Intervenir una vialidad histórica implica encontrar un equilibrio entre conservar su esencia y adaptarla a las necesidades actuales de la ciudad, explica la doctora en arquitectura, investigadora y docente, Ileana Lara Navarrete, al hablar sobre el proyecto de intervención en el Paseo Montejo de Mérida.
Para la recientemente nombrada cronista de la ciudad, esta situación no solamente se trata de un tema urbano, sino también patrimonial.
Próximas intervenciones en la avenida comenzaron a discutirse públicamente desde octubre de 2025, el proceso de planeación se formalizó en abril pasado.
Al respecto, la especialista advierte que cualquier cambio en una de las avenidas más representativas de Mérida no puede hacerse sin sustento técnico, sin tomar en cuenta lo que ya se ha construido y con un proceso real de consulta ciudadana.
Aunque se ha planteado que para junio podría presentarse un proyecto sólido, hasta el momento no hay una fecha definida para el inicio de las obras.
También se menciona que el proceso podría extenderse hasta la siguiente administración.
A principios de este mes se dio a conocer en una rueda de prensa que la Universidad Autónoma de Yucatán (Uady) y la Secretaría de Infraestructura para el Bienestar (SIB) firmaron un convenio de colaboración que contempla diversas acciones, entre ellas el desarrollo de proyectos de participación ciudadana, la formulación de investigaciones en desarrollo urbano y comunitario, así como la elaboración de estudios y diagnósticos territoriales.
Estas acciones se aplicarán en varios proyectos, incluido el Paseo de Montejo.
A finales de octubre de 2025, el Diario publicó que Jorge Carrillo Sáenz, presidente del Consejo Empresarial Turístico (Cetur) y de la Fundación Paseo de Montejo, planteó al gobernador tres propuestas de renovación para esta avenida histórica, entre ellas retirar los arriates con jardineras en ambos cuerpos de la vialidad, reactivar el Consejo Estatal de Vialidad y desarrollar un proyecto integral.
Días después del planteamiento comenzaron a aparecer algunos arriates señalados con palos de madera que llevaban la inscripción “quitar”, además de marcas en forma de equis pintadas en rojo.
En una entrevista en enero pasado, Everardo Flores Gómez, presidente de la asociación Cicloturixes, señaló que “el Paseo de Montejo no es la arteria de Mérida que necesita mayor intervención vial”. También advirtió que “si la intención es estética o turística, entonces es un derroche de recursos”.
Estas declaraciones se dieron en medio de la polémica por el posible retiro de las jardineras, que sirven como protección para ciclistas y peatones.
Sobre el tema, la doctora Lara Navarrete expone que “las recomendaciones de la Unesco para intervenciones en ámbitos históricos, van en el sentido de considerar el desarrollo urbano y la conservación patrimonial como procesos que se complementan y no como excluyentes, ambos deben coexistir armónicamente”.
Para ella, una intervención no debería medirse únicamente por cómo se ve, sino por el impacto que tiene en la vida cotidiana de quienes la usan.
“Una intervención exitosa se nota cuando la gente la habita, la cuida y mejora su rutina diaria, no solo cuando aparece en las imágenes de inauguración”.
Entre las tendencias actuales en urbanismo, el enfoque de “calles completas” se plantea como la principal ruta para este tipo de espacios. Esto implica priorizar la movilidad peatonal, ciclista y el transporte público, sin dejar de lado el flujo vehicular.
“En síntesis, transformar la avenida en un espacio seguro para peatones, ciclistas, transporte público y vehicular, mejorando la habitabilidad del sitio y contribuyendo al mejoramiento ambiental del entorno”.
Sin embargo, la entrevistada señala que el contexto de Paseo de Montejo también está marcado por la presencia de intereses comerciales y turísticos, lo que genera tensiones sobre el tipo de intervención que debería realizarse.
“Se debe evitar privilegiar solo a un sector cuyos intereses entran en conflicto con la sostenibilidad ambiental, con la movilidad urbana segura y con la vida cotidiana de la zona”.
Ante este escenario, la especialista insiste en que cualquier decisión debe priorizar el bien común y construirse a partir de procesos participativos.
“Debemos recordar que el bien común debe prevalecer por encima del bien privado”, asevera.
Asimismo, recuerda que la avenida ya ha sido reconocida a nivel nacional por su diseño urbano. En 2022 fue incluida entre las mejores calles del país dentro de un análisis que destacó su enfoque en movilidad y espacio público.
“El análisis que posicionó al Paseo de Montejo entre las vías completas mejores del país debe tomarse en cuenta antes de pensar en un cambio, o éste debe estar completamente fundamentado en lo técnico, en lo social, en lo económico y en lo ambiental”, añade.
Ante una mala intervención, dice que puede traducirse en pérdida de identidad, desplazamiento de población o incluso riesgos para quienes transitan por la zona.
“Un mal proyecto suele ‘arruinar’ la experiencia del lugar, convirtiendo un activo cultural en un espacio genérico, ineficiente y a menudo, inseguro”.
“Destruir o disminuir el valor de lo hecho es ya de entrada un desperdicio del dinero público, el tiempo y los recursos invertidos en lo existente serían desechados sin razones sustentadas y conocidas para hacerlo, lo cual genera malestar social que puede reflejarse en costos políticos”.
“Un mal diseño o proyecto requiere reparaciones frecuentes, desperdiciando recursos públicos y generando altos costos de mantenimiento”, agrega.
En su opinión, la planeación de esta intervención debe ser “participativa, equilibrada para toda la sociedad, justa con el bien común por sobre el bien privado, respetuosa con el reglamento vigente y, muy importante, la planeación urbana debe ser conducida por cuadros técnicos capacitados, honestos y sensibles a las necesidades de la ciudadanía”.— Karla Cecilia Acosta Castillo
Intervención Errores
La cronista de Mérida, Ileana Lara Navarrete, señala errores cometidos en otras ciudades.
Ejemplos
La investigadora recalca que entre los errores más relevantes están la falta de participación ciudadana en la toma de decisiones, un análisis previo insuficiente o diagnósticos erróneos, así como priorizar el uso del automóvil por encima de peatones y ciclistas, lo que termina por afectar la seguridad.
Más problemas
Problemas como el uso de materiales incompatibles, la falta de señalética adecuada y el descuido en el mantenimiento deterioran tanto la funcionalidad como la experiencia del lugar.
Posicionamiento oficial
Según las autoridades estatales, la intervención de Paseo de Montejo es mejorar la movilidad y la seguridad vial en la zona, ordenar el uso del espacio y fortalecer su atractivo turístico.
