• Ansiedad, cansancio crónico, depresión e incluso sentimientos de culpa son algunas secuelas del ideal de la madre perfecta, advierte experta
  • La incorporación de las mujeres en el mercado laboral no eliminó las exigencias domésticas, familiares y sociales, señala una psicóloga

Honrar a una madre no es regalarle flores el 10 de mayo y volverla a sobrecargar al día siguiente. Honrarla es, sobre todo, reconocerla como una persona completa antes que un rol, honrarla también significa permitirle ser imperfecta, liberándola de la fantasía de la madre ideal, esa imagen inalcanzable que ella misma se exige y que la sociedad le impone.

Así lo expresa la psicóloga Giovanna Carolina Mézquita Hoyos al hablar de las madres de hoy y cómo se ha transformado este rol ante los retos de la actualidad.

El concepto de “buena madre” ha cambiado en Yucatán tras la incorporación masiva de la mujer al mercado laboral, tecnológico y de servicios, pero el cambio ha sido de manera incompleta y dolorosa, señala.

—Durante generaciones, la “buena madre yucateca” se definió por su capacidad de atender a la familia desde el hogar siendo alguien siempre disponible, paciente y dispuesta a sacrificarse.

—El problema es que las expectativas no se han ajustado, a la madre actual no se le pidió cambiar de rol, sino sumar más roles.

—La sociedad le ha impuesto nuevas exigencias laborales sin liberarla de las viejas demandas domésticas y emocionales. El resultado es una idea de “buena madre” imposible, que solo se sostiene a costa de su salud mental, sus sueños y su vida personal.

La especialista señala que hay una transición importante en marcha entre lo que es una “madre abnegada” a la “madre autocuidada”, especialmente en las generaciones más jóvenes, que han comenzado a cuestionar el mandato de la abnegación heredado de sus madres y abuelas.

La culpa, el peso de las madres

Es importante aclarar que muchas madres aún sienten culpa por cuidarse, como si eso fuera una traición al tiempo dedicado a sus hijos, cuando en realidad la madre que cuida de sí misma es un buen ejemplo para los hijos, expone.

Es muy beneficioso para los hijos tener una madre que cuida de sí misma. Una madre agotada, resentida o vacía no puede conectar con su hijo, porque esa conexión requiere recursos internos.

—Cuando una madre se atiende, le enseña a sus hijos dos cosas que ningún libro le enseñará: que las personas son valiosas por sí mismas, no solo por lo que dan; y que pedir, descansar y disfrutar son actos válidos. Una madre que se cuida, cría hijos e hijas que aprenderán a cuidarse a sí mismos.

Romper el mito de “Supermamá”

—Cuando se intenta cumplir con el rol de “supermamá” las consecuencias se acumulan. De inmediato, surgen el agotamiento crónico, la ansiedad, los problemas de sueño, la irritabilidad y una constante sensación de estar atrasada en todo.

Giovanna Mézquita explica que a mediano plazo muchas madres describen una desconexión de sí mismas, ya no saben qué les gusta, qué necesitan o qué sienten.

—Han pasado tanto tiempo enfocadas en los demás que pierden el hilo de su propia vida. Más profundamente, aparece la culpa, que es la marca distintiva de la “supermamá”, una culpa cuando trabaja porque no está con los hijos, culpa cuando está con los hijos porque no avanza en el trabajo, culpa cuando descansa y culpa cuando pide ayuda.

—A esto se le suman los síntomas físicos: dolores de cabeza, contracturas, problemas digestivos y depresión.

El cuerpo termina expresando lo que la voz no se atreve a decir. Muchas mujeres acuden a psicoterapia cuando la enfermedad las obliga a detenerse; antes, simplemente no podían o no se permitían hacerlo.

La psicóloga enfatiza que honrar a una madre no es regalarle flores el domingo 10 de mayo y volverla a sobrecargar el lunes.

—Honrarla es, sobre todo, reconocerla como una persona completa antes que un rol. Es preguntarle cómo está y esperar una respuesta sincera. Es no dar por sentado el trabajo invisible (la lista mental interminable, saber la talla de cada hijo, lo que falta en la despensa, cuándo es la próxima vacuna), y comenzar a repartir ese trabajo.

—Honrarla también significa permitirle ser imperfecta, liberándola de la fantasía de la madre ideal, esa imagen inalcanzable que ella misma se exige y que la sociedad le impone. Honrarla, en esencia, es devolverle tiempo: tiempo sin tareas, sin culpa y sin necesidad de justificarse.

—Una madre a la que se le honra es una madre que puede aburrirse, leer un libro o no hacer nada, sin que nadie en la casa lo vea como un problema.

Para que una mujer pueda maternar en forma consciente y saludable se necesita corresponsabilidad real, no ayuda, afirma. Se requiere una pareja que no ayuda en casa, sino que asume la mitad de las responsabilidades del hogar y de la crianza como propias.

—También necesita una red: abuelos, tíos, amistades, vecinos y otras madres con quienes compartir y desahogarse. La maternidad solitaria, encerrada en casa con un bebé, es una distorsión reciente y muy poco natural de la maternidad; durante casi toda la historia humana la maternidad se vivió en comunidad.

Además, destaca que requieren condiciones laborales adecuadas: licencias de maternidad y paternidad justas, lactancia respetada y horarios compatibles con la vida.

La mujer necesita acceso a servicios de salud mental, ya que la depresión postparto y la ansiedad maternal siguen siendo muy subdiagnosticadas. Y necesita una cultura que deje de romantizar el sacrificio.

—Mientras sigamos diciendo que “una madre lo da todo por sus hijos” como un cumplido, estaremos pidiéndole, con aplausos, que se anule.

A las madres que hoy se sienten sobrepasadas, agotadas o con culpa, la psicóloga Giovanna Mézquita les externa lo siguiente:

—Lo primero que quiero decirles es que no están fallando, aunque la voz interna les diga lo contrario. El cansancio que sienten no es señal de debilidad ni de ser mala madre; es la respuesta natural de un ser humano a una carga que ninguna persona podría sostener sola.

—La culpa que cargan no les pertenece del todo; es heredada, cultural, transmitida de generación en generación y reconocerlo ayuda a empezar a soltarla.

Mensaje para las madres

La psicóloga Giovanna Carolina Mézquita Hoyos comparte un mensaje para las madres.

Les invito a pedir ayuda, no lo vean como rendirse, sino como un recordatorio de que las maternidades se sostienen en comunidad, señala la especialista. Tengan presente que descansar no es egoísmo ni flojera, es una responsabilidad. Llorar, dudar o necesitar un momento a solas no las descalifica como madres, las humaniza.

“No tienen que estar exhaustas para ganarse el descanso, ni es su deber tener todo resuelto para permitirse disfrutar. Sus hijos no necesitan una madre perfecta, necesitan una madre viva, presente y honesta. Y eso ya lo están haciendo, aún en los días en que sienten que no es así”.