México no solo es un mercado de 15 millones de fumadores adultos: es también un “trampolín geográfico” desde el cual la industria tabacalera busca penetrar en toda Latinoamérica.
Esa posición de Salud Justa México, advierte Juan Núñez Guadarrama, ayuda a entender por qué las empresas defienden con tanto empeño su negocio en el país. El año pasado, el Congreso acordó un aumento gradual al impuesto por cigarro, que irá de 91 centavos en 2027 a 1.15 pesos en 2030.
Para la sociedad civil, la medida se queda corta frente a lo que está en juego: en México mueren más de 63 mil personas al año debido al tabaquismo y se gastan 75 mil millones de pesos en atender las enfermedades asociadas a éste.
“Nuestro sentir desde la sociedad civil es que servirá de poco para reducir el consumo, que es lo que se busca. Nosotros planteamos, antes de que los diputados decidieran esta alza, que se subieran tres pesos por cigarro de manera inmediata y que se actualizara cada año, pero esto no prosperó”.
Juan Núñez, actual coordinador de coaliciones en Salud Justa, afirma que cada vez que el gobierno amaga, anuncia o deja entrever un alza de impuestos a los productos de tabaco, básicamente cigarros, la industria “pone el grito en el cielo”: amenaza con que las grandes tabacaleras se irán del país y con que generan muchas fuentes de empleo.
Sin embargo, éstas se concentran en la venta de productos de tabaco; en la producción, su aportación es mínima.
Quién paga
Las tabacaleras son las que se benefician, manifiesta, y por ello deben pagar un impuesto más alto para resarcir el daño que causan a la salud de los mexicanos, sobre todo ahora que se requieren recursos para el servicio universal de salud.
En la actualidad se gastan 75 mil millones de pesos en la atención de enfermedades asociadas al consumo de tabaco y lo que la industria paga en impuestos no lo compensa.
Sobre el comercio ilegal de cigarros, indica que apenas el viernes se dio a conocer el hallazgo de una fábrica clandestina en el Estado de México, donde se decomisaron 60 toneladas de cigarros apócrifos, falsificados con maquinaria y papel especial para simular por completo los que se producen legalmente en el país.
—Esto quiere decir que es un mercado fuerte, sigue siendo un mercado importante, y se debe atacar esta delincuencia, lo que no significa que los cigarros legales sean saludables, pues todos los cigarrillos son dañinos y pueden producir cáncer y una serie de patologías que llevan a la muerte o la discapacidad.
Es importante, agrega, combatir el comercio ilícito de cigarros y de nicotina en general, pues ahora en las tiendas de conveniencia se venden bolsitas y, en algunos lugares, gomitas de nicotina con sabores de fruta que atraen a los jóvenes; combatirlo evita que lleguen a ellos.
Estudios a modo
El comercio ilícito, resalta, ha sido una bandera de la industria tabacalera: cada vez que se plantea aumentar los impuestos dice que se irá del país y se detonará el comercio de cigarros piratas.
En realidad, sus estudios no están validados por instancias de investigación acreditadas; son “estudios a modo”, “tan es así que no se han ido del país, siguen aquí porque sigue siendo un negociazo”.
Esto, porque México es también un trampolín geográfico para penetrar con tabaco en toda Latinoamérica.
Según los estudios de la industria tabacalera, el 30% del mercado de cigarrillos es ilegal; sin embargo, los del Instituto Nacional de Salud Pública, elaborados con metodología acreditada y pruebas claras de seriedad, arrojan que no llega ni al 10%.
Venta por unidad
Eso sí, abunda, hay un mercado ilícito prácticamente a la vista de todos: la venta de cigarros por unidad, que es ilegal y ocurre en muchos sitios.
No se trata de cigarros falsificados, sino de marcas legales hechas en México, y esta práctica facilita el acceso al tabaco a la población en general, pero sobre todo a los jóvenes que no tienen para comprar una cajetilla, cuyo precio ronda actualmente entre 97 y 101 pesos.
