Por Carlos F. Cámara Gutiérrez
“El lobo cambia de pelo, pero no de mañas” es un conocido refrán mexicano que advierte que las transformaciones externas no necesariamente modifican la verdadera naturaleza de una persona. Se puede cambiar de apariencia, de discurso e incluso de identidad pública, pero los vicios, las costumbres y las formas de actuar suelen permanecer intactos.
En el zoológico de la política yucateca y nacional abundan los personajes que, más que caminar, saltan de una rama a otra. El pasado sábado 17 de octubre fue escenario de una de las volteretas políticas más llamativas rumbo a las elecciones de junio de 2027.
Liborio Vidal Aguilar, uno de los políticos yucatecos más conocidos por transitar entre distintas fuerzas partidistas a lo largo de su carrera, anunció en redes sociales su incorporación al Movimiento Regeneración Nacional (Morena) en Yucatán. Lo hizo bajo el nombramiento de “coordinador de la Defensa de la Transformación y la Soberanía”, según informó Diario de Yucatán.
Detrás de ese rimbombante título, utilizado por la dirigencia morenista para formalizar su incorporación, muchos ven una estrategia que podría colocar a “El amigo Libo” en la carrera por la alcaldía de Mérida en los próximos comicios. De concretarse esa posibilidad, Vidal se sumaría a la lista de políticos que han hecho del llamado “chapulineo” —el salto de un partido a otro— una constante de su trayectoria.
No sorprende la rapidez con la que algunos actores políticos cambian de camiseta según los vientos electorales. Lo que sí llama la atención es la facilidad con la que parecen dejar atrás las siglas, los discursos y las lealtades que alguna vez defendieron. En el caso de Vidal Aguilar, una nueva mudanza partidista se añade a una trayectoria marcada por esos cambios.
A lo largo de más de tres décadas de actividad pública, el político vallisoletano ha pasado por cinco fuerzas partidistas. Su recorrido lo coloca entre los exponentes locales de una práctica que, lejos de ser excepcional, se ha convertido en una de las constantes de la política mexicana.
Liborio Vidal: cinco camisetas, una carrera
Con más de tres décadas de carrera pública, Liborio Vidal comenzó su trayectoria política en 1990, cuando se incorporó al Partido Revolucionario Institucional (PRI). Bajo el instituto tricolor se desempeñó como presidente municipal de Valladolid, su ciudad natal, y como diputado local y federal.
En el 2001, se acercó a la izquierda y fue postulado por el Partido de la Revolución Democrática (PRD) en las elecciones de 2006 para la alcaldía vallisoletana.
Posteriormente, entre 2009 y 2012 se vinculó con el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) y participó en la política legislativa federal bajo esa agrupación política.

Como el hijo pródigo, Vidal Aguilar volvió al PRI y con esa bandera regresó a la Cámara de Diputados como legislador federal en el período 2015-2018.
Años después, en 2021, se incorporó al Partido Acción Nacional (PAN), desde cuyas filas llegó a la Secretaría de Educación de Yucatán durante el gobierno de Mauricio Vila Dosal, administración que concluyó en 2024.
Ahora, con su llegada a Morena, Vidal suma una nueva camiseta a su colección política. El salto a la llamada Cuarta Transformación representa otro capítulo de una carrera en la que las fronteras ideológicas entre partidos parecen haberse vuelto cada vez más permeables.
Otros grillos de la política yucateca
Liborio Vidal no es el único político de Yucatán que ha cambiado de partido en más de una ocasión. La actual senadora Verónica Camino Farjat también cuenta con un historial de tránsito entre distintas fuerzas políticas. Su trayectoria incluye al PRD, el PRI y el PVEM, antes de incorporarse a Morena, partido en el que actualmente milita.

En esa misma lista figura Joaquín “Huacho” Díaz Mena, actual jefe del Ejecutivo de Yucatán, quien ha desarrollado su carrera política en tres partidos. Comenzó en el PRI, consolidó parte de su perfil público en el PAN y finalmente llegó a la gubernatura bajo las siglas de Morena, el 1 de octubre de 2024.

Los recorridos de ambos políticos muestran que el cambio de partido no es un fenómeno exclusivo de quienes buscan una candidatura municipal. También forma parte de las trayectorias de figuras que han alcanzado posiciones de representación popular y responsabilidades de alto nivel en el gobierno.
Chapulines peninsulares
El fenómeno no se limita a Yucatán. En los otros dos estados de la Península también hay políticos que han cambiado de partido en busca de nuevas oportunidades, alianzas o espacios de poder.
Uno de ellos es Jesús de los Ángeles Pool Moo, conocido como “Chucho Pool”. Nacido en Campeche y con una amplia trayectoria política en Quintana Roo, ha pasado por al menos cuatro fuerzas partidistas.


Su carrera comenzó en el PRI, partido en el que militó durante varias décadas y bajo cuyas siglas ocupó cargos de representación, entre ellos una regiduría en el municipio de Benito Juárez —con cabecera en Cancún— y una diputación local.
Más adelante se incorporó a Morena, organización con la que llegó a la Cámara de Diputados como representante del distrito 4 de Quintana Roo. Posteriormente se integró al PRD y, tras una nueva mudanza política, llegó a Movimiento Ciudadano (MC), partido por el que actualmente ocupa una regiduría en el Ayuntamiento de Benito Juárez.
De una vestimenta tricolor a una guinda, luego a una amarilla y finalmente a una naranja, Pool Moo ilustra cómo el “chapulineo” se ha convertido en una ruta recurrente para algunos políticos de la región.
Layda Sansores, figura emblemática del “chapulineo”
Si de cambios partidistas se trata, uno de los casos más llamativos del sureste mexicano es el de Layda Sansores San Román, gobernadora de Campeche y protagonista de una larga trayectoria entre distintas organizaciones políticas.



Sansores comenzó su carrera en el PRI, partido en el que militó durante buena parte de su vida pública y bajo cuyas siglas ocupó cargos de representación popular, incluidos escaños en la Cámara de Diputados y el Senado. En 1996 rompió con el priismo y se incorporó al PRD, desde donde continuó su actividad política.
A principios del siglo XXI se acercó a Convergencia, organización que posteriormente adoptó el nombre de Movimiento Ciudadano. Su paso por esa fuerza política se prolongó durante varios años, aunque más adelante volvió a cambiar de rumbo.
Su trayectoria resume buena parte de las transformaciones de la política mexicana de las últimas décadas: del priismo tradicional a las expresiones de izquierda y, finalmente, al movimiento que llevó a Morena al poder en distintas entidades del país.

En 2014 tuvo un acercamiento con el Partido del Trabajo (PT) y, posteriormente, se incorporó a Morena, organización con la que conquistó la alcaldía de Álvaro Obregón, en Ciudad de México, y después la gubernatura de Campeche, a partir del 16 de septiembre de 2021.
Saltamontes de la política nacional
En el escenario nacional, los cambios de camiseta tampoco son una rareza. Diversos personajes han construido sus carreras mediante sucesivas incorporaciones a partidos que, en ocasiones, representan proyectos e ideologías muy distintos.
Uno de los casos más conocidos es el de Marcelo Ebrard Casaubón, cuya trayectoria política incluye el PRI, el Partido Verde Ecologista de México, el Partido del Centro Democrático, el PRD, Movimiento Ciudadano y Morena. Tras ocupar diversos cargos públicos, se incorporó al gobierno federal que encabeza Claudia Sheinbaum Pardo como secretario de Economía en octubre de 2024.


Otro ejemplo es Ricardo Monreal Ávila, actual coordinador del grupo parlamentario de Morena en la Cámara de Diputados, quien ha mantenido vínculos con distintas fuerzas políticas a lo largo de su carrera, entre ellas el PRI, el PRD, el PT y Movimiento Ciudadano, antes de consolidar su posición en el partido guinda.
En la lista también aparece Alfonso Durazo Montaño, gobernador de Sonora por Morena, cuya trayectoria incluye su paso por el PRI, el PAN, el PRD y otras expresiones políticas. Su recorrido evidencia cómo algunos dirigentes han transitado entre partidos de distintas orientaciones antes de llegar a posiciones de poder.

A su vez, Ricardo Sóstenes Mejía Berdeja, diputado federal por el PT, ha desarrollado una carrera que lo ha llevado por organizaciones como el PRI, el PRD, Movimiento Ciudadano y Morena, antes de incorporarse a la fuerza política con la que compitió por la gubernatura de Coahuila.
También merece mención el fallecido Porfirio Muñoz Ledo, figura destacada de la política, la diplomacia y el derecho en México. Su trayectoria incluyó el PRI, el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana (PARM), el PRD y Morena, entre otras etapas de una vida pública marcada por rupturas y reacomodos políticos.
Cambiar de siglas, ¿cambiar de convicciones?
El “chapulineo” es mucho más que un cambio de afiliación partidista. En una democracia, cambiar de organización política no tendría por qué ser motivo de condena: las convicciones pueden evolucionar, las plataformas partidistas pueden transformarse y las diferencias internas pueden justificar una ruptura, opinan conocidos politólogos, analistas e investigadores como José Woldenberg, consejero presidente del Instituto Federal Electoral de 1996 a 2003.
El problema, reflexiona el profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, surge cuando esos movimientos parecen responder más a los cálculos electorales que a una evolución ideológica reconocible. Cuando un político pasa de una fuerza a otra sin explicar las razones de fondo, la ciudadanía tiene motivos para preguntarse qué permanece de sus antiguas convicciones y qué busca con su nueva camiseta.
En Yucatán, la incorporación de Liborio Vidal a Morena vuelve a poner esa discusión sobre la mesa. Su trayectoria permite observar cómo un mismo personaje puede recorrer buena parte del espectro partidista y seguir aspirando a ocupar posiciones relevantes en la vida pública. Al final, el refrán conserva su vigencia: cambiar de pelo no significa necesariamente cambiar de mañas. En política, sin embargo, la última palabra no la tiene el dicho popular, sino el electorado, que deberá valorar si detrás de cada nueva camiseta existe una transformación auténtica o apenas otra maniobra en la carrera por el poder.
