El aroma dulce, la mística de la “abeja sagrada” maya y el ingenio de los productores locales transformaron por completo el “remate” de Paseo de Montejo, que albergó la primera edición de la Feria de la Miel.
Este evento que no solo rindió tributo a la milenaria tradición de la apicultura en la Península, sino que se convirtió en un escaparate de innovación y un tanque de oxígeno económico para decenas de familias.
La colmena de expositores demostró que la miel ya no solo se vierte en el té, ya que de este insumo se pueden realizar desde jabones, maquillajes y dulces hasta gotas ópticas, polen, bebidas artesanales, el oro líquido yucateco exhibió su fascinante versatilidad.
Detrás de este festín de sabor y cultura se encuentra una estrategia de impulso al campo.
Desde la dirección de Prosperidad y Bienestar Económica del Ayuntamiento de Mérida se explicó que el evento cristalizó gracias al proyecto municipal Círculo 47 y del convenio estratégico con el movimiento internacional Comercio Justo, nacido en Chile.
Se indicó que “la idea central es que la gente compre de forma directa; que el productor salte al intermediario y se lleve la ganancia justa, porque normalmente ellos son los que menos parte del pastel reciben”.
Para esta primera experiencia se convocó a 30 productores locales de Mérida y sus comisarías. Debido al éxito de asistencia, las autoridades anticiparon que la actividad llegó para quedarse y se planea futuras ediciones que podrían crecer y cambiar de sede para albergar a más participantes.
Entre los coloridos puestos destacó la historia de Georgina Balam, originaria de la comisaría de Dzununcán. Ella representa la continuidad de un legado familiar de más de 60 años iniciado por su padre.
Conmovida, compartió una filosofía de vida que hoy entiende a la perfección.
“Las abejas nos han dado todo. Mi papá siempre nos decía a mí y a mis hermanos: ‘A las abejas las quiero más que a ustedes’. Hoy lo comprendo. Ellas son el sustento de mi hogar y la fuente de los empleos que generamos”.
Además de los elixires del panal, la marca innovó en la feria presentando conservas artesanales de ciricote, nance y ciruela, cosechadas en los mismos huertos donde habitan sus abejas.
El toque disruptivo de la jornada lo puso José Ramírez Rodríguez, un ingeniero en alimentos, que decidió combatir el aburrimiento y los altos costos de la ley seca durante el confinamiento por Covid-19, elaborando hidromiel. Este antiguo fermento —cuyo origen se disputa con la cerveza y el vino— utiliza la miel como base alcohólica.
“El proyecto nació en la pandemia, cuando las bebidas escaseaban y subían de precio. No iba a pagar cantidades exorbitantes por una cerveza, así que investigué y produje mi propio consumo. Después apliqué mis conocimientos profesionales de ingeniería para estandarizar el producto”, relató.
Hoy ofrece tres variantes que volaron de los estantes: natural, romero y jamaica.
La Feria de la Miel no solo atrajo a compradores especializados, sino que coincidió con la tradicional Bici-ruta dominical, lo que multiplicó la afluencia de familias y turistas. Entre el ir y venir de bicicletas, los más pequeños disfrutaron de un show infantil y se tomaron fotografías con divertidas botargas de abejas.— PABLO MAY PECH
Tradición heredada
Entre los participantes de la Feria de la Miel estaba Georgina Balam, originaria de la comisaría de Dzununcán, quien continúa el negocio de más de 60 años iniciado por su padre.
Hidromiel
José Ramírez Rodríguez, ingeniero en alimentos, ofreció su hidromiel en sus tres variantes: natural, romero y jamaica.
