21 personas, que se instaló desde 2009 y hasta hoy no opera.
Así lo alerta Gerardo Baltazar García Hernández, jefe de la Unidad de la Cámara Hiperbárica del Hospital O’Horán, respecto la falta de estos equipos.
En entrevista concedida al Diario en las actuales instalaciones donde funciona la única Cámara hiperbárica pública de Mérida, García Hernández remarca que, en forma, con personal capacitado y equipo adecuado, solo hay solo cuatro cámaras para todo el estado de las cinco reportadas, y que no son suficientes, sobre todo considerando que una es del sector privado.

Se averiguó que de estas cuatro cámaras que dispone hasta de personal capacitado y confiable, una es del sector privado. De igual manera, advierte sobre los riesgos que existen por falta de personal capacitado y el uso de las que se conocen como “cámaras de plástico”.
“Hay muchas cámaras en todo el Estado de las conocidas como de plástico y sin personal debidamente calificado”, declara al señalar esto como el principal problema. Añade que, “no son recomendables, porque muchas veces no alcanzan la presurización adecuada para tratar una enfermedad por descompresión, no son ni siquiera como paliativo. Son más bien como una forma de hacer rica a la persona que las usa y no precisamente el paciente”.
Problema “plástico”
Insiste que el problema es que abundan muchas de estas cámaras de “plástico” y una gran mayoría de las personas desconoce completamente, por ejemplo, la inflamación por descompresión y se atreven a tratar pacientes, una práctica riesgosa, ya que un mal tratamiento puede originar secuelas graves.
De las otras cámaras preparadas para funcionar debidamente (además de la del sector privado y el O’Horán) otra funciona en Tizimín, y la cuarta, que es la única instalada en un puerto, en este caso Progreso, no funciona por falta de equipos y otros requerimientos.
En este último caso, García Hernández dice que el personal está preparado, aunque desconoce la causa exacta por la cual no funciona, a pesar de ser la única en la costa. El entrevistado destaca el hecho de que no hay cámaras hiperbáricas en la costa de Yucatán, a pesar de ser indispensables y primordiales para atender a las personas que bucean y sufren problemas, en especial por descompresión, y en muchos casos incluso el tiempo para su atención es primordial para salvarles la vida.
Con respecto a la única cámara del sector público que funciona en Mérida, está a más de 40 kilómetros de la playa más cercana, que es Progreso, y le corresponde atender también a las costas del poniente del Estado: Celestún y Sisal, así como otras del centro como Telchac y Dzilam Puerto, que están más lejanas.
Respecto a la que funciona en Tizimín, le correspondería atender a los del oriente y manifiesta que la distancia entre esa ciudad y El Cuyo, el puerto más lejano en esa zona, es de 98.8 kilómetros.
“Sería más fácil que vengan todos a Mérida, pero aun así cuando tienen problemas el tiempo es vital, y aplica para todo, en el camino puede haber complicaciones, más problemas y hasta la muerte, por eso lo ideal sería que se instalasen cámaras en la costa, y la única para esa zona no funciona”, recalca el especialista.
Costos de equipos especializados
En cuanto a los costos de estos equipos, estima que varía por el tipo de cámara. La más barata tiene un valor de 1.5 millones de pesos aproximadamente, como la que está en el O’Horán.
“Su mantenimiento debe ser regular, depende del número de sesiones, como los autos. Los mantenimientos preventivos son como de 15 mil a 20 mil pesos por lo menos”, agrega.
El galeno precisa que, los servicios correctivos son bastante caros, porque las piezas son “americanas”, son importadas y tiene un costo y aparte “no cualquiera le mete mano a una cámara hiperbárica, entonces el mantenimiento es primordial”, indica.

Subraya que la cultura de prevención es muy importante y que los equipos sean de calidad y certificados.
“Hay empresas que se encargan de certificar cámaras hiperbáricas, las mismas inclusive que las fabrican ya certificadas. Una cámara hiperbárica adecuada o idealmente, mejor dicho, debe tener certificaciones por ASME (Asociación Americana de Ingenieros Mecánicos) y por la NFPA (“National Fire Protection Association”). No todas las cámaras que se venden en México lo tienen, lamentablemente. Pero sí sería bueno que tuviéramos esos equipos. Y también muy importante el personal”, remarca.
Y de nuevo insiste en que por eso, no todas las cámaras que funcionan en el Estado cuentan con el personal capacitado.
“Muchas veces los atienden gente que dice el clásico: ‘Yo ya vi cómo lo hacen y yo creo que lo puedo hacer’, y eso es peligroso y de hecho es peor. Ahí la importancia de tener los equipos y personal adecuado”, puntualiza.
Sobre la única cámara que funciona en el O’Horán, a decir del doctor, encargado de manejarla, aún no les han dicho cuál será el futuro de dicha unidad, en especial por el próximo funcionamiento del nuevo hospital en el periférico sur.
En lo que respecta a la cámara para 21 personas que está en la unidad médica citada y sus instalaciones, que hasta la fecha sigue sin entrar en operación, al menos oficialmente todavía no se sabe cuál será su futuro.
Antecedentes
Como se recordará, un banco donó 11 millones de pesos para su adquisición e instalación. Debido a sus dimensiones fue necesario construir el edificio que la alberga, donde se instaló “sobre ella”, se sabe públicamente de dos intentos por echarla a andar y otra de donarla, sin que hasta la fecha entre en funciones.
Este equipo donado durante la administración de la entonces gobernadora priista Ivonne Ortega Pacheco. Mide 17 metros de largo por 10 de ancho, cuenta con sillones tipo reposet y capacidad para atender hasta 21 pacientes simultáneamente, lo que la convierte en una de las cámaras hiperbáricas multiplaza más grandes de América Latina.
En octubre de 2024, la entonces secretaria de Salud del Estado, Judith Elena Ortega Canto, habló del proyecto para finalmente poner en operación la cámara multiplaza instalada en el O’Horán. En ese entonces, dijo, solo se esperaba de la firma del convenio IMSS-Bienestar, para que dentro de los recursos que se recibirían se solicitara su mantenimiento de manera urgente.
Años atrás, durante el gobierno del priista Rolando Zapata Bello, también se aseguró que “por fin” se pondría en funcionamiento, y para lo cual se invertiría 80 millones de pesos para completar sus instalaciones, pero eso tampoco se cumplió.
Posteriormente, en el gobierno panista de Mauricio Vila Dosal, se informó que por no tener los recursos para operar esta cámara se había decidido donarla, pero eso no se concretó.
En octubre de 2025, la misma Judith Ortega Canto volvió a anunciar que el equipo entraría en funcionamientos tras años sin operar, lo mismo que dijo en 2024, que solo se esperaba el convenio IMSS-Bienestar para gestionar recursos para el su mantenimiento urgente
