MÉRIDA, Yucatán.— Las libretas se cerraron por un momento, las cámaras colgaron de los hombros sin prisa y el rítmico tecleo de las computadoras en la sala de Redacción se pausó y cedió su lugar a un instante de íntimo recogimiento y gratitud.
Bajo la sobria arquitectura de la rectoría de la iglesia de San Juan Bautista, la gran familia del Diario de Yucatán —entre colaboradores de todas las áreas del centenario rotativo y de empresasa aliadas del mismo— se fundió este domingo en un abrazo colectivo junto a sus familias para conmemorar, a través de una misa de acción de gracias, un aniversario más del “Periódico de la Vida Peninsular“.
En esta ocasión, el Diario agradeció por llegar a los 101 años de existencia y como testigo de la historia de la mano de la sociedad yucateca.
El valor de la verdad
El momento cumbre de la ceremonia llegó, cuando el presbítero Héctor Cárdenas Angulo lanzó una frase que resonó con fuerza en el recinto y que pareció resumir más de un siglo de tinta y papel: “El Diario tiene el valor de la verdad”.
Con estas palabras, el sacerdote reconoció el peso social de la casa editorial, instando a los presentes a seguir defendiendo la justicia y el amor como estandartes innegociables en su labor informativa diaria.
La homilía se transformó en una cálida charla donde el lenguaje litúrgico se acopló perfectamente al sentir de los colaboradores y directivos de este centenario rotativo.
Solemnidad de la Santísima Trinidad
Enmarcado en la solemnidad de la Santísima Trinidad, el padre Cárdenas explicó cómo Jesús camina entre la comunidad bajo la entrañable figura del “buen pastor”, ese que guía con paciencia y no abandona a su rebaño en las jornadas más complejas.
El ambiente de fe se profundizó al hablar sobre el Espíritu Santo, a quien el celebrante describió no como un concepto lejano, sino como el consolador y defensor que asiste al ser humano en los pasajes más difíciles de la vida, convirtiéndose en el motor que impulsa las decisiones correctas.
“El Espíritu Santo es el que nos guía y nos envía para que en este punto de nuestra vida nos dejemos mover por Dios desde el interior y que se note con nuestras acciones”, exhortó con calidez en el altar.
Recordando que la divinidad se manifiesta en los pensamientos, pero sobre todo en las obras, el sacerdote invitó a la concurrencia a no atomizar su fe, sino a derramarla de forma viva tanto en la intimidad del hogar como en el bullicio de los pasillos laborales.
La emotiva jornada dominical, que entrelazó la nostalgia de los años recorridos con la frescura de los nuevos retos periodísticos, selló su comunión con una postal para el recuerdo.
En las escalinatas del templo, entre las miradas de compañeros, la alegría de los presentes y el orgullo de pertenecer a una institución centenaria, los asistentes posaron para la fotografía grupal, inmortalizando un aniversario más donde el papel se tiñó de gratitud espiritual.
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