La psicóloga clínica Rubí Briceño enumera una serie de herramientas o acciones psicológicas y comunitarias que se pueden promover para no perder la capacidad de asombro, la empatía y la exigencia de paz en Yucatán.
Algunas son no catastrofizar y sí seguirnos reuniendo en grupo.
Lo que tenemos que hacer es unirnos en comunidad, seguir conviviendo, inspirando o contagiando esa esperanza, esa confianza, especialmente a las nuevas generaciones porque si no nos llevará a la trampa, no solo por la violencia.
La violencia mata personas, mata cuerpos, pero los problemas de salud mental matan el alma. Podemos protegernos de todo ello en comunidad, dejando de ser alarmistas y catastróficos, hablar de los hechos, esta es la realidad, dice.
Vamos a unirnos en comunidad. Vamos a estar pendientes unos de otros. Lo que se ha hecho siempre Yucatán.
Ante la llegada de tanta gente de fuera, la desconfianza crece, considera la experta. Uno ya no sale de su casa ni saluda al vecino, quién sabe quién es, qué tal si es un narco, eso nos va desuniendo, eso va en contra de nuestra salud mental.
Vamos a unirnos en comunidad, vamos a evitar que si la violencia mata el cuerpo, las enfermedades de salud mental nos maten el alma.
La psicóloga también exhorta a que los servicios de salud mental públicos estén más al alcance de todos.
Según explica, hay un concepto de psicología de los años 90: “mundo asuntivo”, que viene de asumir, lo que asumimos como verdad.
Mérida segura
Este concepto es muy importante en estas situaciones porque en Mérida asumimos que aquí no pasan esas cosas, que Mérida es segura.
Cuando ocurren, apunta, para nosotros los meridanos lo que está pasando es que esta seguridad se rompe.
Por años Mérida construyó su identidad de “aquí no pasa esto”, esa percepción de tranquilidad es parte de la calidad de vida y todo eso que se ha estado vendiendo incluso turísticamente. Es como un orgullo local. Entonces, esa historia colectiva se está rompiendo al verse amenazada.
Rubí Briceño expone que hay impactos a escala individual y hay otros en el ámbito comunitario.
Uno de los impactos a nivel comunitario es la normalización de la violencia, que va de la mano con la justicia por mano propia.
Ya lo vimos, refiere. Esta es la segunda vez; me acuerdo de la primera que fue en Tekit, donde apedrearon (y encendieron fuego) a aquel muchacho, y ahora (en Chemax) le prenden fuego a uno por un pleito de pandillas. Se está tomando la justicia por mano propia.
Y luego está el tipo que, quién sabe por qué condiciones y qué circunstancias, le dispara a una persona. Entonces es la normalización de la violencia que automáticamente dispara el impulso y la necesidad de hacer justicia por mano propia.
Son de los principales impactos y no solo en México, sino en Yucatán, dice.
