cartas al diario

Recibimos un escrito del LCC Javier Montes de Oca Zentella, en el cual expresa lo siguiente:

La noche del lunes 1 de junio, el gobernador de Yucatán propuso y obtuvo la aprobación unánime del Consejo Estatal de Protección Civil para la suspensión total de labores en el estado de Yucatán, en previsión de condiciones climáticas adversas para el martes 2.

En su comunicado, el gobernador externó: “Hago un respetuoso llamado a los empresarios de Yucatán para que, con la solidaridad y la responsabilidad social que este caso requiere, apoyemos a los trabajadores permitiéndoles permanecer seguros con sus familias y evitar traslados innecesarios que pudieran poner en peligro su integridad física”.

Pero, afortunadamente, el martes 2 de junio amaneció, en el norte de Mérida, con sol claro, cielo abierto y posibilidades de lluvia casi nulas, sino hasta tarde-noche.

¿Y cuál fue el actuar del gobierno, al menos ante un empresario que, al ver el panorama del clima, decidió ir a su empresa solo, sin trabajadoras que se quedaron en casa con el consentimiento del joven empresario, y ponerse a trabajar?

A atender él, en lo personal, a sus clientes, porque debe saber el gobierno, en todas sus escalas, que la nómina semanal que paga los sábados, el IMSS, Infonavit, ISR, luz, agua y demás cargas económicas que tiene ese joven empresario, como todos, no conoce de lluvias, descargas eléctricas ni calles inundadas. Llegado el día, hay que cubrir esos costos.

Ese dinero lo tiene que reunir con su trabajo diario, con eficiencia, profesionalismo y calidad en el servicio hacia sus clientes.

Pero resulta que ese fue el “error” que cometió: trabajar para producir en un día soleado y sin riesgo alguno para nadie.

Y ese “error” le costó que, a las 2 de la tarde de este martes 2 de junio, se presentaran al negocio agentes de la SPP y de Protección Civil para amenazarlo con multarlo y clausurar su negocio por “poner en riesgo a la ciudadanía al estar trabajando”.

Por más que el joven empresario, que atendía en ese momento a un cliente, les dijo que era él solo quien estaba en su empresa ejerciendo su libre derecho de trabajar honestamente en su propia empresa, el cobro de derecho de piso institucional fue implacable.

Increíble esa falta de criterio de la autoridad y esa espantosa tendencia a la corrupción y ostentación de poder en situaciones donde, en vez de alentar una actitud responsablemente productiva, surge la cara más oscura y perversa del poder gubernamental.

¿Por qué el gobierno no salió temprano el martes 2 con un mensaje para, al contrario, dar certeza y confianza a quienes decidieron trabajar con responsabilidad y profesionalismo?

¿Por qué poner a patrullas a recorrer las avenidas comerciales a cazar empresas abiertas para amedrentarlas, amenazarlas con clausuras y esconder, tras el Decreto 191, la bajeza y la extorsión?

¿Acaso el gobierno piensa que la pequeña empresa va a esperar que caiga del cielo maná para cumplir con sus obligaciones empresariales, que no son pocas?

El error del 2 de junio no lo cometió el emprendedor que salió a trabajar; lo cometió el gobierno que no supo cómo reaccionar a un día soleado cuando esperaba lluvia, tormentas y empresas cerradas.

Cuando la reacción no corresponde con creces a la acción que la propicia, entonces se pierde el rumbo, y este 2 de junio de 2026 el gobierno de Yucatán perdió el rumbo frente al empresariado yucateco.

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