CIUDAD DE MÉXICO (EFE).— Con solo 15 años, Ignacio Martínez Pacheco ingresó a un seminario de Coahuila, pero en el camino su sueño vocacional se vio truncado al convertirse en víctima de un cura pederasta.
Martínez Pacheco narra en una entrevista la pesadilla que vivió en el verano de 2002. El sacerdote Juan Manuel Riojas Martínez, conocido como el padre Meño, “me sacó del dormitorio (del seminario) para llevarme a caminar y empezó a hablarme de sexo”, recuerda.
“Me llevó a la ribera de un arroyo, donde jugueteó con mis manos y las puso sobre su miembro erecto”, cuenta el exseminarista.
En una segunda ocasión, buscó al padre en su cuarto y éste le abrió la puerta en una bata de baño. “Lo que hizo fue quitarse la bata y quedarse desnudo para obligarme a realizarle un nuevo acto sexual”, señala.
Once años después de ese episodio, Javier Calzada Tamez ingresó al mismo seminario de la Diócesis de Piedras Negras. Ahí también conoció al padre Meño, quien —asegura— lo violó a los 15 años en 2013.
“Yo ya lo conocía porque, además de que él era el rector del seminario, era mi párroco; tenía dos funciones y dos figuras de autoridad y siempre lo vi como una persona muy organizada y estricta en cuestiones de trabajo”, relata Javier.
Tres años después de haber sido violado, Javier decidió romper el silencio y denunciar penalmente en marzo de 2017 al sacerdote Juan Manuel, luego de ser motivado por un ministro del seminario de Allende, Nuevo León, y recibir la orientación de sus padres.
“Fue muy difícil porque yo sabía que me iba a enfrentar a muchas cosas, yo sabía que este caso no se podía llevar de manera secreta”, señala Javier, quien se entrevistó con el nuncio Franco Coppola para contarle lo sucedido en el seminario de Coahuila.
El sacerdote acusado anfronta hoy el proceso desde la prisión, con abogados contratados por él mismo, según fuentes de la iglesia.
