Muchos litigios para tratar de revertir ventas
Valdría la pena explorar mecanismos de defensa como promover demandas por bienes comunes por beneficios ambientales, vincular la deforestación con las recientes inundaciones de colonias, fraccionamientos y comisarías de la zona norte de la ciudad por la urbanización de las tierras ejidales, demandar el cumplimiento de paridad en los ejidos para que las mujeres tengan representatividad en esos órganos de autoridad ejidal y promover que las tierras de uso común sean patrimonio comunitario y colectivo de todo el pueblo, no sólo del ejido, afirmó la profesora investigadora del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (Ciesas) Peninsular y autora del estudio “Tres décadas de privatización y despojo de la propiedad social en la Península de Yucatán”, doctora Gabriela Torres Mazuera.
En el conversatorio “La tierra y el territorio como patrimonio biocultural”, otro participante, Alberto Velázquez Solís, lamentó que el ejido, que debería de proteger y tener en resguardo los montes, su prioridad sea la venta de las tierras.
Especulación inmobiliaria
Chablekal tenía 5,000 hectáreas de tierras y en menos de 15 años vendieron el 80% de la superficie como parte de la especulación inmobiliaria. Ahora le quedan menos de 1,000 hectáreas y ante la insistencia de la venta de las tierras ejidales surgió la Unión de Pobladoras y Pobladores porque no es posible que un grupo de 350 ejidatarios decida sobre los montes que pertenecen a toda la comunidad, se indicó ayer.
Patrimonio biocultural
“El monte mantiene y le da sentido a la característica de pueblo a Chablekal. No son montes ociosos, tienen riqueza espiritual, plantas medicinales, vestigios arqueológicos, cenotes, flora para las abejas, hay pavos de monte, venados y muchos animales característicos de Yucatán. Es un patrimonio biocultural que queremos conservar para que lo aprovechen las próximas generaciones de habitantes”, explicó Velázquez Solís.
En el evento expusieron los orígenes de la dotación de tierras a los ejidos, la suplantación de campesinos por empresarios dedicados al desarrollo inmobiliario para que tengan derechos ejidales y de posesión y la desaparición de pueblos meridanos cercanos a la capital yucateca por el rápido avance de la urbanización, como Sodzil, Chuburná, y todavía continúa la privatización y mercantilismo de las tierras por la llegada de proyectos inmobiliarios, residenciales, industriales, turísticos y granjas.
Resistencia social
“Esta batalla que está dando el pueblo de Chablekal es excepcional, es un ejemplo emblemático la resistencia social porque quienes defienden la tierra no tienen derechos agrarios y sí quieren conservar este patrimonio biocultural”, enfatizó la doctora Torres.
Los defensores de las tierras señalaron que hay mucha presión de los empresarios para que el ejido venda las tierras de Chablekal. También presionan para urbanizar el campo y esto se refleja en el cambio de valor del suelo porque antes las familias cultivaban sus alimentos para autoconsumo y esta práctica ancestral está desapareciendo.
Revertir las ventas de tierras
También advirtieron que ahora hay muchos litigios en los tribunales agrarios para tratar de revertir las ventas de tierras en años anteriores, pero no es para que los Ejidos recuperen la tierra y la trabajen o la conserven en beneficio del pueblo, sino que es para que la revendan a mayor precio por la cotización que tiene en estos momentos.
En el conversatorio dijeron que hay una simulación en los litigios de ventas anteriores. Lo que buscan los directivos ejidales que promueven la anulación de las ventas es negociar mejores precios y muchas veces los empresarios interesados los asesoran para que ellos sean los compradores.
El conversatorio lo coordinó Rodrigo Llanes Salazar, investigador del Centro Peninsular en Humanidades y en Ciencias Sociales. Debieron participar Randy Soberanis, José Euán y otros, pero la transmisión tuvo problemas.
