Una de las serpientes más temidas en Yucatán es la llamada wolpoch, pues alrededor de ésta hay mitos: que es muy agresiva, que en su cola tiene un aguijón que clava a su víctima e inyecta veneno, o que llama a sus presas con un sonido similar a las de codornices, pero resulta que “no es como la pintan”.

Javier Ortiz Medina, quien ha estudiado a profundidad a esta especie durante años, desmintió las leyendas populares sobre la wolpoch e incluso ha revisado varios datos de la literatura en torno a ésta, los cuales son erróneos.

En la conferencia que impartió “Revelando los hábitos secretos de la Wolpoch” que ofreció ayer en la quinta edición del Festival Mexicano de las Serpientes, que se realizó en el Centro Cultural Olimpo, el biólogo manifestó lo que es real y se suele considerar la especie más peligrosa en el estado, y por eso las personas la matan cuando la ven.

El experto señaló que hay muchas creencias sobre esta serpiente, ya que es común escuchar que es muy agresiva, que ataca aunque no se le agreda, que persigue a las personas y que salta varios metros para clavar el aguijón que tiene en su cola e inyectar su veneno, y que además de morder, pica.

Otras historias es que suele comer codornices, porque las engaña haciendo el llamado que esas aves hacen. Apuntó que es cierto, atrae a sus presas, no las llama como las codornices, porque carece de cuerdas vocales que le permitan imitar un sonido, lo que hace es enrollarse en la vegetación y enredan la cola y la mueven como si fuera un gusano. Una vez que una lagartija o rana se acerca, la atrapa.

Se dice también que cuando éstas ponen sus nidos se devora los huevos y pone los suyos, a fin de que la codorniz los empolle y nazcan las crías. Esto es falso porque son vivíparas, es decir, no ponen huevos sino que dan a luz a sus crías, entre seis y 14 por parto.

Ortiz Medina detalló que la wolpoch tiene unas franjas blancas o amarillentas en la cabeza, un cuerpo robusto con bandas cafés y rojizas, unas más claras y otras más oscuras, intercaladas, y en la cola una terminación blanca o amarillenta como si fuera un aguijón.

Según la literatura, vive cerca de los cuerpos de agua, motivo por el cual se asocian a los cenotes y las aguadas; no obstante, el ponente, al estudiar esta especie, se dio cuenta que este dato era incongruente con lo que veía en campo, ya que se suele encontrar en las zonas secas.

Además, tras años de estudiarlas, seguirlas y analizarlas en el laboratorio cuando las hallaba muertas se percató que no son agresivas como la gente piensa.

Aunque no descarta que podría haber algún ejemplar que sea temperamental, que pasa con todas las especies, por lo general este tipo de serpiente es tranquila, no muerde a menos que se sienta atacada, no persigue ni tampoco se lanza a varios metros para atacar. Aseguró que lo primero que hacen es tratar de huir, “no nos van a perseguir tampoco, ninguna me ha perseguido y ninguna se me ha aventado por metros de distancia para quererme morder”.

Este comportamiento lo comprobó luego de estudiar a más de 100 wolpoches.

Otro mito desmentido, al analizar sus excretas, cuando están vivas, o al abrir el tracto digestivo cuando las ha hallado muertas para averiguar qué comieron, es que suelen ingerir otros tipos de aves, quizá alguna codorniz de vez en cuando, a decir de las plumas halladas en los análisis hechos en el microscopio, y a través de escamas, pelos y uñas se sabe que suelen alimentarse de ranas, lagartijas, incluso otras serpientes, mamíferos de varios tipos y aves. No se encontraron peces como dice la literatura sobre el tema.

El especialista destacó que la wolpoch es una controladora de especies, incluyendo a invasoras como las “chocan”, unas lagartijas depredadoras que llegaron de Asia, y otras especies como roedores que dañan los cultivos y transmiten enfermedades a los humanos.

“Si no hubieran Wolpoch, así como si no hubieran serpientes en general, sería muy difícil controlar esta cantidad de especies en la naturaleza”.

Indicó que la cola de la wolpoch no sirve para picar a la gente, es solo un comportamiento defensivo de advertencia, tal como la hace la cascabel al agitar sus cascabeles, o las cobras que se abren para simular ser más grandes, con el objetivo de advertir al posible agresor y desista.

Compartió que como parte de la investigación que hizo, colocó dispositivos radiotransmisores que emiten una señal de radio frecuencia distinta, en ejemplares de wolpoch, para ver cómo y por dónde se movían.

Esto lo hizo en las comunidades de Telchac Puerto, Chabihau y Dzilam de Bravo, a fin de comprobar la asociación de la especie con el cuerpo de agua. Sin embargo, se dio cuenta que no esto es falso, a causa de que suelen estar en la zona seca de la vegetación, y sus desplazamientos son de menos de media hectárea o un máximo de dos hectáreas. Permanecen en el mismo sitio varios días o semanas, alimentándose y haciendo termorregulación, mientras no se sientan amenazadas como presa de otras especies.

Ortiz Medina concluyó su participación aclarando que esta especie, y muchas otras como aves y cactáceas endémicas, están perdiendo su hábitat de manera acelerada, algo muy preocupante y que debe evitarse.