Integrantes de colectivos de madres buscadoras realizan movilizaciones frecuentes para visibilizar la crisis de desapariciones y exigir justicia. En Yucatán indican que ya se tienen 355 casos registrados
Integrantes de colectivos de madres buscadoras realizan movilizaciones frecuentes para visibilizar la crisis de desapariciones y exigir justicia. En Yucatán indican que ya se tienen 355 casos registrados

En Mérida hay numerosos casos de desaparición, afirmó Maricela Orozco Montalvo, presidenta del colectivo de madres buscadoras “Más fuertes que nunca”.

Una de las formas más comunes de enganchar a los jóvenes, señaló, es ofreciéndoles empleos bien pagados en otros estados del país, lo cual resulta ser una trampa para sacarlos de su lugar de origen, pues sus familiares no los vuelven a ver.

En el estado hay actualmente 355 casos registrados de personas desaparecidas, precisó la activista, pero aun así la juventud en Yucatán suele ser muy confiada.

Durante su labor de prevención la activista ha platicado con muchos jóvenes, quienes le aseguran que “aquí no pasa nada”. Al contarles historias ocurridas en la misma ciudad, la respuesta suele ser de incredulidad o desdén con frases como “qué tontos” o “a quién le puede pasar eso”, lo que evidencia que no creen que estas situaciones sean reales o que puedan afectarlos.

Su objetivo principal, expuso, es que los jóvenes entiendan la gravedad de la situación, reconozcan que los casos existen y se mantengan prevenidos en lugar de confiarse.

Mérida sigue como una ciudad segura “y queremos que lo siga siendo”, dijo, pero la realidad es que los casos de desaparición aquí también van en aumento.

La vulnerabilidad de la juventud responde a diversas causas. Una de ellas radica en la falta de oportunidades laborales locales o en las excesivas trabas que enfrentan por falta de experiencia, lo que los obliga a buscar sustento en otras entidades.

La desaparición, en carne propia

“Hemos visto que los quieren enganchar ofreciéndoles trabajos muy atractivos, bien pagados y hasta con boletos de avión incluidos para trasladarse al lugar de empleo, pero luego desaparecen”, advirtió.

Maricela conoce en carne propia el dolor de perder no a uno, sino a dos hijos.

Aunque es originaria de Tabasco, se estableció en Mérida desde los tres años de edad. Tras casarse migró a Veracruz, estado donde secuestraron a su hijo Gerson, de 19 años, estudiante de arquitectura que había dejado el fútbol profesional con los Tiburones Rojos de Veracruz para dedicarse de lleno a su carrera.

El joven solía reunirse con sus compañeros a hacer maquetas y trabajos escolares, y ocasionalmente salían a jugar fútbol o básquetbol a una cancha de su colonia.

En ese espacio deportivo conoció al sujeto que lo llevaría a la desgracia. Los padres no se percataron del momento en que esa persona se infiltró en el grupo para ganarse la confianza de los muchachos hasta lograr el secuestro.

Durante la búsqueda de Gerson —a quien no entregaron a pesar de haberse pagado el rescate—, su otro hijo, de 15 años, y su yerno recibieron el aviso sobre una supuesta casa de seguridad. Al llegar al sitio se encontraron con varios hombres que comenzaron a insultarlos; al notar que los jóvenes tomaban una fotografía, los persiguieron y los acribillaron a ambos.

Con esa carga de dolor, Maricela buscó a Gerson durante cuatro años hasta que finalmente hallaron sus restos en una fosa común.

Las autoridades lograron atrapar a tres de los secuestradores. Al supuesto amigo que lo enganchó le dictaron una sentencia de 37 años de cárcel, pero de manera inexplicable obtuvo su libertad tras cumplir apenas 11 años, a pesar de estar condenado por secuestro agravado.

Aunque los hechos ocurrieron hace 12 años y ella ya no busca a sus hijos, decidió mantenerse en este camino para buscar a miles de jóvenes desaparecidos a quienes hoy siente como propios: “A los jóvenes desaparecidos los haces tus hijos”.

Redes de riesgo para los jóvenes

La problemática no atañe únicamente a los jóvenes, añadió, pues entre las víctimas también hay hermanos, esposos, madres y hermanas.

Por ello insistió en la urgencia de la prevención: “Yo lo que quiero es que abran los ojos, que estén atentos y que no caigan en estas trampas”.

Otra modalidad muy frecuente de engaño se da a través de redes sociales o juegos en línea. En estas plataformas, adultos se hacen pasar por jóvenes para enganchar a sus víctimas, situaciones que muchas veces terminan vinculadas a redes de trata de personas.

“Yo sé lo que es el dolor de perder a alguien que amas y no quisiera que nadie pasara por esto; es lo más horrible que le puede ocurrir a una madre”, concluyó.